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jueves, 31 de agosto de 2017

Entre la alucinación achicharrada y el olor a carne putrefacta

Ayer tarde, en el antiguo cementerio de Ponferrada, nos dimos cita, bajo la lluvia, varios poetas y narradores, además de un público fiel a las nobles causas: la de seguir luchando por la dignidad humana, la de continuar desenterrando del olvido los miles de desaparecidos y desaparecidas en cunetas, fosas comunes... a resultas de la brutal guerra incivil, con una posguerra igualmente cruel, tanto es así que hasta principios de los años 50 del pasado siglo se seguía matando gente cual si se tratara de la propia guerra, una guerra fratricida, para más inri. 

La lluvia no nos impidió en absoluto recitar o leer nuestros textos, aunque los músicos sólo pudieron tocar algunos temas hacia el final del acto, cuando empezó, por fortuna, a escampar. Ahí estuvieron Tote García, que hizo una versión de 'Palabras para Julia', de José Agustín Goytisolo, Javi Morán (un redescubrimiento, en realidad ya había tenido la ocasión de escucharlo, gracias por tu CD) y Polaroids, que era la primera vez que lo escuchaba. 
Y entre los habituales autores y autoras: Sol Gómez, Cristina Pimentel, Ester Folgueral, Nicanor García Ordiz, Abel Aparicio, Juan Carlos y Ana Barredo. Espero no olvidarme de nadie. 
Mestre, al fondo la bahía del Pajariel (como suele decir el profesor y escritor Suérez-Roca)

El broche de oro lo puso, por supuesto, el gran poeta Mestre, siempre cercano y amigable, siempre comprometido con la dignidad humana, sabedor, como dejara escrito el poeta Gamoneda, que la belleza no es/ un lugar donde van/ a parar los cobardes. 
El acto contó, asimismo, con la exposición del fotógrafo villafranquino Robés, dedicada a las exhumaciones. 
Agradecerle a Marco G. Carrera y a quienes forman parte de la Asociación por la Memoria Histórica la labor que vienen haciendo desde hace años. 
Quiero dejaros aquí el texto/poema que leyera, compuesto con la transpiración de los salvajes atentados terroristas, atentados contra nuestra naturaleza, nuestro entorno, cometidos recientemente en La Cabrera (lloramos por estas Hurdes leonesas), también en el Bierzo, nuestra matria chica... en España, en Portugal. Lloramos sangre y lágrimas. Un texto/poema, con título de corte daliniano, en el que está presente la Guerra Incivil.
Nicanor García Ordiz en primer plano

Cabe recordar que Dalí era (sigue siendo) un buen literato, además de un artista excepcional, en el gran sentido de la palabra artista. 






Arde la tierra en la fosa encenizada de las alucinaciones, 
tiembla el universo, con alarido interno, enfebrecido y doliente
reventando la historia como una granada
Mi espíritu, dislocado, sigue abrasándose
entre arbustos en llamas y comadrejas carbonizadas
¿Cuánto tiempo estará ardiendo antes de consumirse?
Se quema el bosque, en esta orilla enroscada del camposanto, sembrado de calaveras y crisantemos marchitos.
Se quema la naturaleza, al otro lado de la 'silva',
por donde se esfuman los sueños y las ilusiones.
Crepitan las ramas de robles y encinas, se calcinan los recuerdos, aúllan las mariposas rojas de la desesperanza
bajo un espeso manto de humo negro y desolación. 
Huele a carne podrida, a tierra pulverizada.
Son los vómitos ensangrentados, biliosos, de un paisano del Hondo Lugar, que clama piedad:
"no me arrojéis más morrillos encima de la panza", grita hinchado de horror, con gusanos en la boca y ojos desorbitados por el pánico
"no más tierra, por favor", suplica el hijo del Carpintero a los cielos malvarrosa
desde la fosa encenizada de las alucinaciones.
En ese preciso instante, resuenan unos disparos en El Sardonal
El eco rebota en mi cerebro
Y el olor a pólvora me envuelve 
penetrando en mis entrañas
Aún puedo sentir ese hedor, esas heridas gangrenadas
Es como si hubiera nacido con el olor de la pólvora tatuado en la frente,
grabado a fuego en la pituitaria,
y no pudiera contener la hemorragia.
Es probable que mi corazón haya dejado de bombear sangre.
Me retumban las sienes como disparos en el monte del fratricidio, donde aún crecen flores escarchadas.
Me han taladrado, los muy cabrones
¡Aún no sé a qué temperatura está ardiendo mi alma!
Pero creo que pronto, muy pronto lo sabré.
Es probable que se me haya paralizado el reloj... de bolsillo
en el cañón de los lobos, donde anidan las alimañas y se despereza el sol de los muertos.
Siento como si mi boca oliera a carne putrefacta,
a letrina invadida de moscas.
Con una pierna que supura pus de color arcilloso, jadeante como un buey uncido al carro, a duras penas logro arrastrarme por entre el mesto matorral.
Un disparo a bocajarro me ha dejado manco.
No siento el brazo izquierdo
Me falta la respiración.
Creo que ya he traspasado la barrera
¡Aún no sé a qué temperatura está ardiendo mi alma!
¡Qué alguien me lo diga!
¡Qué alguien me saque de esta espiral sin fin y sin fondo!
Sólo soy un cadáver,
uno entre miles, en esta poza donde las ánimas ensayan un último chillido de desesperación.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Leiden y Rijnsburg



Holanda es un hermoso lienzo, un edén construido por la mano del ser humano, a escala humana, naturalmente, con la amorosidad de las cosas bien hechas, donde uno se siente en paz y hasta en gloria. Y Leiden, con su luz pictórica, con sus canales y sus molinos, cautiva al visitante que desee sosiego. 
Leiden con molino al fondo
Leiden devuelve al viajero (que dirían Saramago y Llamazares) a un mundo verde esperanzador, a una infancia de praderas y vacas lecheras en el monte de los aromas tulipaneros. 
Leiden o Leyden (pronunciado Laiden) alberga una prestigiosa universidad, quizá la más antigua de las provincias de los Países Bajos. 
Leiden es asimismo la matria de Rembrandt (hijo de un molinero rico y estudiante de su universidad), uno de los más grandes pintores de este país. Y por ende uno de los mejores de la historia universal. 
Molino en Leiden
Cine y fotografía son luz. Y la luz es esencial en la pintura, en la pintura barroca, en la que está enmarcada la obra de Rembrandt. La luz como metáfora visual que no sólo ilumina sino oculta en su dialéctica de luces y sombras. Me entusiasman, ya lo he dicho, su Lección de anatomía, aparte de La noche de ronda Los síndicos del gremio de los pañeros (ambos en el Rijksmuseum de Amsterdam). 
Apasionado de su pintura, el cineasta Greenaway, quien también quería ser pintor, le dedica toda una película a La ronda de noche bajo el título de Nightwatching.  El genio Rembrandt como un 'cineasta' de su época, cuya casa museo puede visitarse en Amsterdam, en las inmediaciones de Waterlooplein, en concreto en Jodenbreestraat, 4.
Casa de Rembrandt en Amsterdam
Para más señas el barrio judío o Jodenbuurt de la ciudad, donde existe un museo judío y también una sinagoga portuguesa, inspirada en el templo de Salomón de Jerusalén. 
Sabemos que una parte de la obra de Rembrandt está dedicada a la cultura o gente judía. Véase, entre otros cuadros, La novia judía. Al final, mi visita a Israel me ha llevado hasta Holanda. 
La universidad de Leiden, cuna de la libertad académica, acogió en su día a un joven Einstein, acaso el mejor físico de cuantos haya habido en la historia de la ciencia. Curiosamente, el padre de la teoría de la relatividad y precursor de la mecánica cuántica también era de origen judío, como tantos artistas y científicos. Y Holanda, a resultas de su carácter tolerante, acogió en tiempos a una gran comunidad de judíos, entre ellos a Anna Frank, cuya morada puede visitarse en Amsterdam (Prinsengracht, 263-265), o bien el filósofo Spinoza, aunque luego, por sus discrepancias con la religión, fuera desterrado de la llamada Venecia del norte Jerusalén holandesa, donde naciera. Ciudad en la que se ha levantado una estatua suya en los aledaños de Waterlooplein, que no he logrado ver (a pesar de mis muchos viajes a esta ciudad holandesa). 
En mi próximo viaje a Amsterdam (ya estoy pensando en escaparme allí) espero hacer una foto a esta estatua. Como anécdota, el padre de Spinoza, Miguel de Espinosa (natural de Espinosa de los Monteros, en la provincia de Burgos) y Rembrandt llegaron a ser vecinos de barrio.
Leiden
Sobre la comunidad judía en Holanda, y en concreto en Amsterdam, se podría escribir largo y tendido, pues la mayoría de safardíes expulsados de España (vaya atrocidad la de los Reyes Católicos) fueron a parar a Holanda para dedicarse al floreciente negocio de los diamantes. 
Volviendo a la universidad de Leiden, quiero hacerle una mención especial a mi amigo Abel, quien, desde hace algún tiempo, está allí investigando. Él, como Einstein, también es físico (fisiquín, diría él a buen seguro). Lástima que en mi reciente viaje a los Países Bajos no coincidiéramos porque él estaba de vacaciones en España (en Gijón, su tierra natal), si bien el día de su regreso uno andaba por Rotterdam. Pero no hubo tiempo para verse. El tiempo se nos echó encima o nosotros encima del tiempo. La relatividad temporal se revela einsteniana, una vez más.  
Estatua de Spinoza en Rijnsburg
En anterior entrada, en este mismo blog, había hablado de las huellas de Spinoza en Den Haag. Y ahora prosigo tras su impronta, en esta ocasión en la población de Rijnsburg, que queda a las afueras de Leiden. Un sitio tranquilo, elegido ex profeso por el filósofo, para poder dedicarse, aparte de pulir lentes como medio de subsistencia, a reflexionar y escribir, tareas que requieren en efecto de templanza. 
Me encantó acercarme a Rijnsburg (un buen paseo en bus) y plantarme delante de su casa, que por los pelos no logré encontrar abierta. Aun antes de alcanzar su casa, me topé con una estatua suya. 
Eran las cinco y cinco ("eran las cinco de la tarde...", como versificara el duende Lorca) cuando arribé a su morada, una casita con tejado empinado a dos aguas y paredes de ladrillos, modesta, aunque a uno se le antoja como de cuento, al final de la calle Spinozalaan, 29. 
Casa de Spinoza en Rijnsburg
Pero allí alguien había echado el aldabonazo. Los holandeses son puntuales hasta para cerrar o chapar casas. No obstante, me conformé (qué remedio) con arrojar la vista al exterior y sumergirme luego, en amable compañía, en el jardín de la misma, un sitio en calma, florido y fermoso, en el que uno se sintió feliz por instantes contemplando el mundo, la belleza de la naturaleza a través de la estatua de Spinoza. Un abrazo fraterno me ayudó a religarme con su mente/cuerpo. 

Mi amigo Pablo Huerga me contaba que él sí tuvo la ocasión de visitar su casa en Rijnsburg hasta en dos ocasiones. Y hasta dejó su firma estampada en un libro. Y pudo leer lo que escribiera el físico Einstein, cuando visitara esta casa-museo, a propósito de Spinoza. 

En todo caso, Einstein, que era un devoto de la obra de este gran filósofo, llegó a decir que creía en el Dios de Spinoza, "quien se revela así mismo en una armonía de lo existente, no en un Dios que se interesa por el destino y las acciones de los seres humanos”. 
En el jardín de su casa en Rijnsburg
Hoy dormiré en paz, con la conciencia sonriente de que mi dios no es caprichoso ni castigador, porque mi dios es energía, naturaleza, espíritu. Tal vez por eso uno es decreído, antirreligioso, aunque sí espiritual. Y espero que humano.
Holanda, además de acogerme con los brazos abiertos (gracias Catherine por tu hospitalidad), me ha brindado la oportunidad de reflexionar acerca de la condición humana a través de las figuras de Vermeer, Rembrandt, Einstein, Erasmo de Rotterdam y por supuesto el gran Spinoza. 

lunes, 28 de agosto de 2017

Den Haag: tras las huellas de Spinoza

Como su vecina Rotterdam, Den Haag (La Haya) es un modelo de ciudad vanguardista, con una arquitectura sorprendente, empezando por su estación central de trenes, "una catedral de luz" y de vidrio, adonde llega también la RandstadRail, no sólo trenes sino el metro proveniente de Rotterdam, todo un lujo, que queda a menos de 30 kilómetros de la sede del gobierno holandés y residencia de la realeza. 
RandstadRail en Estación Central de Den Haag

Recuerdo la primera vez que puse los pies en la misma, hace ahora un montón de años. A decir verdad, todos los indicadores mostraban Den Haag (quizá también pusieran The Hague, no recuerdo), con lo cual me resultó algo complicado entender que la ciudad que buscaba era Den Haag y no La Haya, como decimos en España. 
Estética Mondrian

Ya lo he dicho en alguna ocasión, me parece un grave error eso de intentar traducir nombres de ciudades y personas a otras lenguas, cuando debiéramos dejarlos tal cual, en lengua vernácula. ¿No os parece? Por eso viajar nos orea el alma y nos abre las entendederas. Y por supuesto, cuando uno viaja a algún lugar, sobre todo si viaja con los cinco sentidos, amén de alguno extrasensorial, graba a fuego, en la retina de su memoria, lo que ve, lo que siente. Tan fundamental el viaje, los viajes, para conocer el mundo en que vivimos, pues a menudo conservamos tópicos, clichés... que en nada se parecen a la auténtica realidad.
Viajar para dejar de mirarnos al ombligo, quitarnos la caspa y alejarnos como de la rabia de los nacionalismos idiotas (valga la redundancia). 
Después de tantos años, regreso a Den Haag, y me encuentro con una ciudad que apenas reconozco. Las ciudades (que son organismos vivos) como las personas cambiamos más de lo que creemos, al menos en nuestro aspecto físico, nuestra apariencia, otra cosa es el interior, que, en todo caso, siempre se mostrará como exterior para quien sepa y pueda observarlo con detenimiento y sentido crítico. Bien es cierto que en mi primera visita me dediqué a visitar el famoso Madurodam (con lugares emblemáticos de Holanda en miniatura) así como el Mauritshuis, donde me quedara hipnotizado, impresionado ante Lección de anatomía, de Rembrandt.
Chinatow en Den Haag

En realidad, ese era mi objetivo primordial, el poder ver en vivo y en directo este magistral cuadro del gran maestro de la Edad de Oro holandesa, porque tampoco me quedé mucho tiempo en el museo. Aquí también hay, entre otros, cuadros de Rubens, Hals (cuyo museo puede visitarse en la ciudad holandesa de Haarlem) o el propio Vermeer (véase sobre todo La joven de la perla y Vista de Delft)He de confesar que me acaba aburriendo pasarme mucho tiempo en un museo, intentando ver muchas cosas. Prefiero ver algo puntual con calma y dejar el resto, por si hubiera otra ocasión. Creo que no es conveniente saturarse, empacharse, porque, entre otras razones, a uno no le queda nada en su cerebro.
Bubble tea en restaurante cantonés de Den Haag
Tanta saturación acaba por convertirse en ruido indescifrable. También recuerdo que me encaminé hacia la costa, 
Scheveninge, que siempre procura buenas vibraciones, aunque el agua de la playa estuviera fría como un témpano. Ni que decir tiene que aquella primera visita fue en época estival. Como lo ha sido este reciente viaje. 
Cuenta el escritor villafranquino Gil y Carrasco en su Último viaje que en La Haya (El Haya) fue a Scheveningen, "a la orilla del mar, donde está el hotel de los baños... la mayor diversión fue ver el mar (romántico que era nuestro autor), que venía a estrellarse con bastante violencia en las dunas o montañas de arena...". 
Casa de Spinoza

Aparte de su aquitectura modernista o posmodernista (conocida también por su estética Mondrian, museo incluido), me sorprendió su barrio chino (Chinatown), en pleno centro, con sus puertas chinas, su ambiente y sus restaurantes, donde se puede comer rico. Deliciosos los bubble tea, una bebida de origen taiwanés, que recuerdo haber probado por primera vez en la ciudad canadiense de Vancouver, tan exótica y oriental. Un restaurante cantonés acaba siendo una estupenda elección. 

Lo que ahora es el barrio chino de La Haya fue en tiempos, antes de la segunda guerra mundial, el barrio judío, donde también se halla la casa (número 72-74 Paviljoens­gracht) donde viviera el filósofo Spinoza antes de su muerte, tal como reza en una placa. 
Enfrente, en un parque/jardín, se erige la estatua de este librepensador, que se apartó de la religión (sabio que era) para abrazar una filosofía materialista, como bien sabe el amigo filósofo Pablo Huerga, quien también viajara tras las huellas de Spinoza (sobre lo que hablaré en otra entrada). 
El principal motivo de este viaje a Den Haag, en realidad, era acercarse a la figura de este gran filósofo judío sefardita, para más señas de origen español, aunque se haya hablado de que era de ascendencia portuguesa. Se sabe que su padre se llamaba Miguel de Espinosa. Y Spinoza hablaba y leía en español. 
Resulta, cuando menos curioso, que al ladito mismo de la casa de Spinoza, en la Doubletstraat, está el barrio rojo de La Haya.  El controvertido barrio rojo, pues la prostitución, aunque forme parte de la historia de la Humanidad, no está bien vista, aunque todos y todas, en cierto modo, contribuyamos a que continúe la historia universal de la infamia. Y vendamos, sino nuestro cuerpo (a veces también, que nadie se rasgue las vestiduras de santones) sí nuestro espíritu, nuestra mente, nuestra alma. 
El propio Spinoza era consciente de que el cuerpo está unido a la mente. No hay una separación entre ambos. “La mente humana es la idea del cuerpo humano”. El capitalismo salvaje nos ha convertido en autómatas, objetos de intercambio. El capitalismo se nos revela como un enorme escaparate en el que todo se compra y se vende. En todo caso, lo importante es que cada cual pudiera ejercer su libertad (tan difícil, habida cuenta de que la libertad es una quimera, como dios), que cada cual pudiera decidir lo que hacer con su vida, sin imposiciones, sin coacciones ni esclavitudes. Pero, por desgracia, estamos esclavizados. Y se impone la coerción como un modo de control bestial. El miedo y la esperanza, que nos obligan a renunciar al presente a cambio de un futuro anhelado, nos convierten en siervos, en esclavos. Algo así decía Spinoza, quien, por sus ideas preclaras y avanzadas, fuera expulsado de la comunidad judía, desterrado de su ciudad natal, Ámsterdam, y perseguido, porque  no creía en la trascendencia  ni en la salvación, ni siquiera en dios, al menos como era entendido en su época. En todo caso, era consciente de que la religión servía para reforzar y consolidar el poder, el poder político, gubernamental. Pero todo esto requeriría de un análisis más exhaustivo. 
El autor de la Ética, cuya mente/cuerpo impregna Den Haag, llegó a escribir que: Si los hombres fueran libres, no se formarían, en tanto siguieran siendo libres, ninguna idea sobre el bien o el mal”. 
Su tumba, situada en el jardín de la Nieuwe Kerk de esta ciudad, aparece repleta de flores, cual si el filósofo del siglo XVII -que por fortuna ha sido rescatado del olvido- hubiera fallecido recientemente. Una lápida sobre el césped y un mural con su rostro, incluida la palabra Cavte, nos indica el lugar donde suponemos que enterraran a este filósofo proscrito que naciera en Ámsterdam, la llamada Jerusalén del Norte, adonde fuera a parar una gran comunidad judía. Esto también daría para otro texto. 


La luz, que tuviera Spinoza, ilumina su tumba. Uno se queda pensativo: la muerte es nuestra única certeza. 
En mi recorrido por Den Haag me topo con un bar, Pavlov, que me hace salivar, como el perro que condicionara el fisiólogo y psicólogo ruso. 
Es evidente que la filosofía y la psicología me han ayudado a visitar esta ciudad holandesa. 

domingo, 27 de agosto de 2017

Macarena Gómez, genial actriz

El amigo Eugenio Marcos Oteruelo, a través de su foto con la actriz Macarena Gómez en el Facebook, me ha recordado que hubo una vez en que esta genial actriz estuvo en las Tardes de Cine de Bembibre, cuando en esta villa del Boeza aún era posible el cine. Qué tiempos aquellos. Y qué felices éramos. Recuerdo haber escrito este texto en 2009 (y hasta diría que se publicó en bembibredigital) pero, por azares de la vida, no lo llegué a publicar en este blog. Por fin, ha llegado el momento. Por desgracia, algunas personas como el inolvidable Pérez Millán, el maestro Bueno y el entrañable Pereira ya fallecieron  

La actriz Macarena Gómez será la encargada de cerrar Tardes de Cine, que comenzaron su andadura a principios de 2009, y que esperamos tengan continuación el próximo otoño. Un broche de oro para unas Tardes  en las que hemos aprendido y disfrutado con los diferentes ponentes o conferenciantes. Aún tenemos reciente a Pérez Millán y su magistral clase acerca de la publicidad audiovisual, con impactantes anuncios como el del ciego y el mundo de los hedores, o el lechero que reparte su producto entre una vecindad de mujeres ávidas de nuevas sensaciones, y así en este plan, no sólo divertido sino muy instructivo. Como para quedarse no sólo una tarde sino varias escuchando a Juan Antonio Pérez Millán analizando plano a plano cada uno de los anuncios, sabiamente concebidos para que nos entren de lleno por la puerta grande del subconsciente, y nos hagan desear hasta lo indeseable. 
La mayor parte de la publicidad audiovisual emplea el sexo como motor de acción y mecanismo desencadenante. Y el machismo se impone en esta sociedad que en esencia sigue siendo tribal. En el fondo, no resulta nada fácil desprenderse de nuestra condición de animales movidos por instintos básicos, porque la cultura, como diría el maestro Gustavo Bueno, es un mito, algo artificial, que los humanos hemos construido y elaborado para sentirnos realizados como personas, acaso para trascender nuestra condición simiesca. Pero esto daría para otro artículo, incluso para un ensayo. 
Y nuestra labor, en este caso, es hablar de Maca, nuestra actriz invitada, que se ha convertido en una actriz estrella, gracias sobre todo a su papel protagonista en la película SexyKiller. Aunque muchos telespectadores la recordarán por su papel de La Susi, en una miniserie televisiva, Padre Coraje, que dirigió Benito Zambrano. 
Macarena Gómez. Foto: Jaume Balagueró

No os perdáis a Macarena Gómez, queridas amigas y amigos bembibrenses, bercianos del Alto y del Bajo, porque es una actriz con mucha chispa y encanto, no sólo como intérprete en la gran pantalla, sino en la vida real y cotidiana. Nos alegra contar con ella porque, aunque nacida en Córdoba, es medio berciana, sobrina nieta del maestro Pereira,  uno de nuestros mejores cuentistas, y probablemente una de las personas que mejor sabe contar cuentos de un modo oral, porque lo hace con mucho sentido del humor y un fino temple erótico. 
Pereira, que también estuvo en Tardes de Autor de Bembibre, merece toda nuestra admiración y tantos cuantos reconocimientos tengan a bien otorgarle. Un genio de la palabra escrita y oral, y un auténtico fenómeno en filandones.  
Dicho lo cual, continuamos con Maca, de quien tuve noticia por primera vez, lo confieso sin pudor, gracias a los gemelos Kiko y Javier Prada, nuestros alumnos/ex alumnos de la Escuela de Cine de Ponferrada, quienes me hablaron de ella como una de las mejores actrices actuales del panorama español. Recuerdo que fue en una clase en la que estábamos viendo la versión cinematográfica de Yerma, a propósito de la obra de Lorca, cuando ellos me insinuaron que Macarena podría haber sido la prota de esta historia, aunque Aitana, la ahijada de Alberti, no desmerece en absoluto. Luego a Macarena la invitaron al festival de cine de Ponferrada. Y creo recordar que ganó un premio o mención especial por Contracuerpo, un espléndido cortometraje de Chapero Jackson, que narra la historia de una joven obsesionada con su apariencia. Esa misma tarde/noche tuve la oportunidad de charlar con ella, y me pareció una chica realmente despierta y simpática. Y ahora, pasado algún tiempo, podremos verla/escucharla en la capital del Bierzo Alto, como siempre en Casa de las Culturas –qué mejor sitio para eventos cinematográficos y otros-, a las 20 horas. Será el 25 de abril, porque Maca ha tenido que adelantar la fecha, sobre la prevista en un principio, porque a finales de abril o principios de mayo viajará a Argentina para rodar.  
Mientras, la esperamos para que nos haga un repaso por su trayectoria artística. 

sábado, 26 de agosto de 2017

Vermeer de Delft

Este texto publicaba en 2003 en Diario de León. Y ahora lo rescato del baúl de los recuerdos. 

No recuerdo con exactitud la primera vez que vi una lámina de un cuadro de Vermeer en algún libro de historia del arte. Es probable que la primera ilustración fuera Una vista de Delft. Aquel paisaje holandés debió quedarme grabado en la memoria afectiva. Y desde entonces ando en busca del espacio y el tiempo perdidos, como Marcel Proust, a quien por cierto le entusiasmaba la pintura de Vermeer. 
Vista de Delft-Vermeer
Desde el día en que viera Delft, a través de una pintura, me enamoré de Holanda, ese país que tantas veces he visitado y que me hace sentir como en mi propia morada, incluso mejor que en mi propia tierra. 
A lo mejor uno fue holandés en otra vida. Qué chistosito. No estaría mal creer en la reencarnación. Pero regresemos al tema que nos interesa. 
Desde bien pequeñín me emocionaba ver cuadros de pintores en los libros escolares.
Delft
Uno, en aquella época, no tenía la oportunidad de visitar los museos y pinacotecas. Vivíamos una época de miserias culturales y estrecheces económicas. Lo que sí recuerdo es que sentía un especial cariño por Velázquez y Rembrandt (el retrato del Conde Duque de Olivares, La rendición de Breda y La noche de ronda eran algunos de mis cuadros preferidos), aunque en aquel tiempo uno no sabía lo importantes que eran estos pintores y estas pinturas. 
A Vermeer lo descubrí más tarde. Con el paso de los años, a través de los escritos de Dalí, el cine de Luis Buñuel y de Peter Greenaway, Vermeer se me apareció una vez más, en todo su esplendor. Entonces este ilusionista óptico pasó a ser uno de mis pintores favoritos.
Plaza del Mercado, al fondo la Nieuwe Kerk (Delft)
En realidad ya lo era.

La primera vez que tuve la ocasión de ver un Vermeer de verdad debió ser en el Louvre de París. Era la famosa Encajera, cuadro que también es conocido como La Tejedora. Y el  segundo cuadro que debí ver de este pintor fue en el Museo Kunsthistorisches de Viena. Era El arte de la pintura. Ya en Francia, en mi época de Erasmus, me aficioné a los viajes.
Rijksmuseum-Amsterdam
Realicé varias visitas al Rijksmuseum de Amsterdam y al Mauritshuis de La Haya (Den Haag, que queda más flamenco), donde se encuentran algunos de los cuadros de este excepcional pintor holandés. 
Sus cuadros están repartidos por todos los grandes museos del mundo, salvo en nuestro país, que no hay ninguno, aunque en estos momentos, desde hace más de dos meses, hemos tenido la ocasión de visitar una exposición de Vermeer y algunos pintores como Hooch, Jan Steen y Metsu en el Museo del Prado. 
Delft
Si os acercáis a  la capital del reino no dejéis de ver esta exposición, que ya se acaba. Y si contáis con algunos días de asueto, visitad Delft, que es un sitio en el que a buen seguro os sentiréis como en el paraíso. 
Vermeer bien vale un viaje a Madrid y aun otro a su ciudad natal. 

Delft, un cuadro de Vermeer

A pocos kilómetros de Rotterdam se halla la ciudad de Delft. Si eres aguerrido o aguerrida podrías hacer este camino en bici. Aunque también puedes agarrar un bus o el tren, que te pone en esta pintoresca y pictórica ciudad en un abrir y cerrar de ojos, dicho y hecho. Así da gusto.
Panorámica desde Nieuwe kerk
Y es que Holanda es un país bien organizado, donde todo o casi todo funciona razonablemente bien. Aquí, por ejemplo, no le prenden fuego a la naturaleza, como hacemos en España (cabestrines que somos). 

En el Bierzo y en La Cabrera nos tienen torrados. Se me cae el alma al suelo con el desastre que han provocado en esta bella, agreste y remota comarca, tras los Montes Aquilianos, que nos mostrara con humor y sapiencia el gran Carnicer en su viaje a pie por 'Donde las Hurdes se llaman Cabrera' (imprescindible su lectura). 
Vista de la oude kerk

En Holanda suelen ser muy respetuosos con su hábitat, porque aplican la lógica, ellos y ellas que son racionales. Por fortuna, aún quedan lugares en el mundo como este bellísimo país, pura pintura, donde uno se siente como pez en el agua (nunca mejor dicho) fotografiando cada esquina, cada molino, cada canal, cada edificio, cada cielo, cada paisaje humano, porque Holanda es un paisaje humanizado, un territorio construido y reconstruido por el ser humano, puro arte. Y Delft es un cuadro de Vermeer, el gran pintor holandés, por el que uno siente devoción, y del que el propio Dalí (un genio) decía que era comparable al pintor Miguel Ángel. Incluso llegó a decir que Miguel Ángel con su Juicio Final de la capilla Sixtina no es más extraordinario que Vermeer de Delft con La encajera, que podemos ver también (una reproducción) en Un perro andaluz. 

Dalí estaba fascinado con Vermeer. Y a él le dedica cuadros como Espectro de Vermeer de Delft  o Apparition de la ville de Delft, en el que podemos ver, al fondo, una parte de la Vista de Delft, de Vermeer (el maestro de la luz), que los/as amantes del pintor neerlandés pueden ver en el Mauritshuis de Den Haag. 
Pasear por sus calles y plazas, incluida la plaza del mercado, por supuesto, echar la vista a los canales, que están tupidos de algas, como si fuera un alfombrado verdoso al que uno quisiera arrojarse en busca de siesta, dan buenas vibraciones y nutren el espíritu de serenidad, de templanza estoica.
Pasear por la ciudad y toparse con una rapaza que canta Hijo de la luna, de Mecano, con buen acento español, con voz potente y melodiosa, dulce e hipnótica, te religa con tu matria. O bien encontrarse con la estampa tierna, entrañable, de un padre con sus dos hijos montados en la bici (me hace llorar de emoción, ahí veo y siento muy dentro a mi padre) te devuelve a tus orígenes, a tu infancia, que es acaso la etapa de auténtica felicidad o inopia, antes de que uno descubra la infamia universal. 
Plaza del Mercado

Tomar un aperitivo o una comida en la terraza-barco de un restaurante es toda una delicia, máxime si uno está en buena compañía.
Dan ganas de quedarse a vivir en Delft, sobre todo si es verano, con su clima templado, y sus nubes algodonosas, con su luz acariciadora. 
También para los devotos y devotas de Vermeer puede visitarse un centro donde se muestran reproducciones de todos sus cuadros (lamento no haberlo visitado, aunque prefiero sus pinturas originales) y por supuesto su tumba en la iglesia vieja (oude kerk), cuya música barroca (de Bach, sin duda), salida de un enorme órgano, te sube a las estrellas.
Escalofríos le entran a uno, no obstante, cuando se confronta con la muerte, quedándote en estado de shock al ver inscrito sobre la lápida el nombre de Vermeer. Un genio debería ser inmortal. Rememoro sus cuadros, algunos reproducidos por Peter Greenaway en su peli Zoo (he de reconocer que me encanta el cine de este realizador británico, sobre todo filmes como El cocinero, el ladrón, su mujer y el amante de su mujer, Drowning by numbers o El vientre del arquitecto.
Los cuadros de Vermeer también están, de algún modo presentes, en La joven de la perla, en la que luce espléndida, como siempre, la actriz Scarlett Johansson. 
Me encantaron, después de trepar varios escalones, las vistas desde el campanario de la iglesia nueva (nieuwe kerk). Un chute de adrenalina, que te hace levitar, mientras tus ojos se empapan de colores, de belleza comestible. 
No era la primera vez que visitaba Delft pero en esta ocasión la contemplé con otros ojos, con el sentido aromático de un pastel de manzana y la luz amorosa de sus nubes, porque "la verdadera felicidad no consiste en encontrar nuevas tierras, sino en ver con otros ojos", como quisiera el escritor Marcel Proust, a quien por cierto le entusiasmaba Vermeer de Delft.

viernes, 25 de agosto de 2017

El viaje a ninguna parte, Por Noemí Montañés

Enhorabuena, Noemí, por este relato, cuyo título nos hace hace pensar inevitablemente en la película del maestro Fernán-Gómez, aunque nada tenga que ver con la misma, sino con otro maestro del relato breve como es el mexicano Juan José Arreola. 
Publicado el pasado domingo 20 de agosto en la Nueva Crónica, corresponde a los cursos de escritura que imparto en la ULE. 


Con la inspiración de ‘El guardagujas’, del maestro Arreola, Noemí Montañés compone este singular relato, cuyo título también resulta cinematográfico, que nos invita a reflexionar acerca de cuál es nuestro auténtico viaje, incluso nuestro destino preferido, aquel que uno elige, ese “paraíso nómada”, en el que lo único realmente importante son los afectos.
(Manuel Cuenya)

         El viajante se acercaba a su jubilación, en dos meses se acabaría  la actividad  laboral y le pesaban   en exceso  todos los kilómetros recorridos, con sus enormes maletas  de demostración. Había empezado  su oficio con  apenas  dieciséis años, entonces iba en el coche de línea o en el tren, ya que sólo trabajaba en su provincia.

         Aquel día se había levantado gris y gélido; sus huesos tan trabajados se resentían, lo cual le provocaba una amargura anti ventas, así que, tras las dos primeras visitas, decidió acercarse a la cafetería de la estación, que servía el mejor chocolate con churros de la ciudad. Disfrutando del exquisito almuerzo, y sintiéndose mucho mejor, se acercó a la zona de las taquillas  y se sentó en los únicos bancos antiguos que quedaban en la sala de espera,  que tenían vistas a los andenes y al  muy tecnológico y nuevo panel de horarios, destinos y salidas.
         Luego observó las taquillas, había  varias:  en la número uno se podía leer: “salida inmediata”, en la dos: “venta anticipada”, en la tres:  “Destino de los indecisos” y  en la cuatro:  “Destinos sorpresa”. Releyó los carteles con asombro y se dirigió a “Destino de los indecisos” porque si tuviera que viajar en ese momento le costaría decidir un destino.
-Buenos días, quería un billete.
El dependiente, un tanto seco y desganado, retiró la vista del ordenador y le preguntó:
-¿Tiene usted alguna preferencia?
-¿Qué destino me sugiere?
-Pues tenemos en la oferta de hoy tenemos  dos únicos  posibles  destinos: “Viaje al paraíso elegido” y  “Viaje a ninguna parte”.
-¿A ninguna parte? Y para eso, ¿hay que sacar billete? -dijo curioso el viajante.
-Pues sí, caballero, porque esa opción, que es un viaje no geográfico, sino temporal, usted puede viajar a su pasado.
El viajante se quedó pensativo y fantaseó con lo que sería un recorrido nostálgico por sus sesenta y cuatro años y diez meses. A sabiendas de que esa mañana no haría venta alguna, porque era uno de esos días de trámite, se decidió a hacer ese viaje. No obstante, para que su mujer Manuela no se preocupase por su tardanza, le preguntó al vendedor:
-¿Podré estar de vuelta a la hora de comer?
-Por supuesto, dura lo que usted quiera, recuerde que es su pasado.
Le sedujo la idea de perderse durante  una mañana, así que sacó un billete y se encaminó al andén infinito, siguiendo las indicaciones del vendedor.
En unos minutos apareció un tren, que tenía una curiosa forma de reloj, y el revisor lo invitó a subir. Desde ese momento perdió la noción del tiempo y el espacio,  cuando se dio cuenta se convirtió en divertido espectador de su infancia y adolescencia, de  sus primeros amores, de sus primeras ventas, de su mujer Manuela embarazada de los gemelos … Todo rezumaba la placidez de los buenos recuerdos. Por fortuna, su memoria, en efecto generosa, no hizo presentes ninguno de los malos momentos de entonces, como la temprana muerte de su padre, la venta de la casa y algunas otras vivencias relevantes.
Con cierta inquietud revivió los años duros de crisis en el trabajo, la merma de ventas, las horas extras para los estudios de sus hijos, el cambio de coche... Pero a pesar de esos momentos menos propicios , su percepción era que su vida había sido buena y completa, que ahora, ya terminado su periplo laboral, se iniciaba una etapa de generosidad temporal no sujeta a horarios, y eso le causó aún más regocijo.
Acercándose  a su edad actual, y dado que  en su casa se comía a las dos en punto siempre, decidió concluir la excursión, se sintió pleno y se prometió repetir ese viaje con más  tranquilidad cuando el tiempo, en modo jubilado, diera más de sí.
Se bajó del tren y se dispuso a reservar un viaje al paraíso elegido, este sería  para hacerlo junto a su mujer Manuela y así poder celebrar la nueva vida, pero la taquilla estaba ya cerrada.
Pensó entonces en volver por la tarde, al terminar la visita  al ultimo cliente y así lo hizo cuando se acercó a la taquilla, y  ante su petición la amable dependiente le dijo: “Lo siento caballero pero no hay plazas disponibles, cuando se  ha viajado previamente a ninguna  parte, como hizo esta mañana, los paraísos dejan de ser destinos y pasan a ser formas de vida, así que desde hoy es usted el titular del tiempo y el destino, puede  organizarlo como  desee.”
El viajante,  atónito por sus palabras, cogió sus bultos  y se dirigió a su casa, donde Manuela lo esperaba para cenar. Caminando hacia casa, absorto   en  las palabras de la  vendedora de billetes, se percató  de que los destinos paradisiacos se llevan en la maleta, que los eliges tú: destino, tiempo, compañía…, y que sólo eres tú,  el titular de la decisión de vivir en un paraíso eterno;  se imaginó un viaje iniciático de su vida jubilar, y se encaminó   a  comprar los billetes a  ese destino, siempre  soñado por  Manuela,  que  sentía una gran fascinación por África. 
Desde entonces, cada año, por estas fechas del estío, él y su mujer Manuela se marcan un periplo fantástico. Siempre recordará aquella mañana,  en la que el destino se conjuró para que su desgana por trabajar y  la diosa fortuna le regalaran una  oportunidad  de  oro  de  ser feliz de un modo permanente. Y empezar así a hacer  de  su vida un paraíso  nómada, con la única referencia de los afectos.