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martes, 12 de diciembre de 2017

La fragua literaria leonesa: Eva Ramón Reyero

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LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Eva Ramón Reyero: "Todo el lenguaje narrativo de Mateo Díez evoca esta tierra leonesa"

Manuel Cuenya | 12/12/2017 - 13:35h.

La artista plástica, documentalista y narradora Eva Ramón Reyero, autora de 'La caja roja', está ahora con la promoción de su novela, a la vez que trabaja en la misma en darle una nueva dimensión desde la narrativa transmedia.

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... Frente a ellos se abría un valle dorado, bordeado de grandes robles que escalaban por las suaves laderas, hasta alcanzar en un extremo una cornisa de roca blanca que cerraba el paisaje con sus escarpadas paredes verticales. Hacia el oeste, el roble se convertía en bosque cerrado  hasta cubrir la montaña que se elevaba a su espalda. Valle abajo, el roble se convertía en dehesa de encinas que ya daban paso a los últimos corrales del pueblo, huertos de frutales al lado del río, y pacederos... (Eva Ramón Reyero, 'La caja roja')
Licenciada en Historia del Arte, con formación en Bellas Artes, documentalista, Eva Ramón Reyero, que ha hecho exposiciones individuales y colectivas de su obra pictórica, acaba de publicar su primera novela, 'La caja roja' (Artámbula, 2017), cuyo título hace referencia, en su opinión,  a un pequeño objeto que teje una relación, "un descubrimiento" porque "al abrirse desvela con su secreto una intimidad apenas antes conocida. Un objeto cerrado y cotidiano, fuente infinita de apertura interior".

La novela transcurre en los años centrales del siglo XIX, desde el verano de 1841 hasta agosto de 1845, en un valle de la montaña oriental leonesa, "que se ve sorprendido por la llegada de buscadores de yacimientos sobre los que levantar una empresa moderna. Enfrente la resistencia de unas familias campesinas apegadas a trabajar y vivir de la tierra".
Eva decidió ambientar esta historia en la montaña oriental leonesa, fundamentalmente en el Valle de Sabero, porque, aunque nacida en Madrid, tiene sus raíces en esta zona, que siempre ha sido su origen, su infancia, su familia, sus recuerdos... y aun "el lugar de referencia de los paisajes que vivo y la inspiración para mi obra artística".
En este sentido, muestra su gusto por la literatura de Julio Llamazares, puesto que reconoce que al menos dos de sus obras transcurren en el mismo valle en el que ella ambienta su novela. Y también por la narrativa de Luis Mateo Díez, habida cuenta de que "todo su lenguaje evoca esta tierra aun cuando no sea evidente donde se localiza la historia".
En realidad, aunque ella misma no se englobaría dentro de la llamada 'literatura leonesa', sí reconoce que su universo creativo está referenciado en los paisajes y las historias, la forma de vida y el habla que le acompaña hasta el punto de marcar su sentimiento de pertenencia a la tierra leonesa.
No en vano, Eva Ramón hace uso de expresiones y términos propios de la zona en esta obra.
La caja roja es "una vagoneta que comienza a salpicar el Valle cuando aparecen 'los otros' con la intención de acercar el progreso a sus bolsillos", aclara su creadora. "Cegados por la ambición y el poder prometido comienzan a instalarse entre los vecinos del Valle, trayendo consigo nuevos intereses y formas de vida". El eterno cantar de siempre, que se repite a lo largo de la historia de la infamia. Una forma de vida ancestral que acaba siendo colonizada por la modernidad, por el capitalismo, en busca del beneficio económico de unos pocos, aunque para ello tengan que cargarse una forma de vida digamos más acorde a la madre naturaleza. "La tierra... lo último que se vende y lo último que se pierde porque tarde o temprano todos volvemos a necesitarla al final de nuestras vidas".
"La literatura emociona... estimula, enseña y alimenta la creatividad."
La caja roja como urdimbre primigenia
La caja roja es también "lo que abarca y sostiene el paisaje del Valle y su relieve,  una gran bolsa rojiza de hierro, carbón y otros minerales".
Como documentalista, Eva nos muestra, a través de su novela, las costumbres y tradiciones de una época en un lugar concreto. Con lo cual estamos, aparte de una narración, ante un documento etnográfico.
Editada por Artámbula, este sello editorial nace, en palabras de Eva, "como impulso a la autoedición desde la empresa consultora Mercodes, dedicada al desarrollo rural y local".
Una editorial que defiende la cultura activa, que apuesta por las ideas, iniciativas y proyectos sencillos, según Eva Ramón, que comercializa en circuito corto, "es decir venta directa desde el autor y en colaboración con esas pequeñas librerías tan necesarias para que la lectura siga viva".
Su experiencia con la escritura creativa le ha permitido desdoblarse, adentrarse y vivir en otra dimensión a la vez que poder narrar otras vidas. Una experiencia extraordinaria.
(Si deseas seguir leyendo esta fragua, aquí tienes el enlace de ileon, donde figura publicada: http://www.ileon.com/cultura/080651/eva-ramon-reyero-todo-el-lenguaje-narrativo-de-mateo-diez-evoca-esta-tierra-leonesa)

jueves, 7 de diciembre de 2017

El sol de Madrid embotellado

Me encanta el sol de Madrid embotellado. Tomarlo, degustarlo, disfrutarlo sorbo a sorbo en la propia Puerta del Sol, que percibo como el centro del universo, al menos como el centro de la Tierra. Acaso Julio Verne también pensó en alguna ocasión que el centro de la Tierra pudiera situarse, en vez de en algún cráter de Islandia, en la Puerta del  Sol, ese espacio donde otrora se trillaba el trigo, el centeno. A lo mejor es un delirio esto que acabo de decir. Pero me gusta insinuarlo. Se non è vero, è ben trovato
También Dalí, desde su paranoia crítica, llegó a decirnos que el centro de la Tierra se situaba en la Estación de trenes de Perpiñán (Francia). Y el matemático francés René Thom, con su teoría científica de las catástrofes, llegó a confirmarlo. O al menos a decir que el genio de Figueras no deliraba ni alucinaba tanto como pudiera creerse. Hablo de memoria. Y la memoria en ocasiones juega malas pasadas. 

Conviene, en todo caso, dejar volar la imaginación. Conviene volar. Hacerse golondrina en busca de calor, sobre todo ahorita, que hace un frío que escaralla y "escarabaya el pelleyo", como dicen en las Asturies. 
Me encanta tomar el sol de Madrid, aunque no sea embotellado, panza arriba, panza abajo, como lagarto que buscara el éxtasis, el carpe diem, el instante eterno. Un lagarto que se enroscara al madroño. O mejor dicho a la osa. 
De repente me vine a la mente las andanzas de 'El Tío Perruca' por los montes de Igüeña, en el Alto Bierzo.
El sol, la luz solar es fuente de vida, eleva nuestro ánimo, nuestras endorfinas. Y nos hace sonreír. Con sol la realidad (también la irrealidad y las fotos en color) cobran otra dimensión, una estética acaso más bella, agradecida. 

Me encanta el sol de Madrid. Y esos cielos azules, que logro tocar con la palma de mi mano, la izquierda (con la derecha también me defiendo), ese azul comestible aderezado con berros, ese azul que teje lienzos de amor y amistad. Ese color protector, que me ayuda a conocer un poco más y mejor el mundo, mi mundo interior/exterior.
Me gusta el azul madrileño, a pesar de que a veces la polución se cebe con su cielo a resultas de los muchos vehículos que circulan por la villa. Y a resultas de otras muchas puterías contaminantes. 
Contaminada me late la monstruosa, sísmica y lacustre Ciudad de México, sobre todo en meses en que no cae ni una gota. Pero este es otro Cantares de los cantares, que por cierto es dulce y sabroso como el mosto recién ordeñado de la uva. De las uvas de la Solana, pongamos por caso, ya que de sol hablamos. Aunque me temo que hace tiempo que en la Solana de mi útero gistredense ya no quedan ni uvas, desde que mi padre dejara poulas sus viñas. Ahora que me da por pensarlo, algún día uno también fue vendimiador. Y hasta hacedor de vino. Entrañables recuerdos en el lagar del Tío Teresín, que no era mi tío, sino el abuelo de buenos amigos como Miguel Ángel, Mingo, Chalton, Dory, Chente, Venancio...
Estatua de Valle en Recoletos

Resulta curioso (o no), Madrid me lleva a México. México a mi pueblo. Y desde mi pueblo de Noceda del Bierzo me traslado, como en un sueño, a Ein Gedi, donde estuviera este mismo verano, territorio bíblico que se menciona en el Cantar de los cantares o Cantar de Salomón. Ein Gedi, oasis a orillas del mar muerto, en Israel. 
Madrid, con su sol, me hechiza. Y me lleva por los lugares de siempre, que están cargados de historia. De literatura. Porque la capital del Reino español, adonde todos (todas) vamos a parar, está impregnada por el espíritu de tres grandes escritores, como lo fueran y siguen siendo Valle-Inclán, Ramón Gómez de la Serna y Umbral. 
A través de estos guías espirituales (aunque no son los únicos, claro está, no olvidemos a Cervantes (cuyas huellas se hallan en diversos lugares), Quevedo (que fuera bautizado en el iglesia de San Ginés, Calle Arenal, cerca de la mítica disco Joy Eslava), Lope (con casa-museo en el barrio de las Letras), Calderón de la Barca (con estatua en la Plaza de Santa Ana y casa natal en la Calle Mayor), Galdós (habitual tertuliano del ya desaparecido Café Universal o café de los espejos de la Puerta del Sol), Larra (quien vive y se suicida en la calle Santa Clara), Mesonero Romanos... podríamos componer un Madrid no sólo absurdo, brillante y hambriento (también castizo y chulapo) sino un Madrid moderno y posmoderno, multirracial y pluricultural. 
Buñolería modernista-San Ginés

Una capital por la que ha desfilado una movida modernosa, que tuvo mucho de floritura y artificio (que se lo pregunten al periodista y escritor José Luis Moreno-Ruiz: http://www.ileon.com/cultura/069080/la-movida-modernosa-cronica-de-una-imbecilidad-politica), un Madrid en el que ni las ratas pueden vivir (escúchese a Leño, con Rosendo Mercado al frente) y un Madrid que hoy luce espléndido bajo ese sol embotellado, este sol del membrillo (por cierto, el gran pintor Antonio López ha retratado magníficamente Madrid).
Un Madrid para todos los gustos y carteras. Una ciudad para pasear. Y no cansarse nunca de pasearla. Una urbe en constante movimiento. En busca de marcha. Con ese trasiego continuo de propios y extraños en Sol. 
Colas de gente esperando a comprar el Gordo de Navidad. Qué este año seguro que les toca, pensarán. Si es en Doña Manolita, mucho mejor. En esto Madrid sigue siendo tradicional. Costumbrista. Carpetovetónico. 
Estatua de Lorca en la plaza Santa Ana
Sol es punto de partida y llegada. Un mundo en sí mismo. Con sus campanas y uvas en Fin de Año. Cabe recordar que el emblemático reloj de la Puerta del Sol fue una donación que el afamado relojero cabreirés, Rodríguez Losada, hiciera al Ayuntamiento de Madrid. Con sus mimos y espectáculos al aire libre. Con la histórica pastelería La Mallorquina, donde se siguen tomando unas mil hojas de muerte. Para pringarse y rechuparse los dedos. 

Sol, con su Museo del jamón (sus museos, pues existe otro al ladito, próximo también a la Plaza Mayor) en el que a uno le gusta comerse un bocata de jamón serrano, ibérico, o bien uno de calamares. Marchando. Qué los calamares en Madrid, aunque no tenga mar, están riquísimos. 

Ahora me entero, a través de un paisano y amigo, que las mejores gambas del mundo están en Medina del Campo. Qué cosas. Quién lo diría. 
Pues eso, los mejores calamares fritos del mundo están en Madrid, ese aroma que penetra en tus poros. Y queda registrado para siempre en tu memoria olfativa. Entonces, te hace evocar, como la magdalena de Proust, recuerdos de infancia. Y te lleva de la mano por el centro histórico, por esos lugares por los que tuvieran a bien pasear Valle, Ramón y Umbral. 

Valle, con sus 'Luces de bohemia', inmortalizó la ciudad. Y desde hace tiempo el gallego universal, de "rostro español y quevedesco, de negra guedeja y luenga barba", cuenta con una estatua en Paseo de Recoletos y varias placas, una en concreto en la esquina de Sol con la calle Alcalá, donde estaba el café de la Montaña, en el que Valle, a quien le gustaba discutir,  incluso acaloradamente, acabó perdiendo el brazo izquierdo de un bastonazo que le propinara Manuel Bueno. 
Imprescindible se me antoja la visita al Callejón del Gato ("los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento"), donde siguen estando los espejos cóncavos y convexos, o bien al San Ginés (la buñolería modernista), con su olor a antigüedad y sobre todo a chocolate con churros o con porras, donde el personaje de Max Estrella (álter ego del propio Valle y también de Alejandro Sawa) se topa con los jóvenes modernistas. 
Sol

Se cuenta que la Taberna de la Pica Lagartos (que no queda ni rastro de la misma) se localizaba en la Puerta del Sol, esquina con la Calle de la Montera, donde resulta habitual ver a jóvenes chiquitas haciendo la calle. Controvertido tema el de la prostitución, que rasga las vestiduras a algunos (algunas) y se resuelve como un modo de supervivencia y negocio para otros (otras). 
Madrid es Valle pero también sabe a greguería, a humor metafórico, a virguería ingeniosa, a Ramón de la 'Sorna', que le dedica montones de páginas en obras como 'El Rastro' (un paseo por este zoco en domingo es fundamental) o en 'Descubrimiento de Madrid'. Ramón (a quien Umbral le dedica un extraordinario ensayo) era habitual tertuliano del hoy desaparecido Café Pombo, situado en la calle Carretas en la zona de Sol. 
Y por supuesto Madrid tiene el color táctil y el sabor musical de Umbral, que supo, como nadie, mostrarnos su villa, "la ciudad más abierta de Europa", en la que confluyen todas las provincias, los madriles: "el Madrid manchego de Solana y el Madrid exquisito y pensante de Ortega". 

El genio/ingenio Umbral, gran inventor de lenguaje y uno de nuestros mejores y más prolíficos prosistas, además de un poeta romántico y rebelde, convirtió Madrid en un género literario, algo que también hiciera Henry Miller con París. 
El café Gijón -en el que he estado en un par de ocasiones, nomás- llegó a ser un templo literario, que acogiera a personalidades del mundo artístico, cultural, como Galdós, Valle-Inclán, Jacinto Benavente, Maruja Mallo; Lorca (que cuenta con una estatua en la plaza de Santa Ana), Dalí y Buñuel (merece la pena darse una vuelta por la residencia de estudiantes, donde coincidieran estos tres fenómenos), Cela, Buero Vallejo, Ramón Gómez de la Serna, Eugenio D'Ors, Fernán Gómez; Manuel Alexandre y Wolfgang Burmann (a quienes llegué a ver en una ocasión). Bueno, Wofgang o Chinín (de la saga alemana Burmann) llegó a dar clases en la ex Escuela de cine de Ponferrada. Un tipo magnífico, que se encargó de la dirección artística de películas como 'Abre los ojos', de Amenábar, o 'Remando al viento', de Gonzalo Suárez, con quienes también compartiera algunos momentos en la capital del Bierzo. 
Plaza España

El propio Umbral era un habitual del Café Gijón en otros tiempos. Y hasta llegó a dedicarle la novela 'La noche en que llegué al café Gijón'. "Toda una vida (o eso me parecía) leyendo cosas sobre el Café Gijón, allá en provincias, y ahora estaba yo aquí, y además venía a leer unos cuentos al Ateneo (y con el secreto propósito de quedarme) o sea que era un viaje literario, y me hubiera gustado que cualquiera de aquellas caras conocidas o desconocidas me preguntase qué hacía yo por Madrid para responder con desgana y énfasis: 

—Ya ve usted, que mañana doy una lectura en el Ateneo. Pero nadie me preguntó nada, claro. A José Hierro lo había leído yo, deslumbrado, en unos tomitos creo que de Afrodisio Aguado, y luego le había conocido en provincias, había participado momentáneamente del remolino lírico, vital y casi belicoso de su vida, su simpatía, su amistad, su inquietud, su prisa y su burla. Era un tipo que me fascinaba y me sigue fascinando. Era el poeta representativo de las generaciones de postguerra y creo que lo sigue siendo. La colisión de gentes en el café era ya cataclismática, todo el mundo saludaba a todo el mundo, los camareros pasaban repetidos por los espejos, en un sueño de humo, y yo no conocía a nadie".
Seguiré recorriendo Madrid, aunque en la distancia, desde provincias, como dice el autor de 'Mortal y rosa'. Y saboreando su cielo azul, su sol embotellado. El cielo de Madrid (ahí está también el gran escritor Julio Llamazares).  

De Matarrosa del Sil a Madrid: Leo Harlem

Tengo la impresión de que el Bierzo Alto sigue siendo un gran desconocido, incluso para quienes viven en el Bierzo Bajo, lo cual tiene tela. 
En cualquier caso el Bierzo Bajo, con respecto al Alto, es a buen seguro el que más proyección ha tenido, sobre todo en los últimos tiempos a raíz del vino, aunque tampoco sea para tirar cohetes. 
Y si digo Matarrosa del Sil, creo, con sinceridad, que a poca gente le sonará, salvo a quienes viven por la zona. Y los "avecindados". Por supuesto. 
Leo Harlem
Mi padre, cuyo espíritu siempre me acompaña, me contaba que en Matarrosa (curiosín nombre) vivía Tin de Paz, de la familia de Paz, que en Noceda era toda una institución. Y de Matarrosa resultó ser originario Adolfo Cuenya, a quien llegué a saludar en una ocasión en la ciudad francesa de Dijon. Y nunca más, nunca mais volví a verlo. 
En Matarrosa vive o vivía el taxidermista Solís Fernández, del que guardo un buen recuerdo: http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/solis-fernandez-fenomeno_292120.html
Y Matarrosa es el pueblo en el que Javier R. Sotuela, "el cura comunista", ejerciera como párroco a finales de los sesenta. Y quien bautizara al famoso humorista Leo Harlem, que acaba de recibir el premio Lambrión Chupacandiles, que otorga el colectivo 'Plumillas bercianos en Madrid', liderado por el periodista toreniense Juanma G. Colinas, encargado asimismo de llevar a buen puerto la Ciberbotillada en Cacabelos (en enero de 2018 está prevista la siguiente Ciber-botillada en La Moncloa de San Lázaro). 
El término 'Lambrión' me arranca la sonrisa. "Sos un llambrión, rapaz", se decía antaño en mi pueblo a un guajín goloso o glotón, al que le gustaba rebañar el plato. 
Por lo demás, el Lambrión Chupacandiles, vaya nombrecito, es quien anuncia la celebración de la Semana Santa ponferradina.  
Juanma Colinas, Toño Criado y Leo Harlem
Me contaba Sotuela hace dos años, en un encuentro poético-musical en la localidad gallega de Quiroga, que él había bautizado a Leo Harlem. 
-Leo, Sotuela te bautizó -le digo. 
-Pues era tan pequeño -sonríe- que no me acuerdo. 
El pasado lunes (día de Santa Bárbara, patrona de los mineros) asistía a una reunión-cena en Prada A Tope, en Madrid, en la que Leo Harlem recibía el Lambrión Chupacandiles. 
Azares de la vida, al día siguiente del encuentro con este fenómeno mediático, me llamaba por teléfono Sotuela para decirme si había recibido un correo postal suyo. 
-Qué casualidad o causalidad, estoy en Madrid, Javier. Y ayer estuve con Leo Harlem, a quien tú bautizaras.
-Qué bien, así es. Muy buena su familia. 
La conversación con Sotuela dura un rato. Pero no voy a reproducirla entera. 
La cena fue un pretexto para reunirnos, porque lo de verdad importante, al menos para uno, fue ver/escuchar y conversar con Leo así como el intercambio de impresiones con un buen puñado de periodistas/comunicadores del Bierzo, entre ellos, Mario Tascón (que también recibiera el Lambrión en otra edición), Esther Freire (con quien me gustó charlar), mi paisana Raquel Arias (alegría que me dio verla allí, una agradable sorpresa), Raquel Peláez (a quien deseo entrevistar pronto, porque además de buena periodista es escritora), Sara Jusuy (que también se ocupó de la intendencia), José Antonio Álvarez Gundín (Director de los servicios informativos de TVE), Benito Ordóñez (que hizo un reportaje fotográfico del encuentro), Pacho Rodríguez (corresponsal de Diario de León en Madrid, con quien tuve una sustanciosa charla acerca del mundo periodístico), el gran pintor cacabelense Pepe Carralero (que también recibiera este premio. Un hombre en verdad simpático y vital, al que le tengo afecto), Macarena Ruiz (pintora, profesora en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense y compañera de Carralero, buena chica) o Toño Criado, que, junto a Juanma G. Colinas, es organizador de este evento y quien me animó a viajar a Madrid para asistir a esta 'quedada', que amenizara Leo Harlem con su humor,  lo cual se agradece mucho, porque el humor siempre pone salsa a la vida. 
Toño Criado y Leo Harlem
Harlem se mostró cercano, amable, incluso diría que entrañable. Como si uno ya lo conociera de toda la vida, aunque fuera la primera vez que lo veía en vivo y en directo. 
Además de parecerlo (las apariencias en ocasiones revelan más que ocultan) es un tipo realmente con chispa, con ingenio. Y con una gran capacidad de observación y sentido analítico. A Leo no parece gustarle nada el mundo artificial, virtual, tecnológico en el que vivimos, acaso porque él es alguien natural, humanista, al que le gustaría recuperar el silencio, la calma, la vida menos apresurada, el tiempo que permita hacernos reflexionar... En esencia, dice que él sigue viviendo como siempre, como cuando era panadero o camarero (antes de dedicarse, ya con cuarenta años, al espectáculo), aunque eso sí con más guita, aclara. 
Bien sabemos que en este mundo circense "si no hay sardina, la foca no baila", como tú me recordaste. 
En el fondo, "en este mundo los hay que van a lo suyo, menos yo que voy a lo mío". 
Si bien reconoce que tiene buen trato con sus colegas, siente sobre todo afinidad con el humorista Luis Piedrahita, que llegó a estudiar comunicación audiovisual o cine. 
Me gustó ver y hablar con Leo Harlem, fundamentalmente después de la cena, al amor de unas cervezas, en compañía también de Toño Criado (periodista de raza, y autor del interesante libro 'Lobos por el Bierzo') y el propio Juanma G. Colinas, entre alguna otra gente. 
"Nacer en el Bierzo es un milagro", llegó a decir Leo Harlem con su característico sentido del humor. Sí, nacer en el Bierzo es un milagro, lo que me hace recordar, salvando las distancias, a ese inicio magistral de 'La región más transparente', del escritor mexicano Carlos Fuentes: "Mi nombre es Ixca Cienfuegos. Nací y vivo en México, D.F. Esto no es grave. En México no hay tragedia: todo se vuelve afrenta". 
Pepe Carralero y Macarena Ruiz
Aunque sólo viviera en Matarrosa hasta los siete años, Leo Harlem habla con afecto del Bierzo. Y prometió que en la próxima primavera nos haría una visita, que incluso se acercaría a Noceda: el útero de Gistredo. Estaría bien. Pues su madre nació en Primout, ese pueblo con sonoridad francesa en que impartiera clases el poeta astur Ángel González. 
"Leo, alguna vez caminamos, monte a través, desde mi pueblo, Noceda, hasta el pueblo de tu madre, Primout". Qué jovencitos éramos y cuántas ilusiones. 
Su madre, de Primout. Y su padre, de Caboalles, tal vez por eso lo hemos visto/escuchado hablar de Villablino en algunos de sus monólogos. 
Berciano y lacianiego, Leo Harlem ha vivido parte de su vida en Valladolid, donde desea retirarse cuando deje el mundo de los monólogos. Pero de momento seguirá escribiendo (le gusta escribir, ahora está con una buena idea para el guión de un largometraje), actuando (acaba de participar en una película) y viajando. 
Espero, Leo, que te guste 'Mapas afectivos', y te devuelva, en cierto modo, a nuestro Bierzo, "paraíso sexual del chorizo más picante y la castaña más dulce". 

miércoles, 6 de diciembre de 2017

La fragua literaria leonesa: Concha González Fernández


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LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Concha González Fernández: "La poesía ha de ser intensa, que erice la piel, que no te deje indiferente"

Manuel Cuenya | 05/12/2017 - 10:55h.

La poeta y narradora bañezana Concha González Fernández, ganadora de varios premios literarios y coautora de 'Hacer arte con palabras', sigue escribiendo, haciendo recopilaciones, corrigiendo textos y poemas... siempre con un folio en blanco encima de la mesa o con un Word abierto.

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Concha González Fernández en Bratislava
Susurras soledad
y descubres como pronunciar requiebros
a la muerte
descanso perentorio de voz y de memoria
que rezuma invisibles
a la manera rota del signo más triste.
Es así, supongo.
La ausencia se dice y se encaja entre los dientes
e impide desertar  al trigo de su siega.
Es así cuando azota, como látigo de cuero,
e hiende su profunda marca
en la existencia de tus días exactos
ese indefinido modo que tiene el tiempo
de ladear el rostro
hacia la penumbra.
Escueta la ruta
responde al azul, a la fugaz visión de lo seguro,
a la tristeza detenida con sospecha de esperanza.
Es así, supongo.
La tarde que te ocupa hoy la hora
y su cíclica forma de aparentar.
Solo, como siempre,
te asomas, sin vértigo aparente,
al usitado abismo de la vida.
(Concha González, 'Ese indefinido modo', poema finalista en el IV Certamen Umbral de Poesía de Valladolid 2017)
La multidisciplinar Concha González, nacida en La Bañeza, ha sido premiada en varias ocasiones por su faceta como poeta y narradora.
Considera que los premios literarios y menciones, que ha conseguido a lo largo de su trayectoria, son una pequeña inyección de motivación, aunque prescindibles, porque para ella escribir es una necesidad vital. Como suele acontecer a la gente que disfruta componiendo con la palabra escrita.
"Para mí la escritura creativa es 'vida' –afirma–, la forma de entenderme a mí misma y a los demás, de desvincularme de la rutina, la peligrosa, la que conlleva el desinterés, la apatía, la desmotivación por las cosas. Es reminiscencia, sueño, melodía, esperanza... Además me ha servido desde siempre para paliar los malos momentos o disfrutar, más aún, de los buenos".
Como narradora, cabe reseñar algunos de los galardones que tiene en su haber, como el ser ganadora del III Certamen de Relatos cortos sobre la igualdad entre hombres y mujeres de Villaquilambre en 2010 con 'La historia de nuestro tiempo'. Premio que volviera a conseguir al siguiente año con 'El hoy de mi ayer'. O bien el segundo premio en 2016 en este mismo Certamen  (IX) con 'Normalidad'.
"Villaquilambre es sentirse un poco profeta en tu tierra", matiza Concha, algo, por lo demás, que no resulta nada fácil, ser profeta en la tierra de uno.
Como poeta, fue distinguida en 2015 con el primer premio en el XXIII Certamen literario 'Mujerarte' de Córdoba. Y su obra se editó en la antología 'Sosteniendo Mundos'.
"En esta antología hay todo un 'mundo' en torno a la mujer,  que merece la pena explorar. Comparto antología con autoras de gran nivel y gran sensibilidad tales como: Juana Cortés Amunarriz, Sol García de Herreros Madueño o Carmen Borralla Olmo", apostilla esta poeta y narradora, que ha quedado finalista en dos ocasiones en el Umbral de Poesía de Valladolid -en 2016 con 'La única palabra', poema editado en una antología-, lo que le ha procurado una enorme satisfacción.
Un poema profundo y emotivo, según ella, que escribiera y recitara en el primer homenaje a Fernando Manzano Ruiz, "una persona muy querida en La Bañeza, muy involucrado con la cultura, y muy entrañable", con motivo de su inesperado fallecimiento.
Y por supuesto cabe destacar el primer premio de poesía 'Hacer arte con palabras', que comparte con José García Corrales. A través de la editorial Art Emporium se editaron veinte poemas suyos, algo que la ha colmado de placer, aparte de saberse leída más allá de la frontera.
"Las veces que he ganado  algún premio literario, mención o incluso cuando me han pedido colaboración en algún recital, evento, o ser jurado, me he sentido muy querida"
La poesía, en su opinión, "ha de ser intensa, que erice la piel, que no te deje indiferente", tiene que hacernos sentir y pensar. En eso consiste la literatura, sobre todo cuando se convierte en arte, en ayudarnos a entender el mundo, a entendernos a nosotros mismos. Y por ende sacudirnos las entrañas, emocionarnos.
"Las veces que he ganado  algún premio literario, mención o incluso cuando me han pedido colaboración en algún recital, evento, o ser jurado, me he sentido muy querida. Me han aportado seguridad, reconocimiento,  ganas de seguir escribiendo. Se pierde un poco el miedo a exponer al público tu escritura y a la inevitable incertidumbre de la crítica", confiesa esta Diplomada en Graduado Social y Licenciada en Ciencias del Trabajo por la Universidad de León, que escribiera su tesina sobre 'El acoso moral en la administración pública'.
No nos pertenece la nieve
y, sin embargo
es tanta su espesura...
No resistimos la fatiga
de ahondar el rostro en el dolor intenso
de su frío
esos helados cristales penetrando
hasta arrancar
una casta estela de tu sangre.
El llanto que se escurre entre la vida
alcanza género de piel y roce
en el indiscreto astral de la tristeza,
y, la lágrima, como producto sucedáneo
repasa, inconsciente, la anacrónica ley
de la naturaleza,
y se amotina
en clave de mar,
se amotina haciendo de la pena
una tonada más
que arrastrar hacia la arena.
No nos pertenece la nieve,
y, sin embargo
es tanta su espesura...
(Concha González, 'La nieve, la pena y el mar', poema incluido en su blog 'Mar de espigas')
Literatura y gastronomía, actividades creativas
Aparte de su faceta literaria, Concha González se dedica, de un modo profesional, a la cocina –incluso ha escrito un libro inédito al respecto, 'Historias en mi cocina'–. Cree que ambas actividades, la literaria y la gastronómica, están unidas por la creatividad.
"La cocina es un oficio donde la creatividad acampa a sus anchas, donde el sentimiento y la pasión son  indispensables para abordar un plato. Es obvio que en la narrativa esta situación se reproduce de forma bastante similar. En cuanto a la poesía,  la respuesta sería, quizás, otra muy distinta pero con un hondo fondo en común. Con la poesía consigo acercarme al sentir propio y ajeno, a las circunstancias del momento. En una palabra, poesía somos las personas, nuestra forma de ver las cosas, nuestro modo de recibirlas, de expresarlas, de reaccionar ante ellas... Relacionar poesía o narrativa con la cocina es, para mí, relativamente sencillo".
En realidad, lleva cocinando desde niña, siempre al lado de su madre, "la mejor maestra que una puede tener en sus inicios... Primero cosas sencillas, después más elaboradas, hasta alcanzar un nivel nada desdeñable. Los aromas de casa a la hora de comer, la visión y el tacto de los productos de la tierra, los domingos con sus menús especiales, el sonido que acompaña lo anterior, el increíble sabor de lo elaborado con esmero...Todo un compendio de sentidos a disposición de la cocina. No es difícil para mí encontrar poesía en todo eso", se expresa con pasión esta creadora, que cuenta con el título de Grado medio de cocina y Superior de Dirección de cocina.

(Puedes seguir leyendo esta fragua en ileon.com:

martes, 28 de noviembre de 2017

La fragua literaria leonesa: Javier Huerta Calvo

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LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Javier Huerta: “La creación está siempre por encima de la crítica, que es efímera”

Manuel Cuenya | 28/11/2017 - 10:15h.

El polifacético Javier Huerta Calvo, autor de los poemarios 'Razones coloradas' y 'Manual de literatura', además de 'Gerardo Diego y la Escuela de Astorga', entre otras obras, está escribiendo ahora una'Historia maldita del teatro español'. Asimismo, trabaja en un libro sobre La Barraca de Federico García Lorca.

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Javier Huerta Calvo. Foto: Eloy Rubio
Doctor y Catedrático de Literatura, investigador, creador, especialista en dramaturgia y en la obra del poeta astorgano Leopoldo Panero. Este es Javier Huerta Calvo.
Nacido en Madrid, aunque leonés/maragato de Brazuelo, por vía materna, donde ha pasado, "y sigue pasando", según él, algunos de los mejores momentos de su vida. Y donde se le despertara, siendo un niño, la vocación literaria.
"Tal vez sea Brazuelo el lugar donde más libros he leído; y los libros que se leen en la infancia y la juventud son los que más te marcan la personalidad", recuerda Javier, que, si bien vive en Madrid, tiene una actividad intelectual cada vez más intensa, sobre todo en relación al proyecto de la Casa Panero, "en el que están involucrados una serie de grandes amigos, todos ellos notables intelectuales", aclara el autor de 'Razones coloradas', poemario con el que se siente bastante satisfecho, por el que recibiera, hace un par de años, el prestigioso premio Joaquín Benito de Lucas.
"No he publicado demasiada obra creadora, pero todo se andará. Quiero seguir con la poesía, si las musas me inspiran. También he escrito y estrenado alguna obrilla dramática, nonadas, en fin", apostilla Huerta, que es todo un especialista en teatro. Tanto es así que, aparte de sus varias publicaciones sobre esta disciplina, fundamentalmente en el llamado teatro breve de los siglos de oro, "cierto Benavente oculto, la obra dramática de García Lorca, en particular 'El público'", ha impulsado el teatro en la Universidad Complutense -donde imparte clases-, en colaboración con la fundación del Instituto del Teatro de Madrid.
Asimismo, ha contribuido, de un modo activo, a la creación de un máster y un doctorado en Estudios Teatrales, lo que le ha permitido el contacto con las gentes de teatro (dramaturgos, directores, actores), "que durante mucho tiempo han vivido de espaldas a la universidad, y la universidad de espaldas a ellas, claro".
El teatro como una actividad que tiene, en su opinión, una proyección pública realmente extraordinaria. Y con la que se siente muy satisfecho. El teatro como compendio de su dedicación a la enseñanza y la investigación, labores indisociables, a su juicio.
"Soy de los que creen que la enseñanza es indisociable de la investigación, y no concibo la una sin la otra, sobre todo en el ámbito de las humanidades".
En este mismo sentido, está convencido de que el estudioso de la literatura, el crítico (como es su caso) está siempre en contacto con la creación, es decir, cerca de la belleza y del espíritu.
"Toda la obra cervantina: un verdadero deleite espiritual y, si me perdonas que me ponga estupendo, el consuelo mejor cuando uno ve ya, aunque sea a lo lejos, la última vuelta del camino".
La creación versus la crítica literaria
"Su función es la de ser un mediador entre el creador y los lectores, y ayudar a estos para la buena apreciación de la obra literaria. No es extraño que un día, siquiera sea momentáneamente, abandone esta tarea de comentarista, para intentar él crear algo también. El empeño es difícil, porque como crítico sabe mejor que nadie de las imperfecciones y las deficiencias de la obra mal hecha. Y tal vez esto lo lleve a cierta actitud imposible. En cualquier caso, el esfuerzo merece la pena, porque la creación está siempre por encima de la crítica, que es efímera: lo ha dicho el que acaso sea el mejor crítico de la contemporaneidad, George Steiner. Tú puedes escribir una extraordinaria exégesis de 'El Quijote', pero a la postre será insignificante ante la grandeza de aquel", nos revela Huerta, haciendo hincapié en el hecho de que algunos colegas suyos, "algo petulantes" están convencidos de que su labor crítica es poco menos que trascendental para el desarrollo no sólo de la literatura sino de la humanidad.
"Otro gran crítico, Todorov, escribió en los años 70 una 'Gramática del Decamerón', que tuvo mucho éxito en su momento. Hoy hasta el título nos parece un despropósito: ¿cómo se puede reducir el genio de Boccaccio a un código tan antipático como el de la gramática?", se plantea el creador e investigador Huerta, quien, con buen humor y talante, cree que, si el crítico es consciente de los límites humildes de su tarea, puede ayudar mucho a estimular la lectura de las obras.
"Como profesor, me basta con cumplir ese objetivo respecto de los buenos estudiantes, y son ya centenares, los que han pasado por mis clases", agrega este estudioso sobre Leopoldo Panero, y admirador de la poesía de Antonio Gamoneda y Antonio Colinas, que son ya, en su opinión, dos clásicos de la mejor poesía contemporánea.
También reivindica a narradores como Luis Mateo Díez, Juan Pedro Aparicio, Julio Llamazares..., "a quienes debemos algunas de las mejores novelas escritas después de 1975". O bien la producción cuentística de José María Merino, que se le antoja cada vez más admirable, "como lo fuera la del recordado maestro Antonio Pereira".
Aparte de estos escritores ya consagrados, "incorporados con todos los honores al Parnaso de nuestro tiempo..., la nómina es ampliable a otros, veteranos y noveles, como Andrés Trapiello, Andrés Oria, Raquel Lanseros, Antonio Manilla... Y que me perdonen los no citados".
El propio Andrés Martínez Oria afirma que la poesía de Huerta es auténtica, "personal y verdadera, surgida de la experiencia del yo que es vivencia cotidiana y a la vez intelectual... En fin, poesía comprometida y de contenido moral quizá hasta ético".
Cuenta el autor de 'Manual de literatura' que hace unas semanas les hablaba a sus estudiantes del prodigio casi astral que suponía la coincidencia en un mismo espacio y un mismo tiempo ˗la España del Siglo de Oro˗ de escritores como Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Cervantes, Lope de Vega, Tirso de Molina, Góngora, Quevedo... "Pues bien, esas coincidencias milagrosas se dan en otros ámbitos y en otros niveles... y ese es el caso de los escritores leoneses. Sin prurito alguno de carácter chovinista bien se puede hablar de una verdadera edad dorada de la literatura 'leonesa'", afirma Javier, devoto de Cervantes, habida cuenta de que nos ha legado a la posteridad un verdadero ejemplo de vida y de obra bien hecha, "como recientemente ha destacado el filósofo Javier Gomá", apostilla el autor de 'Gerardo Diego y la Escuela de Astorga', que en estos momentos está releyendo, desde las claves éticas que ha apuntado, al creador de 'El Quijote', porque  también lo tiene que explicar a su alumnado, "toda la obra cervantina: un verdadero deleite espiritual y, si me perdonas que me ponga estupendo, el consuelo mejor cuando uno ve ya, aunque sea a lo lejos, la última vuelta del camino".