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martes, 17 de octubre de 2017

La fragua literaria leonesa: Armando Murias Ibias

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LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Armando Murias: "Haber tenido varias experiencias laborales da una visión más completa del mundo, y también de la escritura"

Manuel Cuenya | 17/10/2017 - 13:55h.

El narrador, investigador y profesor Armando Murias Ibias, autor de 'Nómadas', entre otros libros, dirige en la actualidad la revista 'Literarias', perteneciente a la Asociación de Escritores de Asturias. Y mantiene en activo blog cuyo título es 'El gamusino (Literatura y Natura)'.

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Armando Murias Ibias
Lacianiego de Caboalles y con alma asturleonesa, Armando Murias Ibias es narrador, doctor en Filología Hispánica, investigador y profesor.
Cuenta que su lugar de nacimiento era un sitio remoto, que quedaba aislado en invierno por las nevadas. Ni siquiera tenía ni biblioteca ni librería, con lo cual la transmisión oral era muy importante. Y fue en ese mundo arcaico, ese universo de leyendas y cuentos al amor del fuego de los 'calechos', donde se forjó su pasión por las palabras, por las palabras escritas. Esa literatura, donde se mezcla la realidad imaginaria y la vivida, esa literatura surgida al calor de las palabras, es, en su opinión, la que más le gusta y la que trata de transmitir.
En este sentido, León –tierra de 'calechos' y 'filandones'- es, a su juicio, la provincia con más densidad de escritores de enorme valía. "Todos tienen un fuerte arraigo con su tierra, a pesar de que casi todos residen en otras tierras (Luis Mateo Díez, JP Aparicio, JM Merino, Pablo Andrés Escapa, Raúl Guerra Garrido, Julio Llamazares, Roberto González Quevedo, Andrés Trapiello, Antonio Colinas, JC Mestre, etc.). Creo que hay un rasgo común a todos ellos, todos escriben sobre una tierra (leonesa o no) que sienten como depositaria de la memoria". La memoria como fuente literaria de primera magnitud.
Respecto a los lazos entre Laciana y su vecina Asturias (mapas afectivos en los que se mueve Armando) siempre han sido familiares. Y, a lo largo del siglo XX, "la minería en Laciana fue incrementando su importancia", recuerda él, de tal modo que esta comarca leonesa necesitaba abundante mano de obra foránea, "porque los lacianiegos se negaron a proletarizarse en las minas", matiza el coautor de 'Mina de palabras', volumen en el que también participa, con dos poemas, el Premio Cervantes Antonio Gamoneda.
"Llegaron gentes, entre ellos mis padres, venidos de los concejos aledaños, sobre todo de los asturianos, por lo que en los años setenta los emigrantes asturianos son la mayoría. Por tanto, la relación es muy estrecha. Más tarde llegaron otras oleadas migratorias, portugueses y caboverdianos, que también dejaron su marca en el valle".
"Luis Mateo Díez, JP Aparicio, JM Merino, Pablo Andrés Escapa, Raúl Guerra Garrido, Julio Llamazares, Roberto González Quevedo, Andrés Trapiello, Antonio Colinas, JC Mestre, etc. tienen un fuerte arraigo con su tierra, a pesar de que casi todos residen en otras tierras. Creo que hay un rasgo común a todos ellos, todos escriben sobre una tierra (leonesa o no) que sienten como depositaria de la memoria".
En lo referente a la minería, cree que ha sido una actividad muy breve, porque en la actualidad, en todas las cuencas mineras, ha venido el vacío, el abandono, la soledad. "De momento todavía están las jubilaciones sujetando el entramado social, pero el mañana no lo veo nada halagüeño", muestra con realismo este autor, que, entre sus variados trabajos a lo largo de la vida, cabe resaltar que llegó a ser minero, 'rampleru', un trabajo que le ha dejado una profunda huella, el que más, de todos los que ha ejercido, según él, tanto es así que hizo su tesis doctoral sobre la minería y escribió 'Nómadas', un volumen de carácter autobiográfico, en gran medida, cuyos personajes principales son un universitario (acaso su álter ego) y un inmigrante caboverdiano. "una historia minera que se aparta del canon marcado por 'Germinal' (huelgas, represión, accidentes, muertes, hambre, etc.)".
Una vida aventurera como preámbulo para la creación literaria
Aparte de minero fue comercial, mecánico, camarero, marino, lector de español en Viena, incluso monaguillo. Una vida apasionante, aventurera, lo que sin duda ha estimulado su labor de creación porque "haber tenido varias experiencias laborales da una visión más completa del mundo –apostilla-, y también de la escritura porque no cabe duda de que se puede hablar con más exactitud de lo que se conoce que de lo ignorado".
Tal vez por eso, Armando es devoto de "tres tullidos geniales de la literatura española: Cervantes, Quevedo y Valle-Inclán", grandes escritores que "salieron de la torre de marfil de los artistas y se embarraron de realidad, conocieron de primera mano cómo es el mundo".
Una vida interesante no lo convierte a uno en creador per se pero sí sirve como nutriente para poder elaborar una obra, acaso más consistente, porque la realidad suele superar cualquier ficción.
Después de desempeñar estos diversos trabajos por el mundo adelante, en la actualidad ejerce como profesor de Literatura en el Instituto Alfonso II de Oviedo. Y está convencido de que la creación literaria en las aulas es muy importante "porque estimula las habilidades artísticas para sacar a la luz el genio que todos llevamos dentro. Además, fomenta claramente la lectura... Y la escritura creativa se fundamenta en la lectura".
No obstante, también es consciente de que a menudo la tarea de los profesores de Literatura consiste en transmitir la historia de la Literatura, sin adentrarse en la creación. "Prueba de esto es que en la Asociación de Escritores de Asturias sólo estamos dos profesores de Literatura, hay más médicos y abogados. La causa de esta deserción puede estar en el respeto reverencial con que nos hicieron ver los textos literarios, lo que los convierte en sagrados, intocables. De ahí que pocos profesores se atrevan con la creación", señala Armando, que estuvo de presidente de esta Asociación de Escritores de Asturias durante dos años.


lunes, 16 de octubre de 2017

Entre nacionalismos y fuegos

Entre nacionalismos y fuegos, estamos literalmente achicharrados. Tal pareciera que fuera a llegar el fin del mundo, al menos de esta Tierra, que, a este paso, acabará reventando, sin duda. Y nosotros con ella. Nosotros, o quienes aún permanezcan en pie, que hacen falta arrestos para permanecer en pie.
Una tragedia, la cantidad de fuegos que nos han metido en el cuerpo en un abrir y cerrar de ojos. Qué barbaridad. 
Hoy creía que Ponferrada nunca amanecería, cubierta como estaba por el humo, espesa como nunca la había visto en mi vida, ni cuando aquellas nieblas y neblinas que hacían temblar al misterio. Pues hoy ha sido aún peor. Un rostro apocalíptico, que nos hace estremecernos, de pena, tristeza. Un panorama que me ha hecho recordar el monstruoso atentado de las Torres Gemelas neoyorkinas, cuando se vinieron abajo después de los impactos sufridos. 
Realmente, se le caen a uno los ánimos al suelo. Y se desmorona el latir vital. 
¿Cuándo acabarán, de una vez, con la quema de la naturaleza, de nuestros bosques, de nuestro hábitat natural? ¿Cuándo? No saben que, cuando arde la naturaleza, nosotros ardemos con ella, se nos va la vida, nos quitan oxígeno, nos calcinan las ilusiones. 
Nuestro noroeste verde y hermoso, nuestro espacio afectivo, se torra por doquier. Dan ganas de llorar. Ojalá pudiéramos llorar como lluvia que apagara todos los fuegos. Llorar como un gran río que, con sus aguas, aplacara tan desatino incendiario. Ojalá pudiéramos llorar como una amplia y nutriente lluvia para poder sentir el mundo con ilusión. 
Y qué me decís de los nacionalismos, que nos vuelven ensimismados, egocéntricos, como si nos creyéramos diferentes al resto de nuestros semejantes, humanos, demasiado bestiales, en muchas ocasiones, a lo largo de una historia, que tiende a repetirse bajo las mismas barrabasadas. 
Hoy me siento cabizbajo, con ánimo abatido, con la sonrisa congelada. Y mañana, quién sabe. Seguiremos entre nacionalismos absurdos y fuegos matarifes, que nada bueno nos depararán. 
El mundo se ha vuelto loco. 

martes, 10 de octubre de 2017

La fragua literaria leonesa: José García Alonso

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LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

José García Alonso: "Me gusta el trato con las palabras, es una relación tensa, que va de la angustia a la satisfacción y viceversa"

Manuel Cuenya | 10/10/2017 - 13:22h.

El poeta y prosista José García Alonso, autor de 'Formas de seguir abrazando', continúa trabajando en sus poemas e intentando rematar un libro de cuentos.

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"El ataúd de mi abuelo estaba en mitad de un pequeño saloncito. Aunque eran las doce, y el sol gritaba en la calle, la luz allí era escasa, mortecina, como si alguien hubiese querido adelantar el reloj en busca del crepúsculo para darle a la mañana la apariencia de la tarde que expira. Las ventanas estaban cerradas, semiocultas tras la transparencia de unos visillos festoneados y blancos, y olía a una mezcla de sudor y llanto y también a almendras y café. Una foto del abuelo miraba a la concurrencia desde los pies del ataúd y sonreía. Cuando entramos en la habitación sólo había mujeres y silencio. Mi abuela ocupaba un sillón tapizado de escay. Era de cuerpo rollizo y mofletuda y tenía unos ojos que parecían estar siempre escupiendo. Al mirarme sentí que me manchaba y me eché a temblar. Ya era hora, le dijo mi madre, y se agitó en el sillón. Las carnes de la cara se le movieron durante unos segundos como si hubiera relinchado. Mi madre puso su mano en mi cabeza y, con ademán cariñoso, me alborotó el pelo. Ve fuera, me ordenó.
Yo salí hasta la puerta de la casa, con la cabeza gacha, para encontrarme de bruces con el sol.
Lo miré fijamente un instante, porque me gustaba sentir la sensación de ceguera que provoca su visión directa, y la esperé allí, sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la pared de piedra, apuntando en mi libreta la palabra bayo, porque entonces tenía afición a buscar palabras en el diccionario Everest, y ya me duraba el gusanillo desde las últimas navidades"
(José García Alonso, 'Libro de familia (4)', incluido en su libro 'Formas de seguir abrazando')
Poeta y prosista, nacido en La Cabrera, José García Alonso se crió, como tantos hijos de la emigración de los años sesenta y setenta, según él, en Valladolid. Luego vivió durante algunos años en Extremadura y otros tantos en la cuenca minera de Laciana, en concreto en Villablino. Y ahora, desde hace apenas tres años, vive en Ponferrada, aunque reconoce que siempre ha estado, de una u otra manera, cerca del Bierzo, sobre todo por vínculos familiares y afectivos.
"Me gustan las ciudades pequeñas para vivir. Ponferrada es una pequeña ciudad, pero también lo es, por más que pueda ser varias veces más grande que Ponferrada, Valladolid; no encuentro demasiada diferencia entre una y otra, las hay, pero en el día a día no se notan demasiado. Hay un excelente poema, 'Ciudad de ceniza', del poeta Álvaro Valverde, que arranca con un precioso verso que dice 'Una ciudad es todas las ciudades'. Comulgo plenamente con ese verso, con ese poema, que creo recordar que está incluido en su libro, que recomiendo, 'Mecánica terrestre'", aclara José García Alonso, que ha recibido algunos premios literarios, aunque cree que  no han tenido ninguna trascendencia sobre lo que escribe. Y tampoco les da más importancia de la que tienen, "los míos muy poca... Pero en este oficio solitario, además de las opiniones y críticas de amigos y amigas que también se dedican a esto, a veces sientes la necesidad de que te midan la fiebre personas desconocidas. Los premios, en mi caso, han funcionado como pequeños termómetros".
De este modo se ha ido configurando su modo de ser y estar en el mundo, a través de su mirada poética. "A todos esos sitios les debo parte de lo que soy, me palpo en ellos, de todos tengo algo, todos son un poco parte de mí", afirma José, que siente un especial cariño por su tierra natal, Pombriego, porque para él es memoria, "que no de otra cosa estamos construidos", apostilla, esa memoria que siempre estuvo presente en la cocina de su casa, en las comidas familiares, "en las que tantas historias y vidas se han repasado y repetido. La memoria que uno rastrea para encontrarse con sus orígenes, con una geografía que se impone y marca lo que fuimos y lo que somos, una memoria llena de dignidad ante la injusticia, una memoria, en cierto sentido, de la pobreza", rememora el autor de 'Formas de seguir abrazando', su ópera prima, libro conformado por textos en prosa y en verso, aunque los textos en prosa, a su juicio, tengan también una carga poética importante, "de ahí que el libro se haya publicado en la colección de poesía de Alcancía", matiza, consciente de que, para este volumen, hizo una selección de lo que él consideraba firme, poemas y textos que surgieron en momentos y circunstancias diversas, "algunos muy alejados ya en el tiempo".
En todo caso, en este libro aparecen todos aquellos temas que siempre le han interesado, sobre los que siempre ha escrito, a saber, la memoria, el dolor y la pérdida, la dificultad que entraña crear. Todos ellos aunados por un nexo o decir común.

viernes, 6 de octubre de 2017

El sueño de la sinrazón y el absurdo

El sueño de la sinrazón y el absurdo produce monstruos, pesadillas recurrentes, reales y crueles como la vida misma, en este escenario herido, fracturado, dividido, a tenor de lo ocurrido en Cataluña, a resultas de lo que sigue pasando en la tierra de Josep Pla (magnífico su Cuaderno gris), que en realidad es como decir en toda España, porque algunos, al menos, nos sentimos de acá y de allá.
Contaba el hispanista Ian Gibson (especialista en la obra de Lorca y Dalí) que España es un país fantástico pero no es la gran España con la que sueña porque actualmente le está produciendo pesadillas. 
Nunca entenderé los nacionalismos, ni de una parte ni de otra. Más que nada porque siempre conducen a conflictos virulentos, a  guerras. Y deseo, deseamos vivir en paz. 
Tuve la ocasión de asistir, el pasado mes de julio, a altercados en Israel, entre palestinos musulmanes e israelitas judíos. Y me quedó el alma en vilo. Joder, parece que nosotros fuéramos por el mismo camino. Qué difícil resulta convivir en este mundo caótico, loco, que revienta como una granada por doquier, que hace de su religión su verdad, de su bandera su patria, de su lengua su mundo, de su política su coto privado.  
Este país, aún con las huellas sangrientas de la Guerra Incivil y la posguerra fratricida y hambrienta, no tiene remedio (ojalá lo tuviera), porque éste, como nos dijera el Nobel Cela, es un país de cabestros (lamento emplear este término, pero es lo que somos, o al menos, lo parecemos). 
Cierto que no todo el mundo es cabestril (no conviene generalizar, eso nunca) pero esa es la imagen que estamos dando, dentro y fuera de nuestras fronteras (cada día, que pronuncio la palabra frontera, me echo a temblar, cuántos muros y obstáculos... para cuatro días que vivimos). 
Digo que somos cabestriles porque nuestros políticos, nuestros mandatarios, son fiel reflejo de nuestra sociedad. Qué nadie se escandalice. Nosotros les votamos (bueno, yo ya dejé de votar en las pasadas elecciones, lo siento, por no haber ejercido mi derecho democrático, aunque siga creyendo en la democracia como el menos malo de los sistemas). Así que tanta culpa tiene el que mata como el que tira de la pata. 
En todo caso, quiero aclarar que el pueblo es quien siempre recibe las hostias de arriba, y de abajo, mientras que los poderosos se quedan en su cuarto de la salud, como si no hubieran roto ni un plato, cínicos que son. 
Todo apunta a que seguimos viviendo enquistados en este país caínita, terrible por momentos, aunque pensábamos (qué ingenuidad) que habíamos alcanzado la madurez democrática. Pero la Transición es como quien dice de ayer. Y Tejero, con sus colegas militares, casi nos vuelve a poner los huevos de corbata en 1981. Qué historia, la nuestra.  
El resto de países 'desarrollados' (que también tienen sus vicios y perversiones, claro) nos miran ahora como con ojos de desconcierto. ¿Pero qué está pasando en la piel de toro tendida y bocabajo... adonde vamos a torrarnos al sol? Qué alguien me lo explique. ¿Qué ha ocurrido en este país de paisitos, esta nación de naciones, que parecía haber salido del franquismo, del fascismo, y ahora la vemos envuelta, otra vez, en asuntos turbios, sin una solución, al menos a corto plazo? Porque aquí nadie quiere bajarse de la burra, ni del burro. 
Unos defienden la unidad sacrosanta de España, o la unidad, sin más cera que la que arde, mientras otros hacen cortes de mangas a la Constitución, a la unidad, a lo que se les ponga por bandera. Y reivindican sus derechos a ser estado independiente, ahora que hemos/han construido la Unión Europea (bueno, Inglaterra también va a su puto rollo). Cada cual empecinado en sus trece. Y así no vamos por buen camino, porque hay más de dos millones de catalanes y catalanas que no se sienten españoles, que no quieren serlo (se ha sembrado el odio en sus escuelas, en sus estamentos... quizá sí, pero ahora habrá que limar esas asperezas, ese odio, casi siempre irracional, desmedido, también algunos españolitos y españolitas sienten rechazo a lo catalán, puro cainismo), aunque se les quiera meter en vereda (ya sea por la fuerza o en el mejor de los casos por la ley, con la Constitución en la mano). Decían en mi pueblo que "moro por fuerza nunca buen cristiano". Así que el refrán o dicho puede ser válido para esta situación. 
Necesitamos razón, luz (que alguien arroje luces sobre las sombras) que nuestros políticos, los jefes de la manada, los que guían el rebaño, no sean tan "túzaros", tan mediocres. Y no nos metan en un conflicto que la mayoría, al menos, no queremos, porque deseamos un país libre, en el que podamos expresarnos, un país en el que podamos convivir en paz y en armonía.  

Goran Bregovic en Lugo

Lugo se vistió con sus mejores galas, en este caso musicales, gracias a la presencia del músico serbio Goran Bregovic, que actuó el pasado miércoles, con motivo de las fiestas de San Froilán, unas fiestas que se celebran por todo lo alto en esta capital galega. 
Aunque sea la suya, y la de su banda, una música festiva, propia para estos menesteres, me parece un lujazo que este músico y compositor (al que no es la primera vez que veo/escucho en concierto) haya venido a Lugo de un modo gratuito (para quienes tuvimos la ocasión de asistir a su actuación, claro está). 
En cuanto me enteré, no dudé ni un instante en acudir a la cita. Y para allá que me fui en una noche harto templada, con no demasiada gente, aunque el concierto, insisto, no costara ni un euro. 
Bregovic con su banda

Sabemos que aquello que no es mediático (y Bregovic quizá ya haya pasado a otro estadio, acaso nunca fuera del todo mediático, a pesar del cine, que tiene una excelente proyección internacional) no atrae a la masa, que prefiere corretear de un lado a otro en busca sabe dios qué. 
En fiestas todo se resuelve por la vía del barullo, las tómbolas, los chiringuitos y los bares... Y un concierto, salvo que lo de alguien que está en la cresta de la ola mediática, no convoca a las masas. No obstante, sí hubo un público entregado. En primera fila estuvieron dos italianas (se presentaron ellas, al parecer estudiantes Erasmus) como fieles devotas de Bregovic y su música. 

Sus conciertos son siempre algo grandioso, aunque en esta ocasión no vistiera su singular traje blanco (portaba una chamarra larga de invierno, que no se quitó en todo el concierto, aunque la temperatura fuera muy agradable) y sólo viniera en compañía de seis músicos (magníficos, todo hay que decirlo) y dos voces o cantantes búlgaras ataviadas con sus característicos trajes tradicionales.  
Voces búlgaras

Lo digo porque en algunos de sus espectaculares conciertos hemos llegado a ver sobre el escenario a un montón de músicos, lo que resulta apoteósico y una gran fiesta para los oídos, para los sentidos, para el espíritu, en definitiva, porque su música provoca auténticas sacudidas emocionales en quien lo escucha. 
Su música invita a danzar, haciéndote entrar en trance. Sus sonidos balcánicos, gitanos, nos unen y religan con nuestra música gitana. Incluso llegó a tocar alguna melodía con sabor español y/o mexicano. Y, aunque Bregovic parece no hablar castellano (hizo las presentaciones en inglés), también pronunció algunas palabras en lengua española.  
Es el gran mecenas y portavoz musical de la música gitana, aunque la propia etnia gitana le haya reclamado el haberse apropiado de melodías tradicionales, como es el caso de 'Ederlezi', incluida en 'Tiempo de gitanos', la película de Emir Kusturica (con quien tantas bandas sonoras hiciera Bregovic). 
En cualquier caso, 'Ederlezi', pertenezca o no al folclore balcánico, es una gran belleza, que tuve el placer inmenso de escuchar, una vez más, en vivo y en directo. Y eso me ha colmado de felicidad. En el repertorio no faltaron las consabidas melodías que lo han hecho mundialmente famoso como Kalashnikov. 
Seguiremos pendientes de sus actuaciones. Y escuchando su música: un nutriente para el alma. 

martes, 3 de octubre de 2017

La fragua literaria leonesa: Alfonso Fernández Manso

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Alfonso Fernández Manso: "La literatura y el arte me han enseñado a ser iconoclasta y disidente"

Manuel Cuenya | 03/10/2017 - 13:41h.

El polifacético Alfonso Fernández Manso, autor de 'Viaje a una provincia invisible' y numeras publicaciones en el ámbito de la investigación, está trabajando ya en el que será su segundo libro, un retrato de la sociedad actual, de sus contradicciones y sus sinsentidos.

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Alfonso Fernández Manso. Foto de Manuel Cuenya.
«Creo que no hay duda, la cereza tuvo que ser el fruto del Paraíso. Sólo una cereza podría haber llevado a Adán y Eva a desobedecer los designios divinos: «Si coméis los frutos del árbol de la ciencia del bien y del mal moriréis». Eva viendo que aquellas cerezas eran «deliciosas para comer y sublimes a los ojos» no pudo dejar de pecar. La cereza es el fruto más precioso de la creación y, por tanto, una insoportable tentación. Los primeros tiempos fueron ya tiempos de cerezas.
Pero ¿por qué Eva no pudo soportar la tentación? Sencillamente porque la cereza es el fruto perfecto. Su pulpa es suculenta, carnosa y crujiente. Su sabor es un perfecto equilibrio natural entre lo agrío y lo dulce, cuando este equilibrio se rompe el premio es una dominancia de un dulzor agradable y seductor...»
(Alfonso Fernández-Manso, 'Tiempo de cerezas', incluido en 'Viaje a una provincia invisible')
Investigador, docente, filósofo, creador, viajero, Alfonso Fernández-Manso es vallisoletano del Bierzo, ciudadano del mundo, que recorre como trashumante o nómada, y aun como un peregrino de otrora, como aquellos vagamundos que, a lo largo del camino, se quedaban, durante meses o años, a vivir y trabajar en diversos lugares.
Alfonso lo recorre con entusiasmo, como un modo de vida, porque lo importante del viaje no es el destino sino el propio trayecto.
Después de viajar por todos los continentes, incluida la antípoda neozelandesa, regresa a la comarca del Bierzo, "siempre estoy volviendo, siempre me estoy marchando. Una relación intensamente dialéctica con este territorio", dice él mismo, para seguir imaginando e inventando, para seguir transmitiendo y comunicando saber, para seguir construyendo, desde la Universidad de León, pero también desde su aldea global (Labaniego), un mundo mejor y más habitable.
Analista de la realidad de nuestro tiempo y filósofo de la transmodernidad, Alfonso siempre está en constante búsqueda de la belleza y la verdad.
Por eso, la escritura creativa, que le permite abrazar al mundo desde otras perspectivas, es un complemento a su labor docente e investigadora, "muy específica y disciplinar". En todo caso, está convencido de que todas sus actividades se retroalimentan muy positivamente.
"Los generalistas, los renacentistas, los polifacéticos no son ni demasiado bien vistos ni entendidos en esta sociedad de especialistas y expertos. Pero el pensamiento, la reflexión profunda, necesita integrar múltiples perspectivas, precisa mirar al mundo desde la transdisciplinaridad. El generalista siempre es contracultural, herético, heterodoxo, incómodo. La literatura y el arte me han enseñado a ser iconoclasta y disidente. La literatura finalmente me ha alejado de la mediocridad, me ha salvado", reflexiona este artista, habida cuenta de que, durante algunos años, se ha dedicado a realizar diversas exposiciones relacionadas con el arte contemporáneo: pintura, vídeo, cerámica, diseño... como, por ejemplo, 'Fahrenheit2010. Ensayos sobre la temperatura de las distopías', donde se plantea: ¿a qué temperatura arde la libertad? ¿Y los ecosistemas? ¿Y la dignidad? Incluso se cuestiona: ¿a qué temperatura se destruye el espíritu humano?, lo que nos devuelve  a la barbarie de Auschwitz, en cuyos hornos crematorios se calcinó el alma de muchos seres humanos, lo que nos sigue produciendo espanto.
"La creación artística me acompañó desde muy joven. Pero creo que, como decía Oteiza, para qué jugar con la pesada materia, con el espacio, si finalmente, en una hoja en blanco, impoluta, se puede expresar lo mismo. Mi actividad como escritor es una evolución de mi actividad como artista", argumenta el autor de 'Viaje a una provincia invisible', libro que presentará el viernes 20 de octubre, a las 19 horas, en el Musac de León.
"Los generalistas, los renacentistas, los polifacéticos no son ni demasiado bien vistos ni entendidos en esta sociedad de especialistas y expertos"
Alfonso reconoce la inspiración sobre todo de tres autores a la hora de componer su libro de artículos sobre el Bierzo, a saber, Gil y Carrasco con 'Bosquejo de un viaje a una provincia interior', Raúl Guerra Garrido con 'Viaje a una provincia interior' y Valentín Carrera con su 'Viaje del Bierzo' y 'Viaje interior por la provincia del Bierzo'.
"Recuerdo cómo un párrafo de 'Viaje a una provincia interior', de Raúl Guerra Garrido: 'El sabor del Noroeste. Inspiré ávido y el aire de El Bierzo me supo una vez más a Noroeste (...)', me sirvió para pensar el lema de la preciosa campaña publicitaria que diseñó Salvi: 'El Bierzo. La Esencia del Noroeste'".
Cuenta que 'Viaje a una provincia invisible' se suma a esa tradición de viajar a esa provincia del Interior, el Bierzo, en un intento por reflexionar sobre la belleza de este territorio, una belleza que parece perderse sin que a casi nadie le importe, señala categórico.
Asimismo, "el libro es un intento desesperado por sensibilizar sobre el fin de una cultura y unos paisajes preciosos al borde de la extinción... y un homenaje a las gentes y asociaciones de la contracultura que quieren y defienden la comarca. Los que todavía luchan desesperadamente por conservar sus árboles, sus palabras, sus ríos, sus cultivos, su fauna, su aire", aclara su creador, cuyo inicio ya resulta significativo: "Todo lo importante como las raíces es invisible, se escapa a la mirada. La Provincia que te animo a visitar en este libro suele escaparse a los ojos que no están atentos.  El viaje que te propongo te llevará a las minúsculas aldeas de la España menguante,  te mostrará la belleza de sus horizontes, te revelará su emboscado mundo natural, misterioso y secreto".
Esta es la pretensión de Alfonso, intentar llevar a sus lectores y lectoras a ese Bierzo Invisible, intangible, el Bierzo como punto de partida para entender también otros lugares, otras comarcas, porque "todo lo visible descansa sobre un fondo invisible; lo que se oye, sobre un fondo que no puede oírse; lo tangible, sobre un fondo impalpable", según Novalis, a quien rememora Alfonso.
Tanto el periodista y escritor David Rubio como la periodista y escritora Noemí Sabugal han elogiado 'Viaje a una provincia invisible'.
"...invita al lector en este libro a acompañarle en un recorrido por una provincia invisible que es la suya y es la tuya, que es ésta y que son todas. Alcanzar lo universal desde lo local", escribe el director de 'La Nueva Crónica', David Rubio, a propósito del volumen de Alfonso.
"Su punto de vista es local y global, científico y poético, ensimismado y crítico. En eso Fernández-Manso sigue la línea de Humboldt y de otros a los que influyó: desde Henry David Thoreau hasta el escritor romántico Enrique Gil y Carrasco, cuyo Viaje a una provincia del interior inspira el título elegido para esta recopilación de columnas. Viaje a una provincia invisible", nos cuenta Noemí Sabugal.

domingo, 1 de octubre de 2017

Muerte en una España convulsa

Este viernes asistíamos, en el útero de Gistredo, al entierro de la madre de buenos amigos. Y eso nos ha entristecido. Lo digo en plural porque no es sólo mi sentimiento sino el de mucha gente que conocía y quería a Angelita, una mujer que vivió por y para su familia, para sus hijos, una vecina ejemplar, buena gente. 
Y cuando fallece la buena gente, uno se queda con mal cuerpo, con la emoción abatida, con la sensación, una vez más, de que el invento dios (¿por qué no podría ser una diosa en el cristianismo?) es una quimera, una tomadura de pelo, porque ni dios ni diosa querría, en su buen hacer, que una persona, sobre todo si es buena (tal y como entendemos ese término en nuestra cultura) se fuera cuando aún podría vivir unos años más, disfrutando de su gente más querida, porque de la muerte no nos salva ni dios, acaso porque la muerte es la única certeza que tenemos, la única cruel certeza. 
Cada día creo menos en farsas. Cada día me estoy volviendo más descreído. El rollo religioso es eso: un rollazo. Pero uno acude a los funerales como acompañamiento, para arropar a los familiares. Por fortuna, en esta ocasión la misa la ofició José María, el que fuera cura en Noceda hace unos años. Un hombre a quien tengo estima porque, más allá de ser cura, me parece una persona cercana, acogedora.  
Siento que el tiempo vuela, que sólo tenemos esta vida para poder saborearla (sobre todo ahora que León está llamada a convertirse en capital gastronómica de España, ojalá se cumpla). Sólo tenemos ésta. Y lo demás son cuentos inverosímiles. Así que la tristeza se ha adueñado, una vez más, de los corazones de la gente de Noceda del Bierzo, que, a este paso, quedará despoblada en un horizonte no muy lejano, en menos que canta un gallo. Aquí, como en los cuentos del mexicano Rulfo, todo es muerte y fantasmagoría. La alegría se muestra por cuentagotas. Y ni siquiera. Bueno, me consuela que, este finde, nos hayamos visto y reunido algunos grandes amigos. Unos paseos y unas charletas al amor de unas cervezas y unos pinchos son momentos agradables, que mitigan en cierto modo el dolor por la muerte de un ser querido, como es la madre de Raquel, Ricardo, Alfredo y Carlos, a quienes les mando todo mi afecto. 
Todo este sufrimiento (aunque me resisto a ver la vida como valle de lágrimas, a ver la vida como un drama, que también lo es) en el marco de una España dividida (este país, o como se quiera llamar, no tiene arreglo, miedo me siguen dando las huellas sangrientas y fratricidas de la Guerra Incivil y aun la posguerra). Y pena, mucha pena, lo que está ocurriendo en Cataluña. Se redobla la tristeza por los centenares de heridos (quizá algún muerto también, no lo sé) en el día de hoy. La violencia no engendra nada bueno, salvo más violencia. 
Por eso, la risa, el humor, es fundamental para ver la vida con otros ojos, para relativizar, la risa como algo que puede cambiar las cosas, asegura Mari Cruz García Rodera, paisana de Folgoso de la Ribera, fundadora de la primera escuela de Risoterapia en Barcelona a nivel mundial, tal y como recoge la magnífica periodista Mar Iglesias en una entrevista que publica hoy mismo La Nueva Crónica. 
Pero qué difícil resulta reír (incluso sonreír) cuando el mundo se tambalea (ya sea por malas gestiones políticas, gubernamentales, como bien sabemos, ya sea por huracanes (pobre Cuba...) o terremotos (qué pena, Mexiquito lindo y querido, cuánto lo siento, cuánto siento que te vengas literalmente abajo, con tanta gente muerta y herida). Y no digamos si arrojamos la vista a África, ese continente en permanente conflicto, asolado por la hambruna y las enfermedades, en manos de corruptos al por mayor. El mundo entero está hecho un asquito. Y ante tal panorama no resulta nada fácil hacer corazón de tripas (o viceversa). Y nuestra risa (y sonrisa) se quedan a menudo congeladas al sereno escarchado de estos tiempos de posmodernidad y barbarie, muerte y nacionalismos, religiones absurdas y políticas surrealistas... al final, es el pueblo el que recibe las hostias, aquí y allá, mientras los peces gordos se relamen los dedos en sus poltronas. Un absurdo kafkiano (la propia vida se revela absurda por instantes, y Kafka era un tipo de una extraordinaria lucidez) que no es capaz de arreglar ni dios bendito. Ni confesados nos salvamos de la quema. 

martes, 26 de septiembre de 2017

La fragua literaria leonesa: Manuel Fuentes Martínez

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LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Manuel Fuentes: "Me entusiasma Milan Kundera, con su tremenda carga de pensamiento"

Manuel Cuenya | 26/09/2017 - 13:55h.

El músico y poeta Manuel Fuentes Martínez, autor de 'Diario de mi mentira', está ahora totalmente volcado en la escritura de su segundo y tercer libros, en los que reflexiona sobre la muerte y todo lo que la rodea, desde dos puntos de vista distintos.

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Soy las miradas,
esas que ven más allá de las nubes,
la luna
oculta,
idiota y vergonzosa,
tras mil capas.
Y no entiendes,
que tengo la ingeniosa habilidad
de ser el humo de ese porro
que te coloca,
que suave como un suspiro
roza tus labios y boca,
escapa al aire
y allí,
flota.
Nunca viste
mi cuerpo desnudo,
mis tatuajes
esos de los surcos más profundos,
por los que corre
una tinta
más pura que la de mis venas,
que escupo en borrones
y deshago en letras.
(Manuel Fuentes Martínez, 'Oda a mí mismo', poema incluido en 'Diario de mi mentira)
Músico y poeta, Manuel Fuentes, que en su momento llegó a formar parte del proyecto #Plataforma, es una de las jóvenes promesas del panorama literario leonés, que empuja con fuerza sobre todo en la capital provincial, donde están surgiendo nuevas voces, tanto en la narrativa como en la poesía.
Aunque nacido en Santander, su madre es originaria de un pueblo de la ribera del Órbigo y su padre de Béjar (Salamanca). La ribera del Órbigo ha sido, y sigue siendo, en su opinión, la casa de los veranos de su infancia. Y ya sabemos, desde que nos lo dijera el poeta Rilke, que la infancia es la única patria verdadera, la época que en cierto modo configura nuestro ser. La infancia como patria común de todos, en palabras de Delibes, tal vez por eso nos identifiquemos de inmediato con un personaje infantil. Recuerdo ahora, por ejemplo, el personaje de Trino, que aparece en un magnífico relato, 'El silencio del mirlo blanco', de la autora leonesa Laly del Blanco Tejerina, que también es una gran promesa de la literatura que se está haciendo en la tierra.
Asimismo, Manuel reconoce que León, tanto la capital como el resto de la provincia, tienen un hueco entre sus apegos, según él, entre sus afectos.  "León ciudad recoge y expresa ese otro hogar, que he moldeado yo, en el que he crecido, como persona y autor, donde he escrito casi toda mi obra literaria, donde he descubierto mi propia lengua, me he abierto al mundo y he decidido liberar mi palabra. Sus calles, plazas y bares, que confrontan tranquilidad y vida, tienen el símbolo del hogar en mis ojos", se expresa con sentimiento este joven creador, que en el fondo se siente ciudadano del mundo.
En León comenzó cursando estudios de Ingeniería Aeroespacial en la Universidad de León, aunque recientemente ha decidido darse un respiro, aparcar por un tiempo la carrera y ahondar en su propio desarrollo personal, estudiando Filosofía, aclara él, lo cual le ayudará a buen seguro a profundizar en el conocimiento humano que redundará sin duda en un buen hacer poético, literario.
"Todo el lirismo del piano, mi instrumento, lo vertí en el papel con total y absoluto desconocimiento, dejándome guiar sólo por un criterio musical que es propio a mí mismo. Y prácticamente en el mismo estado, es como escribí mi primer libro"
Me resisto, resigno y existo
a una mera melodía.
En tintes de jazz cautivo,
un alma mira a otra a la deriva.
Silva incauto el corazón
en un perdón que rompe;
pero estalla el clima
y busca la razón allí donde ésta sobre.
Soy en ella sin respiro,
que vibra preso el fluido.
Soy, en esa onda de sangre,
el temblar que quiebra al olvido.
(Manuel Fuentes Martínez, 'Tempo y melodía a Jazz', poema incluido en 'Diario de mi mentira')
Música y poesía, un tándem perfecto
Como músico, está convencido de que en su caso poesía y música van de la mano. Cuenta que comenzó, en su época de instituto, a escribir prosa poética. Y curiosamente en aquella época era un asiduo lector de novela, "pero no de poesía". La poesía le ha ido llegando a través de pequeñas gotas –matiza-, a veces por obligación (los estudios), otras por casualidad, a través de la palabra de amigos y conocidos. "Aunque conocía la forma y rima, nunca me había fijado en ellas, simplemente en el contenido. Y con esta deficiencia lectora es con la que comencé a escribir en verso. Al ser así, todo el ritmo y el tempo de mis poesías lo desarrollé a través de mi oído, de mi gran amor hacia la música. Todo el lirismo del piano, mi instrumento, lo vertí en el papel con total y absoluto desconocimiento, dejándome guiar sólo por un criterio musical que es propio a mí mismo. Y prácticamente en el mismo estado, es como escribí mi primer libro", afirma Manuel Fuentes, quien, después de su ópera prima titulada 'Diario de mi mentira', está en un proceso de lecturas, de formación, de aprendizaje, como una necesidad imperiosa, inevitable, con el objetivo de conocer, de saber cómo se expresan otras personas, cuál es su visión del mundo, que le ayudarán a desgranarse a sí mismo en su escritura, precisa.
Entre sus variadas lecturas figuran autores y autoras de todo tipo, desde novelistas, pasando por ensayistas y poetas, hasta dramaturgos. "Y cada uno guarda una parte del puzle para conformar mi escritura".
Siente mucho cariño por 'Poeta en Nueva York', de Lorca, que es un libro de cabecera para él. Pero también le entusiasma Milan Kundera, "con su tremenda carga de pensamiento; Alexander Punskin y sus imágenes poéticas; Whitman, Michael Ende, Gabriel García Márquez". Y entre sus recientes descubrimientos está Wyslaba Symborska, que lo encandiló –asegura- con su profundidad y su humor; y Juan Manuel Villalba, "al que conocí en León, en cuyas letras he encontrado un aliado poético sorprendente".
La escritura y publicación de su libro 'Diario de mi mentira', hace ya dos años, es el comienzo de un camino, según él, del que no quiere apartarse. Una experiencia que le ayudó a mostrarse ante los demás, a mostrar una faceta que poca gente conocía, a "liberar hacia el mundo mis pensamientos más profundos y mis sentimientos más intensos".
Transcurrido el tiempo, desde aquella primera obra, Manuel cree que ha madurado como autor, tanto en pensamiento como en estilo, "volviéndome cada vez más hacia mi propia visión del mundo... siento que, aunque lo que escribí es propio a mí mismo, tiene una distancia enorme con lo que estoy escribiendo ahora", señala este creador, convencido de que la poesía es algo dinámico, que cambia con el tiempo y el pensamiento de la persona. "Actualmente para mí es una tremenda expresión estética de la vida, el pensamiento y el subconsciente, integrada en el día a día".
Está en un proceso de búsqueda, de descubrimiento, sobre todo en lo referente al estilo, porque cada estilo le brinda, a su juicio, una oportunidad para expresar de una manera u otra, destacando uno u otro aspecto dependiendo de su intención. "Cada día me siento más lejano al realismo y más cercano a la poesía conceptista y surrealista", aunque él mismo reconoce que su poesía emana de sus experiencias vitales y de una profunda reflexión intrapersonal de las mismas, "intentando hablarme a mí mismo, desde lo más profundo". Una poesía que a él le resulta liberadora, en la que también tienen cabida el amor, la tristeza, el dolor...