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sábado, 29 de marzo de 2014

Aldeón lírico y digital

Estas cosas escribía uno en la pasada década. Un artículo publicado, como tantos cientos, en Diario de León (o de neón, que diría el cuate cacabelense Fermín López Costero). 

También a los bercianos de las faldas de Gistredo se nos está poniendo la jeta como una pantalla de televisión, y las orejas con aspecto de antenas parabólicas o hiperbólicas. No somos bichitos raros, nada de eso, que aquí no se salva ni el apuntador, sino que estamos muy en la línea y a la moda. La moda manda e impone gustos y/o disgustos. La moda siempre ha sido muy putera en su aspiración a la gloria.
Gistredo al fondo

            No se vayan a creer quienes viven en las grandes ciudades que, por  estar en medio de la jungla de asfalto, al borde de la crisis de nervios, respirando toxinas por toda la cañería del chasis,  ya son diferentes al resto de los mortales. Ná de ná, chavalines.
            Quienes habitan las urbes también chupan televisión por el tubo catódico del atolondramiento. Rayos y rayas de éxtasis. Incluso tragan más televisión que quienes estamos en medio de lo silvestre. Y también a ellos les han medrado las orejas de marcianito, son extraterrestres parabólicos, y sus pupilas se han dilatado hasta el punto de confundirse con atropínicos anuncios publicitarios. 

Aseguran los entendidos en la materia que la atropina o la belladona dilata las pupilas. Por tanto, que se bajen de las nubes de la estupidez y el engreimiento, y no vengan, como algunos capullines y yogurinas, presumiendo de ser distintos, haciéndose los guays y, por ende, menospreciando nuestro modo de vida, nuestra ruralidad poética, bucólica, que a lo mejor resulta que es mejor que su forma de vida... hinchada de patetismos, pero tampoco es cuestión de dorar la pava de Acción de Gracias. Que cada cual se acicale o hermosee como mejor pueda y sepa, que para todos hay en este valle de verdes y tostados.

Aunque provincianos y campestres, también tenemos nuestro corazoncito y no siempre pecamos de paletos, y de estar enchufados la mitad del día a la caja bobalicona. La curiosidad intelectual, si tal puede decirse, y la sensibilidad hacia lo bueno-bello, no es patrimonio exclusivo de los urbanitas. Hasta ahí podríamos llegar. Es más, hay gentes en las metrópolis que ni tiempo tienen para sobar y saborear eso que en nuestra civilizada suciedad se ha dado en llamar cultura. Bastante tienen los “urbanícolas” con  las horas suplementarias que a veces hacen en el curre y luego en transporte. Consumen todo el día en desplazamientos de un lado a otro. Que  esto sí es consumo de tiempo y dinero. Pero no hay de otra, cruda realidad consumista la que nos nubla las entendederas. Y así discurre la vida por los cauces purulentos de algunas urbes. Polución, ruido, ajetreo,  y sobre todo falta de tiempo, la sangre más preciada, el alimento más nutritivo, el que más me gusta. De qué me sirve vivir en una gran ciudad, si no encuentro tiempo para disfrutar de lo que me ofrece, y sí sufro sus inconvenientes como cualquier hijo de vecino.

En París hay un eslogan que dice: “métro, boulot, dodo”. Esto es, que entre metro, trabajo y dormida andan los tiros cotidianos y  se va la existencia.

Por estas altas montañas el factor tiempo intentamos sazonarlo con  pimentón casero, regodeándonos en su colorín y saborín.  Sin embargo, cada día nos parecemos más los rurales y los urbanos, porque sin duda tenemos las mismas referencias de mierda, calzamos idénticas madreñas ideológicas y vestimos los mismos trapos/harapos capitalistas,  y da igual que vivamos en el ombligo del mundo, en el útero del Bierzo, que en La Gran Manzana del huerto “estadocojonudiense”, quería decir yanqui.

La Internet y el exceso informativo/desinformativo también ha arribado a los peñascos portuarios de este Alto Bierzo. Y ahora podemos presumir, como los niños pijos o fresa, de que somos internautas, cibernautas,  argonautas e intergalácticos. Excuso decir, marinos de secano.

Las diferencias entre el ámbito urbano y el rural principian a difuminarse en este caos de ruido informativo. Un ruido que nos despista y emboba, no encontrando tiempo más que para estar esclavizados al trabajo nuestro de cada día, y en momentos de ocio, enganchados como drogatas al chingado televisor, mamando concursos y pendejadas varias, transformados en cabezas de serrín.

jueves, 27 de marzo de 2014

Palabras para Astorga



               Palabras para… En los últimos tiempos parece que nos rondaran y aun persiguieran las palabras. Hamacarse en las palabras, acostarse con ellas, es un ejercicio saludable y excitante, que a uno le sigue procurando éxtasis. Pura levitación. Como si de repente me pusiera a girar en plan peonza, véase a los derviches giróvagos, en medio del espacio interestelar. El pasado ‘finde’ se celebró el Día Internacional de la Poesía, lo que fue un buen motivo para acercarme, siempre en excelente compañía, a la ciudad de Astorga, donde se daban cita algunos y algunas grandes de la lírica leonesa, que nos deleitaron con sus versos, incluso un joven del público, que nos enganchó con su defensa de las mujeres sometidas al yugo castrador de nuestra sociedad deliberadamente machista. Esa tarde en Astorga, que también era día de reconocimiento a la mujer, se me antojó, una vez más, una gran ocasión para reflexionar sobre la poesía, que es y debería ser siempre vida, y me emocionaron algunos de los poemas que allí se “entretejieran” y leyeran, además de uno que recitara una poeta, de un modo magistral, del genio Lorca (que me sigue trastocando con su duende), o bien se cantaran, como el ya clásico ‘Palabras para Julia’, del poeta José Agustín Goytisolo, el hermano de otros grandes de la literatura en mayúsculas: Luis y Juan, sobre todo éste último, por cuya obra siento auténtica devoción. A uno, más allá de celebrar el Día de la Poesía, que es algo esencial, le gustaría vivir en un permanente estado poético, y hasta transformar lo cotidiano vulgar, la realidad grosera, que a veces nos envuelve con su fétido aliento, en algo artístico, hacer de la vida y con la vida poesía, en estado puro, ser sublime sin interrupción, como quisiera el autor de ‘Las flores del mal’, devolver vida a la literatura, como pretendiera Henry Miller, vivir, en definitiva, la poesía día a día.


               Astorga, la ciudad de la estirpe Panero, tristemente ya desaparecida, la ciudad del chocolate y las mantecadas, la cecina y el palacio episcopal, celebró por todo lo alto el Día de la Poesía. Y eso es de agradecer en estos tiempos, malos para la lírica -creo que nunca, a lo largo de la historia, han sido buenos-, donde lo que prima e impera es la dictadura del capitalismo salvaje, que todo lo traduce o procesa en dinero-mierda, la moneda de cambio con la que algunos y algunas prostituyen su espíritu (en ocasiones también su cuerpo). Como cada miércoles, éste también, me reencontraré con mi grupo de teatro maragato y pronunciaré unas palabras para… Astorga.
                                                                                                                                          
                                                                                                                            

                                                                                                                                  

martes, 25 de marzo de 2014

La fragua literaria leonesa: Vicente Muñoz Álvarez



La Fragua Literaria Leonesa
Cultura Cultura

Vicente Muñoz: "Me considero un escritor esponja, fetichista y mitómano hasta la médula"

Por Manuel Cuenya | 25/03/2014

El todoterreno Vicente Muñoz Álvarez, autor de 'Animales perdidos', está ahora con tres libros distintos: un poemario, una novela y un ensayo. El próximo sábado 29 presentará en León su obra 'Días de ruta'

"Me considero un hombre y escritor esponja, fetichista y mitómano hasta la médula, miro hacia atrás y veo todo lo que me ha arrebatado (que diría Iván Zulueta) reciclado e integrado en mí, en lo que soy, en lo que escribo y edito, desde mis muy queridas Historias de la cripta a Castaneda, de Dario Argento a Baudelaire, de Bukowski a los Ramones, de JK Huysmans a Tom Waits, de Spiderman a Céline, de Cesaria Evora a Rimbaud, de Thomas Bernhard a John Huston, de Parálisis permanente a Malcolm Lowry, de los Clash a los beatniks y de los quinquis a Blake..."
(Vicente Muñoz Álvarez, 'Días de Ruta', 'El canto de la tripulación')

http://www.ileon.com/cultura/038380/vicente-munoz-me-considero-un-escritor-esponja-fetichista-y-mitomano-hasta-la-medula

domingo, 23 de marzo de 2014

Entre el Aserejé y Ave María

Hace años me daba por escribir estas cosas. Este artículo fue publicado en Diario de León. 


            16/12/2002
Estamos entre el Aserejé, ja ja ju ju, y el Ave María purísima de los cielos, que es como decir que estamos entre la espada asesina, castigadora, doblada y el muro insalvable de la impotencia. Con este panorama musical color panza de burra menopáusica me siento como en un mundo de mierda. Ni más ni menos. La mierda nos envuelve y nos embadurna el espíritu hasta el punto de aniquilarnos. Ni espíritu nos queda. Somos cuerpos hediondos adaptados a una realidad no menos monstruosa y putrefaccionada. Y así nos luce la calavera. Se me empacha el Aserejé, dejé mojé saqué... y el «Ave María cuando serás mía...» me da como dolor de meninges. Qué sensación de vómito. La náusea regresa en los momentos supuestamente más placenteros, cuando los borreguitos danzan en el redil de las psicofonías. 
Algo de infernal debe de haber en esa canción de Las Ketchup -se llaman ketchup, vaya nombre- a tenor de la polémica que se ha levantado en los colegios religiosos de Honduras. Hay que joderse con las cancioncitas de marras. No soporto tales estupideces. Y lo malo del asunto es que en cuanto a uno le da por enchufar la televisión, que se muestra más imbécil que nunca, o la radio, ahí que te plantan la basura de turno. Y si se te ocurre salir de copas -ahora se dice salir de copas- ya puedes ponerte tapones en los oídos cual si fueras a darte un viaje en avión a las Américas, a Honduras mismamente. 
Entre el Aserejé jopé joder jodamos y el Ave María santísima nos tienen devorado el coco. Ruido cojonero que me revienta las entretelas del cerebelo. Lamento no entrar en el juego ni en la onda «moderna», modernista, veraniega. El mal gusto es un lastre que arrastramos y somos incapaces de liberarnos de él. El mal gusto impera en este reino de apijotados, del que todos formamos parte y partida. Recuperemos, por favor, la música barroca y démosle caña y cancha a Mozart, Johann Sebastian Bach, Mahler o Purcell, por ejemplo. No busquemos ni cielo ni infierno, salvo el que nos ofrece Vangelis, sino un espacio en el que nos sintamos a gusto, estimulados, encandilados, escuchando la música que nos ayuda a elevarnos por encima del bien y del mal, más allá incluso de la libertad y la dignidad. Como nos sugiere Skinner. 
Ahora va a resultar que Las hijas de El Tomate causan más revuelo que los versos satánicos de Salman Rushdie, y que sus trabalenguas ñoños invocan a Lucifer y a todos los demonios de los avernos. Ahora va a resultar que Las Ketchup son unas brujillas y/o juanas de arco a las que se les pretende chamuscar el brillo de sus cabelleras. Tampoco es para tanto. Las rapacinas y el gili que entona el mea culpa no ameritan de tales condescendencias.

jueves, 20 de marzo de 2014

Los restos de Gil y Carrasco

Que los restos de Gil y Carrasco estén o no en Villafranca del Bierzo es algo baladí, de escasa importancia, aunque algunos crean que se trata de algo heroico, extraordinario, y hasta me tachen de iconoclasta, porque lo importante, lo esencial, me atrevería a decir, es que perviva su espíritu a través de sus obras, de la memoria impresa, que es en verdad lo que debería movernos a unos y otros. Por tanto, dejémonos de milongas y de monumentalidades, porque más allá de sus restos, de los cuales no deben quedar ni las ‘farraspinas’, convido a los presentes a releer su obra al completo y empaparnos con la fuerza romántica y viajera de su duende, que esta sí es una buena y sana manera de rendir homenaje y dar a conocer a un grande de nuestra literatura pasada, presente y futura, sobre todo ahora que se avecina su bicentenario.

Se sabe que a Gil y Carrasco lo enterraron en Berlín Oriental, en el llamado cementerio de Santa Eduvigis, y que éste quedó literalmente arrasado por el muro, con lo cual no debieron conservarse ni los huesos de nuestro ilustre literato. Pero el fetichismo, y la mucha imaginación, logran a veces lo imposible, o lo posible, porque la materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma, y la materia gris de nuestro genio de las letras acabó misteriosamente en su tierra natal. Qué maravilla. En todo caso, y aun suponiendo y creyendo que esto fuera así, que los restos de nuestro héroe romántico hubieran sido rescatados de la tierra santa de Berlín y llevados a Villafranca del Bierzo, sigue sin cautivarnos, pues lo que queremos es reavivar la chispa de sus obras, darles vuelo, elevarlas a la categoría que se merece tal escritor. Por desgracia (es ley de vida, comentan), la gente se muere, nos morimos, que nadie va a quedar para cresta de gallo (dicen en mi pueblo), mas el creador de ‘Bosquejo de un viaje a una provincia del interior’ seguirá vivo a través de su obra literaria, porque la obra, una vez construida, camina por sí sola, con independencia de su autor.

Me consta que el intrépido Valentín Carrera, quien en su día hizo lo posible por adaptar al cine la famosa novela ‘El señor de Bembibre’, está pergeñando la reedición de toda la obra de Gil y Carrasco, y eso me colma de felicidad, como debería enorgullecernos a todos los bercianos (y bercianas), a tantos cuantos creen y creemos en el poder de la palabra impresa, del verbo literario. Gran labor, la que quiere llevar a buen término el autor de ‘Viaje del Vierzo’, porque de este modo logrará resucitar, una vez más, al villafranquino universal. 

martes, 18 de marzo de 2014

La fragua literaria leonesa: Miriam Alonso Rodrigues


La Fragua Literaria Leonesa
La fragua literaria leonesa la fragua literaria leonesa


Miriam Alonso: "El periodista es un mercenario, mientras que el escritor es un artista"

Por Manuel Cuenya | 18/03/2014

La polifacética Miriam Alonso Rodrigues, autora de 'Sabor euforia', está a punto de dar el golpe de gracia a una novela que irá ilustrada por una gran profesional en su campo

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Miriam Alonso. Imagen de Ginés Vera













De cuna mediterránea, lusa de madre, mestiza de corazón, Miriam Alonso Rodrigues es una narradora que nació en la capital del Turia, aunque se siente leonesa porque una parte de su familia es originaria del Bierzo, de la Ribera de Folgoso, en concreto, adonde va todos los años durante el mes de agosto desde que tiene memoria, incluso "cuando aún no la tenía estuve viviendo allí, imagínate... No quiero ni pensar que algún año no pueda perderme por los bosques bercianos, usar chaquetina en agosto, soñar bajo un puente, o mirar al cielo estrellado, en silencio, bien acompañada", evoca esta redactora, cuentacuentos y bloguera inquieta, que se reconoce en los paisajes leoneses, en "la magia de aquella tierra que me huele a libertad", sobre todo en el clima frío, que adora, aunque sus personajes estén en Londres.

http://www.ileon.com/cultura/la_fragua_literaria_leonesa/038155/miriam-alonso-el-periodista-es-un-mercenario-mientras-que-el-escritor-es-un-artista

jueves, 13 de marzo de 2014

Personas marginales

Confieso mi devoción por las personas marginales y marginadas, que están fuera del sistema y por supuesto contra el sistema caníbal que nos devora a propios y extraños, no se vayan a creer, porque hasta los peces gordos acaban ahogados en su propio dinero y poder-mierda, aunque se crean todopoderosos. Si al final, no sé si esto sirve como autoengaño o consuelo, todos acabaremos del mismo modo, porque la muerte, que es una gran cabrona y uniformiza a la especie humana en la finitud, no perdona a nadie, ni siquiera a quienes se creen inmortales. Que esto de la inmortalidad, incluso sin haber leído a Nietzsche y a otros muchos ateos en su totalidad, es un engañatolos. Y vivimos en un mundo sin dios.

         Siento devoción por los desheredados, acaso porque uno, aún sin pretenderlo, se encuentra de su lado, o bien uno acaba poniéndose en su lugar, en ese espacio/no espacio de los sin techo, los discapacitados mentales, los locos y los iluminados, las mujeres maltratadas y aun asesinadas por violencia de género. Huelga decir que también uno se pone en la piel de aquellos pobres infelices que sufren en silencio. Que de todo hay en la viña del señor (o la señora).      
         Vivimos en una sociedad hecha ex profeso para quienes se adaptan al sistema, y le sacan partido con sus trapacerías, porque “el que tranza, avanza”, que diría un cuate ‘mexica’. Y los adaptados, además de comulgar con toda la inmundicia habida y por haber, por eso mismo están adaptados, aprovechan el tirón verbenero para sacar pecho y la cabeza a flote en este revuelto mar de incertidumbres, en el que, bajo un férreo control, en ocasiones se impone el azar en forma de ciclogénesis explosiva.
         El reciente fallecimiento del poeta Lepoldo María Panero, un tipo lúcido y marginal, nuestro Artaud maragato, al que electrochocaron en vida por salirse de la raya y del redil, o bien la muerte de nuestro paisano nocedense Calvín, un santo inocente al que recuerdo con cariño, aparte de un homenaje a la mujer artista en forma de exposición fotográfica en Astorga, que podrá verse hasta finales de marzo, y corresponde a siete jóvenes creadoras, entre ellas, nuestra amiga Blanca Porro o Julia D. Velázquez, me ha hecho reflexionar, una vez más, sobre mi acercamiento y apoyo a los desamparados y desheredadas, que son quienes de verdad deberían tener voz. “Mis textos tratan de poner voz a quienes no la tienen”, dice, con sensibilidad y empatía, la narradora leonesa Sol Gómez Artega. Y eso es lo que uno desearía, ahora y siempre.


martes, 11 de marzo de 2014

La fragua literaria leonesa: Julio César Álvarez

La Fragua Literaria Leonesa
Cultura cultura


Julio César Álvarez: "En la ciudad de León hay creadores artísticos de mucha altura"

Por Manuel Cuenya | 11/03/2014

El polifacético Julio César Álvarez, autor de 'Madrugada', está rematando y puliendo su nuevo libro para entregárselo al editor y también da forma a una nueva novela que gira en torno al mundo de la música

Julio César Álvarez (Foto Manuel Cuenya)

Narrador, psicólogo, poeta, cofundador y director de 'Azul eléctrico-cultura subterránea', una interesante publicación dedicada al arte, Julio César Álvarez es asimismo coautor del retrato generacional 'Mientras el mundo cae. 50 nombres de la nueva escena cultural leonesa (2001-2009)' (Ed. Magnéticas, 2010) y autor, entre otros libros, de 'El tiempo nos va desnudando' (Ed. Magnéticas, 2009) o 'Madrugada' (Eutelequia, 2012), la novela que más sensaciones ha producido, según la opinión de sus lectores, aunque él cree que toda obra tiene algo del autor, de su estilo, de su mirada al mundo y que su mejor libro todavía está por llegar, ya sea en formato digital o como libro físico. A este respecto, Julio, que ha publicado recientemente en 'ebook' su novela 'Luz fría', cree que el formato digital convivirá con el libro tradicional, "un objeto casi perfecto, por eso no desaparecerá completamente", porque leer, en el formato que sea, es lo importante, lo decisivo, lo creativo, que diría Umbral, el mayor educador literario que ha tenido Julio en la distancia. "Leyéndolo fue como aprendí a escribir, a manejar el idioma y convertirlo en algo vivo. Estuve a punto de conocerle, pero no pudo ser. Por suerte, me queda casi todo por aprender, y cada poco encuentro una nueva voz con algo que enseñarme".




domingo, 9 de marzo de 2014

Embotillado en mar y guayaba

MANUEL CUENYA 01/03/2004
Esto escribía allá por el 2004 sobre mi primer viaje a Cuba. 
CUANDO se lea este articulín, si las diosas lo permiten y los hados están de nuestra parte, ya habré viajado a Cuba: el «Paraíso» de Lezama Lima o Lamama Mima, como le llama Zoé Valdés, esa habanera atrevida, exiliada en París, que nos ha dejado la boca con sabor a café nostalgia, café hirviente colado en una teta de yute, el olor del mar como referencia, el perfume a guayaba. O bien el infierno de Cabrera Infante, convencido de que Cuba es la Albania del Caribe. Entre el paraíso y el infierno está ese espacio fronterizo en el que nos gustaría situarnos para así llegar a entender la esencia cubana, la cubanidad. El Paraíso de Lezama es también la leyenda de los orígenes, la nostalgia de un mundo perdido. La sensualidad del mundo, del cuerpo y del lenguaje. ¿En qué se ha convertido aquella Cuba mítica, que tanto nos hubiera gustado conocer? El infierno, del que nos habla Cabrera Infante, aparece bajo una dictadura cuasi inquisitorial en la que por cada individuo hay un policía que lo vigila. Un mundo vigilado, sometido a un control férreo, un 1984, como aquella novela de Orwell, hecho realidad. Como vivimos en temporada botillera, habré estado embotillado en mar y guayaba, que es una forma como cualquier otra de probar botillo al más puro estilo cubano. Desde que sabemos que el botillo es bocado exquisito de gentes nobles, y que este se sirve acompañado de una lechuga llamada berza, no nos extrañaría que a alguien se le ocurriera servir botillo aderezado con guayaba. La idea está servida. Y de este modo, tan pintoresco, hasta podríamos hermanarnos, en lo gastronómico y aun en otras artes culinarias, con la isla fidelina. Es probable que a Castro, que tiene orígenes gallegos, le encante el botillo berciano. Aunque le he estado dando vueltas a la cabeza -no os vayáis a creer-, al final decidí no llevar ningún botillo, como posible obsequio al comandante, en la bolsa de viaje, más que nada porque no hubiera llegado en buen estado, luego de un largo viaje. Y sería una pena que el comandante se enfermara por zamparse un regalo así. Cuando se lea esta columna habré paseado por La Habana, sobre todo por La Habana Vieja, y San Antonio de Los Baños, nomás. Y con toda seguridad habré visitado aquellos lugares que me ayuden a rememorar a los grandes de la música cubana, entre otros, Compay Segundo, que me dejara extasiado desde que viera Buena Vista Social Club de Wenders. En realidad, mi viaje se produjo como embarcado en libros y música.

jueves, 6 de marzo de 2014

La Habana de Robés

La exposición del fotógrafo Robés en la Casa de las Culturas de Bembibre me ha devuelto a La Habana, esa ciudad que me fascinó la primera vez que la visité, hace ya algunos años, y a la que tuve la ocasión de volver posteriormente, quizá para intentar entenderla un poco más y mejor, porque las ciudades, como las personas, requieren de tiempo y dedicación para llegar a medio conocerlas o conocerlas. En mi último viaje a la capital cubana coincidí, en la Plaza de Armas, con el inolvidable Mario Gaviria, un prestigioso sociólogo con quien compartí agradables momentos en esta bella y decadente ciudad, que el artista villafranquino Robés nos muestra ahora -antes ya lo hizo en Ponferrada y en León- a través de luces contrastadas, “por donde anidan los sentimientos...”.  


Unas sugerentes imágenes en blanco y negro que nos adentran en sus gentes y sus paisajes urbanos: rostros cuarteados de hombres y mujeres fumándose un puro, niños con la sonrisa de la esperanza y a veces con la mueca de la incertidumbre, mujeres sensuales, ‘almendrones’ destartalados que te conducen a orillas del Malecón y por las calles de la ciudad… Estampas llenas de fuerza y de vida que nos acercan a un mundo, que parece otro, y que en realidad lo es, porque no hablamos de una ciudad cualquiera, donde la vida diaria se torna del color de las amapolas, sino de una experiencia a todo dar, una locura, un lugar único, sobre todo si uno tiene que inventarse y reinventarse, ‘conseguir’, algo habitual entre la población habanera, habida cuenta de la situación política y económica que vive la isla caribeña desde hace años, muchos ya, bajo un sistema dictatorial, falto de libertades, cuya sociedad está sometida y controlada de un modo inimaginable, y donde hasta los propios vecinos o vecinas (los chivatos y chivatas, nomás) podrían delatarte por contrarrevolucionario y truncarte la vida. La Habana son muchas habanas, que a uno como ‘yuma’ le resultan incomprensibles, puro surrealismo, por más vueltas que le de al asunto.

         ‘Suite Habana’, ‘Habana blues’, ‘Buena vista Social Club’, La Habana que nos han enseñado tanto Zoé Valdés, Cabrera Infante o Pedro Juan Gutiérrez, incluso La Habana de Lezama Lima, y por supuesto La Habana que ha retratado Robés, con mirada acariciadora y neorrealista, además de la que uno mismo ha tenido la suerte de conocer gracias a ilustres como Gaviria y algunos otros oriundos, me han marcado de un modo definitivo y me han ayudado a saborear el aroma a ron y guarapo de una tierra familiar y a la vez lejana. 

martes, 4 de marzo de 2014

La fragua literaria leonesa: Sol Gómez Arteaga


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Sol Gómez Arteaga: "Mis textos tratan muchas veces de poner voz a los que no la tienen"

Por Manuel Cuenya | 04/03/2014

La narradora leonesa Sol Gómez Arteaga, autora de 'Los cinco de Trasrey', está terminando de corregir su novela 'Daños colaterales' con el propósito de presentarla a editoriales que puedan estar interesadas en su publicación. Y tiene en mente escribir un relato largo sobre la historia de su bisabuela.

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Sol Gómez Arteaga. Foto: Miguel A. Paramio
Leonesa de Valderas y licenciada en Sociología, Sol Gómez Arteaga se reconoce en los paisajes de su tierra, en todos sus relatos, que están ambientados en el mundo rural, en esa aridez, en esos horizontes sin fin y esa climatología extrema de la "Tierra de Campos", en la que se ha criado y con la que se siente muy identificada; "donde como dijo Garrido en sus versos 'se planta un árbol y se seca, se abre una fuente y se agota, se cuida un pájaro y se muere'". Es ese paisaje el que ha conformado, según la autora de'Los cinco de Trasrey y otros relatos' (Fundación 27 de Marzo, 2012),  el carácter frío, reservado, poco dado a las alabanzas pero también a las quejas, de los hombres y mujeres que lo habitan.

http://www.ileon.com/cultura/037680/sol-gomez-arteaga-mis-textos-tratan-muchas-veces-de-poner-voz-a-los-que-no-la-tienen