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domingo, 29 de septiembre de 2013

Viaje al centro de la Tierra

"Coches, pitidos, voces, olores ruidos... Todo se mezcla en Santo Tomé, un hormigueo de gente buscándose la vida a orillas del mar. La capital del ritmo "leve-leve" despierta pronto y se acuesta temprano, pues a las seis de la tarde el sol se apaga y el acceso a la electricidad es limitado". 

Viaje al centro de la Tierra es el nombre de la exposición de la periodista Isabel Rodríguez, que podemos ver en la Casa de la Cultura de Ponferrada hasta el 5 de octubre sobre Santo Tomé y Príncipe, un país que se me antoja desconocido, y que Isabel nos acerca con sus bellas y sugerentes imágenes sobre el paisaje y sobre todo el paisanaje de este pequeño país africano, tal vez el más pequeño, después de las Seychelles, y muy pobre, pues un 62% de su población vive por debajo del umbral de la pobreza. Si es que vivimos en un mundo imposible, sólo apto para tiburones e hijos de la gran chingada. 

La exposición de Isabel me ha devuelto a mi infancia (no porque uno haya vivido en la pobreza, que no) sino porque algunas imágenes revelan cómo los infantes se las ingenian para elaborar sus propios juguetes, algo que era bien habitual en mi época infantil y en mi pueblo del Alto Bierzo, por lo demás anclado en la prehistoria hasta hace no tantos años. Qué nadie ("naide") se inquiete y sorprenda por lo que acabo de decir. Por eso, conviene no perder la memoria, tan importante y tan necesaria, analizar el mundo en que vivimos y darnos cuenta de que la mayor parte de países de la Tierra, entre ellos, Santo Tomé y Príncipe, viven en condiciones terribles, infrahumanas, a pesar de que algunos países cuentan con una gran riqueza natural, como es el caso de este pequeño país, situado en el Océano Atlántico, en el Golfo de Guinea ecuatorial, que vive de la pesca y llegó a ser el principal productor de cacao a nivel mundial en el siglo XX. No en vano, elabora tal vez el mejor chocolate del mundo. Un archipiélago fértil, al parecer aún no tocado por los turistas, que produce una gran variedad de frutas tropicales como la papaya, coco, mandioca o pão

Gracias a ti, Isabel, me ha entrado la curiosidad por saber más acerca de este país poblado con esclavos de Mozambique, Angola, Cabo Verde, Portugal e incluso España, porque algunos judíos expulsados por nuestros catolicoides Reyes fueron a parar a estos pagos africanos. Un país que consiguiera su Independencia en 1975, si bien sigue esperando, el tiempo ralentizado, la espera y la resignación como factores clave en el mundo subdesarrollado, el miedo y la ignorancia como determinantes a la ahora de someter a un pueblo, un país, Santo Tomé y Príncipe, con escasez de recursos sanitarios y falta de profesionales, un país pobre que vibra a ritmo pausado, leve-leve, que sus oriundos repiten como un mantra, devotos del rito Djambi, cuyos niños siguen mostrándonos su eterna sonrisa africana.   

viernes, 27 de septiembre de 2013

La fragua literaria leonesa: Rogelio Blanco

Rogelio Blanco

ROGELIO BLANCO

«Una de las mayores creaciones del ser humano es el libro»

El polifacético Rogelio Blanco, autor de ‘La ciudad ausente’, ultima un texto sobre biblioclastas y está con la que será la segunda parte de ‘Dismundo’

24/09/2013 Manuel Cuenya
Narrador, poeta, ensayista, filósofo, doctor en Pedagogía, licenciado en Antropología, crítico literario, editor, docente, Rogelio Blanco es un hombre del Renacimiento, un humanista interesado por la cultura y el saber en su amplio sentido. No en vano, llegó a ejercer, durante el mandato del expresidente Rodríguez Zapatero, como director General del Libro, Archivos y Bibliotecas en el Ministerio de Cultura, y presidió el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, lo que le ha procurado viajar por todos los continentes.
«Me siento hombre del libro en su amplia dimensión, por lo tanto y siendo leal a mis principios, era mi obligación llevar la cultura al pueblo y acercar a los creadores a nuestras gentes, emulando el ejemplo de las republicanas Misiones Pedagógica… Siento que los nuevos responsables culturales hayan cercenado esta dinámica».
Reconoce que, en sus diversas facetas como autor, editor, director de colecciones o crítico literario, ha tenido la fortuna de trabajar y estar en contacto con «una de las mayores creaciones del ser humano: el libro», y que ya desde niño, y antes de saber leer, «este paralelepípedo de Gutenberg» siempre le fascinó, porque su vida ha girado en este ámbito, su auténtica vocación, lo que le ha permitido devolver lo mucho que le debe a los libros.
Natural de Morriondo (La Cepeda), el creador de Dismundo es una de esas personas que, si no existieran, habría que inventarlas, porque su labor en el mundo de la cultura resulta encomiable.
Dismundo, cuyo prólogo corresponde al Premio Cervantes Juan Gelman, es un canto a la pobreza, a la gente buena y humilde, sacrificada y sufriente, que ama la vida y a los suyos. Este libro de relatos es «la voz humilde de la necesidad».
El hecho de nacer en un área rural pobre lo ha convertido en «hijo del esfuerzo y la necesidad», y por ende le ha ayudado a desarrollar una mirada atenta a las alternativas, ha condicionado su escala de valores, le ha obligado incluso a ser lector de los entornos, a reconocerlos y analizar sus causas, a comprometerse, en definitiva, porque Rogelio es un autor reivindicativo, «la utopía como método y género» y un entusiasta de su pueblo, de su comarca, de su provincia, «sus condicionantes vitales», porque los primeros años de vida «se tatúan indeleblemente y están presentes en toda futura creación de modo inevitable: el aroma del brezo, los cantos de siega, la ingesta de castañas y las veladas invernales compartidas surcan los recuerdos y se presencian en los sueños. El rostro de las gentes tras la brega, la agonía de los próximos ante las carencias o los consejos constantes para el logro de un mejor futuro así como otros sobre la honradez y el esfuerzo se repetían iteradamente y quedaron grabados».
Pensamiento utópico
De los diversos géneros y temáticas que ha abordado el polifacético Rogelio, donde se encuentra más cómodo es en el ensayo, «entendido como tanteo, como posibilidad y lejos del dogma», porque está convencido de que el hombre es un ser eternamente vacilante, tanteador; que en su deambular vital va oteando y logrando salidas.
«Sólo los necios y los violentos tienen la última palabra, dice un filósofo italiano». En este sentido, la filosofía es una de las disciplinas que han despertado la curiosidad e interés del autor de La ciudad ausente. Utopía y utopismo en el pensamiento occidental, «el primero de una trilogía», porque en su mesa están otro sobre el pensamiento utópico en España y un tercero sobre la esperanza.
El pensamiento crítico y utópico, el hereje y heterodoxo llenan los anaqueles de su biblioteca particular –según él–, sin olvidar a los grandes clásicos. «El pensamiento utópico como voz que señala la necesidad de celestializar la tierra, de lograr los diseños que se desarrollan para el más-allá en el más-acá, de intentar hacer real lo ideal». Asimismo, ha escrito una obra sobre María Zambrano. «Gocé de la amistad y cariño de María. En ella descubrí el valor de la errancia, el exilio y la fidelidad a los grandes principios que encierra la democracia y sus manifestaciones».
Aparte de Zambrano también es deudor de la obra de Paulo Freire, sobre quien ha escrito una monografía, así como las propuestas y reflexiones de los utópicos y determinados pensadores calificados como heterodoxos o marginales. «Con este conjunto de maestros, más otros próximos y desconocidos, lentamente he ido tejiendo mi concepción del hombre y del mundo».
En la actualidad, el infatigable Rogelio Blanco, además de diversos artículos y colaboraciones en revistas científicas o de divulgación, ultima un texto sobre biblioclastas que le publicará la editorial leonesa Eolas, mientras continúa escribiendo otro sobre el cambio de paradigma en el sector del libro, el paso del modelo Gutenberg al electrónico. Y de vez en cuando crea un nuevo relato para Dismundo, la que será la segunda parte de un territorio pintado sobre el lienzo de una España rural y pobre. «Con cada cuento o pincelada pretendo formalizar un cuadro, una impresión de una realidad extensa y próxima de España que muchos vivimos».

«Me preocupa que la sociedad no manifieste sus inquietudes»

24/09/2013
Noticias relacionadas
—¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?
—Persona y Democracia, de María Zambrano.
—Un personaje imprescindible en la literatura (o en la vida).
—Don Quijote.
—Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable).
—Cualquier autor u obra rebosantes en ideas o exposiciones dogmáticas.
—Un rasgo que defina tu personalidad.
—La curiosidad.
—¿Qué cualidad prefieres en una persona?
—La lealtad.
—¿Qué opinión te merece la política actual? ¿Y la sociedad?
—Me inquieta que el servicio a las personas no sean el centro de la política, de igual modo me preocupa que la sociedad no manifieste con más intensidad sus inquietudes.
—¿Qué es lo que más te divierte en esta vida?
—Estrenarla todos los días al alba y empezarlos echando un pie tras otro.
—¿Por qué escribes?
—Para rellenar vacíos y soportar la soledad.
—¿Crees que las redes sociales, facebook o twitter, sirven para ejercitar tu estilo literario?
—No, de momento.
—¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?
—Los seres humanos y sus circunstancias. Lo cotidiano. El poso de lecturas y la mirada humilde, hacia la tierra.
—¿Escribes o sigues algún blog con entusiasmo porque te parezca una herramienta literaria?
—No, de momento, mas no renuncio a ninguna posibilidad que facilite las tareas lectora y creadora.
—Una frase que resuma tu modo de entender el mundo.
—Dos: «Nada de lo humano me es ajeno» (Terencio). «No pesar ni pisar sobre nada ni nadie» (María Zambrano).

jueves, 26 de septiembre de 2013

Cultura Inmaterial en Los Ancares Leoneses

Palloza en Balouta
En un lugar de singular belleza, como lo es Candín, y su entorno, en medio de los Ancares leoneses, donde el oso campa a sus anchas y aún se conservan por fortuna algunas pallozas como testimonio vivo de otrora -cuando los animales convivían con los seres humanos en paz y en armonía-, nos daremos cita el próximo sábado algunos amantes de la naturaleza y el llamado Patrimonio Cultural Inmaterial, que vayan ustedes a saber qué cosa es esta de lo cultural inmaterial, porque si ya hemos perdido el norte (y aun el sur) con la cultura (léase, por favor, El mito de la cultura, del siempre brillante Gustavo Bueno), ya no digo con lo inmaterial, porque la antropología materialista (de Marvin Harris, pongamos por ejemplo) y el materialismo gnoseológico (vaya palabrejo) del maestro Bueno echarían por tierra eso de lo inmaterial. Pero como luce bien, pues ancha es Castilla... y León, ay, León y sus fuentes inagotables de cultura, que en manos de políticos nefastos y una sociedad anclada en sus insuficiencias y estrecheces, también mentales, no trasciende nada nada, ni siquiera dentro de nuestros propios límites y fronteras, que son muchos, por lo demás. 

En Balouta
Pues sí, la nuestra, como otras tantas (que tampoco deberíamos ser ombliguistas y chovinistas) es una cultura/natura harto rica en tradiciones, leyendas, cuentos, juegos, danzas, rituales y ceremonias varias y variopintas, que todo eso cae bajo la jurisdicción de la llamada o mal llamada Cultura Inmaterial o intangible, pues determinadas tradiciones y ceremoniales hasta se llegan a palpar con las manos y saltan a la vista como liebres de puro materiales y tangibles. Otra cosa, ay, es que no se tengan en cuenta como material palpable, no vaya a ser el demoi o demín, o sea, que mejor tenerlas bajo la nomenclatura de lo inmaterial para que a sus defensores no se les entiznen los dedos de guita, ché, de plata, o sea, que esta sí que es material y hasta olorosa, de pura materia, que ni se crea (o sí) ni se destruye (tal vez), sólo se transforma, o mejor dicho, siempre va a parar a las mismas manos mugrosas. 


Castro de Chano en Fornela
Dicho lo cual, a modo de chirigota, que encierra eso sí, cierta reflexión, me late que toda cultura, si se precia de tal, es material y sustanciosa. Hasta los cuentos están hechos de la materia de nuestros sueños y ensoñaciones. Y por supuesto los contadores de cuentos hablan con la materia de los suyos, de sus sueños, of course. Véase nomás a los contadores que cada noche bajan a la Plaza de Djemaa-el-Fna de Marrakech a recitar sus oraciones y contar sus historias. 
Djemaa-el-Fna
Vaya artistas, aunque entre ellos también haya buscones, esto es buscavidas, que la vida ya se sabe, jodida, siempre, para los mismos incautos. Por cierto, la plaza de Marrakech, la Djemaa, también se declaró, a principios del 2000, como Patrimonio Oral Inmaterial de la Humanidad, gracias al escritor Juan Goytisolo, que vive tan ricamente en la Medina desde hace años, y a eso de la caída de la tarde suele dejarse caer (me redundó la caída) por el mítico café de France, flaqueado por su séquito. 


Mujer en Aira da Pedra
Puestos a pratimoniar culturalidades e inmaterialidades, ahí están, no sólo la plaza sagrada de Marrakech, sino la gastronomía tradicional mexicana, o sus voladores de Papantla (todo un espectáculo), o su Día de muertos (escalofriante) o bien el tango argentino, y así en este plan de planes. A ver cuando nos declaran como Patrimonio Oral Inmaterial (o Material) nuestro filandón. Bueno, ahí nos queda para la posteridad la peli de Chema Sarmiento, cuyas historias filandoneras nos cautivaron en su día y nos siguen emocionando. Una de las historias de El Filandón, del cineasta berciano Sarmiento, la que escribiera Merino, se rodó en Burbia, en plenos Ancares, aunque la Burbia actual ya poco se parezca a aquella de principios de los ochenta del pasado siglo. Y el cine, además, tiene la magia de hacer real lo irreal (y viceversa, también). 


Hombre de Burbia
Burbia
Se alegra uno, por lo demás, que los Ancares leoneses pertenezcan a la Reserva de la Biosfera -una pena que la Sierra de Gistredo, nuestro útero, aun formando parte del mismo ecosistema, o similar, no se haya declarado ni siquiera como espacio protegido- y conserven un espléndido Patrimonio Cultural (Inmaterial/Material) como es el burón de Fornela (Forniella), ese lenguaje/jerga, con claras influencias del asturleonés, que empleaban (aún sigue vivo, por fortuna) los vendedores ambulantes y albarderos para sus negocios, con el fin de evitar que personas ajenas conocieran sus "trucos" y "tejemanejes" comerciales. Esto me hace recordar a los vendedores de la Medina, que emplean sus estrategias y su "árabe dialectal" para que el turista o viajero despistado entre en su juego de regateos, a veces ininterminables, o simplemente saquen tajada sin que el comprador se entere de la vaina. Unos linces, los ambulantes fornelos, que tenían que ganarse la vida, claro, a como diera lugar, habida cuenta de la carestía económica en la que se encontraban en tiempos no muy lejanos, a resultas, obvio es, del aislamiento que sufrían y la falta de un terreno agrícola realmente productivo. Imagino que el aislamiento también contribuyó a crear este habla críptica, inteligible sólo para quienes la idearon, con fines que ya he relatado. Para información más detallada, recomiendo la lectura del libro de Alejandro Álvarez López, El burón. La jerga de los vendedores y albarderos ambulantes de Forniella. 

Burbia
Por otro lado, también en el ámbito de la lengua y el habla ancaresas, me apetece rescatar y destacar un librito que editó el IEB sobre tres viajes dialectológicos por los Ancares, cuyos autores son el gran poeta Dámaso Alonso y nuestro académico, ya fallecido, García Yebra, que en los 50 y aun en los 60 del pasado siglo (la prehistoria, nomás) tuvieron a bien recorrer los Ancares, incluso a pie y a lomos de caballos, en busca de un habla peculiar, con una marcada influencia, en todo caso, del gallego. Una suerte de gallego-leonés el que se hablaba y se sigue hablando en los Ancares leoneses. 



Casa en Penoselo, Los Ancares leoneses
Asimismo, quiero reseñar un libro de Aquilino Poncelas, Historias y cuentos del Bierzo y de los Ancares, donde este estudioso villafranquino recoge una nutrido rebaño de relatos, alguno ambientado precisamente en Candín, como el del botillo y la raposa (A raposa ie el botelo), o un clásico como O cabritín cabritate, que nos ayudan a conocer y entender nuestro Patrimonio Oral, Cultural, Material e Inmaterial. 

martes, 24 de septiembre de 2013

Librería Zorrilla

Cada vez que paso al lado de la  librería Zorrilla de Ponferrada siento como alegría y nostalgia a la vez. Me alegra saber que se mantiene en pie, aunque la vista exterior de la casa colindante no ofrezca mucha confianza. 

Aunque hace muchos años que no entro en esta librería, tengo por costumbre pararme delante de su escaparate, cuando me dejo caer por donde está ubicada. No da la impresión de que venda muchos libros, aunque puede que siga vendiendo libros de texto. Su aspecto actual, en cualquier caso, es más  el de una papelería que el de una librería.
         La librería Zorrilla fue mi librería de infancia. Y la infancia, si nos fiamos del poeta Rilke, es la única patria verdadera. La infancia es la tierra que te arrastra de un lado a otro a lo largo de tu vida, con sus buenos y malos recuerdos. La infancia, aunque algunos no lo quieran reconocer, es algo que marca al individuo de por vida.
         La librería Zorrilla fue como mi patria libresca de infancia. Recuerdo que era en esta librería donde solía comprar los libros de texto que nos encomendara nuestro maestro. Aquel señor franquista y despótico de cuyo nombre prefiero no acordarme. La mayoría de los escolares dejaban que el maestro se hiciera cargo de los libros. Pero uno, que siempre ha sido o ha querido ser un espíritu libre, prefería comprar los libros en la legendaria librería Zorrilla. No debía agradarle mucho al maestro que fuera por libre. También había algunos pupilos que compraban los libros de texto en la ya desaparecida librería Campano de Bembibre, hace años reconvertida en cafetería, La Corona. Hay anécdotas graciosas al respecto, en las cuales no entraré ahora.

        
La Sierra de Gistredo (nuestro Everest) al fondo

En la librería Zorrilla compraba aquellos libros de texto de la editorial Everest. Me gustaban sobre todo por su contraportada, porque en ella se estampaba el Everest. La contraportada aquella, con el Everest en el centro, picudo y empinado, invitaba a la aventura. Era como entrar en otro universo. Ya entonces uno soñaba con largos viajes al fin del mundo. El Everest era una montaña enorme, al menos vista en la foto de aquellos libros de texto, sobre todo si la comparaba con la Sierra de Gistredo, mi punto de referencia más cercano. Y Gistredo se me aparecía como algo casi inalcanzable. Por aquel tiempo, con diez años, uno ni siquiera había coronado Gistredo. La subida a la cumbre del Gistredo llegaría un año o dos más tarde. 

Ahora, cada vez que me da por acercarme a la antigua librería Zorrilla, me entran como unas ganas enormes de subir al Everest. 

martes, 17 de septiembre de 2013

La fragua literaria leonesa: Ángeles Basanta

ÁNGELES BASANTA

«La mayor emoción se produce al conectar con el lector»


Ángeles Basanta

La poeta berciana, autora de, entre otras obras, ‘Arde la zarza’, continúa escribiendo aunque por el momento no le gusta revelar secretos literarios

17/09/2013
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Originaria de Bembibre, donde pasó sus primeros cuatro años, Ángeles Basanta, aunque hace tiempo que no vive en la capital del Bierzo Alto, se siente muy ligada a su lugar de nacimiento, en el que su padre ejerció como alcalde, el cual tiene una calle que lleva su nombre, al igual que su tío Edilberto, un importante científico, a quien también le dedicaran una calle en esta población del Boeza. En su caso, la infancia es quizá su verdadera patria o matria, que reconoce en su obra poética. Recuerda con especial cariño y de un modo entrañable Bembibre porque allí sigue teniendo buenos amigos y familia.
Es precisamente a su padre a quien le dedica uno de sus poemarios, Arde la zarza (2009), acaso su libro más depurado, más redondo, «una alegoría que vuelve a las raíces», a sus propias raíces, si bien Ángeles se siente satisfecha con todas sus obras literarias «hasta cierto punto, porque siempre piensas que puedes mejorar, pulir de aquí, allá, quitar o añadir… Arde la zarza es el último y es especial porque coincidió con la enfermedad y el fallecimiento de mi padre», añade.
Galardonada con el Primer Premio Nacional de Poesía Ciudad de Leganés en 1993, y finalista del Premio Adonais en 2000, Ángeles Basanta ha publicado hasta la fecha, y de forma individual, tres libros de poemas, y ha colaborado en libros colectivos y diversas revistas. También ha hecho trabajos de investigación para libros como Tip, poeta del ingenio o sobre el cineasta Raoul Walsh.
Su primer libro, Poemas de la inexperiencia, editado en Libertarias en 1994, fue elegido mejor libro de poesía de ese año por la Asociación de libreros de España. «En el jurado se encontraban Juan Carlos Mestre, Isla Correyero o Julio Martínez Mesanza», precisa. Su segundo libro, Tan sólo un gesto, que resultó finalista del prestigioso Premio Adonais, fue prologado por el maestro Antonio Colinas —«un gran poeta»— y distribuido a través de El Corte Inglés. El diseño de su portada corresponde al artista leonés Adolfo Álvarez Barthe.
Reducto de libertad
Como poeta que se siente comprometida con la sociedad de su tiempo, está convencida de que cualquier aspecto, tema u objeto puede convertirse en poesía, que ella entiende como «reducto de libertad», porque la clave tal vez resida en la mirada, en la forma, en cómo se abordan los asuntos, en cómo se perciben y se plasman, con cuánta sensibilidad y emoción se transmiten y llegan, en definitiva, a los posibles lectores y lectoras.
En este sentido, más allá de los premios que ha recibido por su obra, que le causan una emoción relativa, «la mayor emoción se produce cuando conectas con una persona que sabe captar lo que quieres transmitir. Sobre todo si se trata de una persona con la cabeza bien amueblada». Sus espacios poéticos son todos, reales o imaginarios. «Puedes situarte en diferentes tiempos, si lo deseas, en el tiempo presente, pasado, o anticiparte».
El papel del periodismo
Además de poeta, Ángeles Basanta es licenciada en Periodismo, ha realizado cursos de doctorado en Filología Hispánica y ha impartido clases de Lengua y Literatura, entre otros centros, en la Escuela Superior de Artes y Espectáculos de Madrid (TAI). Una experiencia que «fue muy buena, intensa y enriquecedora» porque a menudo los poetas y narradores suelen ser profesores de materias afines, y con frecuencia hay una relación entre la docencia de Lengua y Literatura con la creación poética y narrativa. «Depende del profesor, los alumnos que tengas, la persona, y cómo canalice esa experiencia docente. Todo influye, por supuesto. Todos aprendemos de todos», comenta Ángeles.
Su obra literaria se puede encontrar, entre otras instituciones, en la Fundación Camilo José Cela, la Universidad americana de Bucknell, los Institutos Cervantes de Chicago y Nueva York y aun en el Instituto Camões de Portugal. Asimismo, Ángeles Basanta, que ha colaborado y trabajado en diversos medios como El MundoABC, la revista Selecciones, Diario de León o La Crónica, cree que el periodismo y el ejercicio periodístico ayudan a ser más concisa, breve, concreta. «Se usan las frases cortas, directas, y hay que condensar el sentido, los conceptos. En este sentido creo que el periodismo puede ayudar a la literatura, especialmente a la narrativa, no tanto a la poesía, que es diferente», aclara.
La autora berciana, que ahora reside en la ciudad de León, continúa escribiendo y dice que tiene alguna cosa en el disco duro, sin embargo no le gusta revelar los secretos literarios, «no es bueno, al menos hasta que no esté a la vista una posible publicación», concluye la autora bembibrense.

17/09/2013
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—¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?
Los cuatro cuartetos, de T.S.Eliot.
—Un personaje imprescindible en la literatura (o en la vida).
—Cualquier personaje puede ser o se convierte en imprescindible tanto en la literatura, al menos la que me interesa, como en la vida.
—Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable)
—Ninguno. No conozco autores insoportables pero sí cosas o actitudes insoportables. Evito lo insoportable por puro egoísmo.
—Un rasgo que defina tu personalidad.
—No tengo ni la menor idea. Eso deberán decirlo otros. Son muchos rasgos los que definen la personalidad de alguien, no uno sólo.
—¿Qué cualidad prefieres en una persona?
—El trabajo bien hecho. Esa es la cualidad que prefiero en una persona.
—¿Qué opinión te merece la política actual? ¿Y la sociedad?
—La política actual es igual o parecida a la política de hace unos años, y ésta a la anterior. La sociedad es compleja y hay, afortunadamente, de todo.
—¿Qué es lo que más te divierte en esta vida?
—El buen sentido del humor. Compartir la risa y el humor con alguien a quien quieres es muy divertido. Y sexy.
—¿Por qué escribes?
—No tengo ni la menor idea de la razón por la que escribo. Sé que soy escritora, y creo que soy o podría ser una gran escritora.
—¿Crees que las redes sociales, facebook o twitter, sirven para ejercitar tu estilo literario?
—Las redes no sirven o sí, no lo sé, para ejercitar un estilo. Personalmente las uso como herramienta de trabajo, para estar en contacto con algunos amigos a los que no veo habitualmente...
—¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?
—Muchas. Pero las fuentes literarias se van descubriendo a medida que lees a un autor. El lector debe trabajar en este sentido, recrear, reinventar...
—¿Escribes o sigues algún blog con entusiasmo porque te parezca una herramienta literaria?
—No sigo ningún blog con entusiasmo, pero sí he leído a algún autor que tiene un blog con estusiasmo.
—Una frase que resuma tu modo de entender el mundo.
—Una frase: todo el mundo es bueno pero la capa no aparece. Tengo otra frase: vive y deja vivir.

sábado, 14 de septiembre de 2013

En la ciudad charra

Vuelvo a la ciudad charra, ya como un ritual, como una ceremonia, eso sí sin solemnidad, pero con mucha voluntad, algo que hago desde hace años, salvo cuando viviera fuera del país, ¿de cuál? Pues de este mismo, la España de la coña y el olé torero. Así, torera y charra ("qué charro o charra estás", te solían decir antaño, cuando te salías de madre), se muestra la Salamanca de río de cauce ancho y hechuras de ciudad juerguista, universitaria, estudiantil, donde nacieran,  entre otros muchos ilustres e ilustrados, al polifacético Torres Villarroel, catedrático de la universidad y discípulo que fuera de Quevedo.
Torres Villarroel

Tiene la ciudad, a orillas del Tormes, algo que me cautiva y me hace regresar a ella, al menos una vez al año, que no hace daño, antes al contrario. Pero me encuentro con una ciudad que ya no es aquella de mi época universitaria, qué tiempos aquellos, cuánta añoranza y cuánta belleza sentida y saboreada. 


No creo que ningún tiempo pasado fuera mejor, salvo porque uno tiende, a través de la fabulación, a idealizarlo. Cada época tiene su aquel (que se dice ahora). Cada tiempo tiene su encanto. Y Salamanca lo sigue teniendo, aunque no sea, nunca más, la que conociera a finales de los ochenta y principios de los noventa. Una ciudad que lo es todo gracias a su universidad, en torno a la cual gira la movida festiva, académica, mundana. La movida de estudiantes, llegados, muchos, de todos los puntos de la geografía nacional y aun internacional. Gringos, chinos, japoneses, europeos con posibles (entre ellos los erasmitos)..., amén de otros muchos y muchas, nutren la fauna salmantina, en sus noches de blanco satén en bares-museo (al menos algunos, como el Moderno, el Camelot, La posada de las ánimas...). ¿Pero qué sería de esta ciudad, con aires de poblachón, sin su universidad? Pues un bonito pueblo grande en su centro histórico, monumental y luminoso, tocado por una luz especial, reflejada en su piedra carnosa. 


La Celestina en Huerto de Calixto y Melibea
Cada vez, que vuelvo a Salamanca, tengo el sentimiento de estar desbordado por tanta belleza y tanta nostalgia, una emoción que me sumerge de lleno en el síndrome de Stendhal o algo tal que así. Me gusta caminar por los lugares de siempre, por sus sitios emblemáticos, como el huerto de Calixto y Melibea o su cueva nigromántica, por la calle La Latina, por tantos sitios, que me devuelven a una época pasada, que ya no es. Y me encanta contemplar el mundo, el tiempo, desde la atalaya del campus, donde está ubicada la Facultad de Químicas, mirar al horizonte en busca de la caída de la tarde, con su puesta de sol, con la mirada puesta en el discurrir del Tormes, que me hace fantasear con La Celestina y el Lazarillo. Siento, entonces, un espasmo, un sobrecogimiento, una sensación entre dulce y agria porque aquella Salamanca, que conociera en mis tiempos mozos (qué cosas) ya no es, porque uno ya es otro, con su mirada, acaso menos inocente, nada virginal, colonizada por tantas imágenes, por tantas vivencias, por tantos mundos y ciudades recorridos (bueno, no tantos, tampoco hay que exagerar). 


El toro como símbolo de la ciudad charra, en la Calle Azafranal
El mi última y reciente visita a la ciudad del Tormes re-descubro la ciudad, una vez más, saboreando un bocata de jamón ibérico (¿se puede decir de pata negra?) y un mini-hornazo (que es como nuestra empanada berciana), disfrutando del concierto de los Corizonas en la Plaza Mayor, donde los turistas se tuestan al sol, como lagartos, bajo sus terrazas, mientras le guiño un ojo a la rana de la fachada de la universidad, y le saco una foto al astronauta que figura en la fachada de la catedral, enhechizado por el conejito de la suerte (creo), en esta misma fachada, en la que nunca antes había reparado (cuánta fachada me ha salido por la entrevena, santo cielo). 
San Juan de la Cruz

Plaza Mayor 
Cada visita a la ciudad torera, con aroma a pata negra, es una nueva ocasión para religarse, siempre desde el afecto y la añoranza, con esta matria inolvidable. Volveré.  

Homenaje a Antonio Pereira

Os dejo este enlace, si os apetece escucharlo, sobre el maestro Antonio Pereira. Un programa de radio, FM Bierzo, conducido por el profesor Fermín Rodríguez Trabado. 

http://iesalvaroyanez.centros.educa.jcyl.es/sitio/upload/P23-Todos%20los%20cuentos.mp3

jueves, 12 de septiembre de 2013

Corizonas en Salamanca

Corizonas en la Plaza Mayor de Salamanca
Esta semana he tenido la ocasión de ver, una vez más, a los Corizonas en Salamanca. Un concierto inolvidable, apoteósico. Me entusiasmó. El pasado año, en las fiestas de San Froilán de Lugo, tuve la ocasión de escuchar/ver a esta banda. Una delicia. Pero ahora, en la ciudad charra, me ha gustado aún más que en la ciudad gallega.

Fernando Pardo, a la izquierda (líder de Los Coronas)
Los Corizonas surge como una fusión de dos grupos, "dos bandas y un destino", Los Coronas, de Madrid, y Arizona Baby, de Valladolid. Ambos, por sí mismos, son magníficos. Pero esta conjunción se me antoja excelente. Es probable que sea ahora mismo la mejor banda del panorama musical español, aunque esto sea mucho decir, tal vez exagerado. Bueno, esta es mi opinión al respecto. 


Javier Vielba
El concierto que dieron el pasado lunes en la Plaza Mayor salmantina fue algo realmente extraordinario. Es tal su fuerza, su energía en directo, que uno acaba, emocionado, vibrando, levitando con Hey Hey Hey (con resonancias a los Rolling), Hotel room, I wanna Belive, El Rancho, entre otras muchas y buenas. 


Su música, y sobre todo su líder-cantante, Javier Vielba, me hacen recordar a los mejores The Doors, aunque tengan su propio estilo, claro está, el surf rock, el rock del Oeste. Vielba es como un Jim Morrison vallisoletano que atrapa con su puesta en escena, su verbo, su voz y aun su modo de tocar la batería a dúo con Roberto Lozano, el baterista de la banda, un fenómeno. 

En Salamanca, además de sus propias canciones, tocaron algunas versiones como el Wish you were here, de los Pink Floyd (muy grandes), que Vielba recordó con cariño, como una de las mejores y más grandes canciones dedicadas a la amistad. Y de paso hizo un guiño al psicodélico Syd Barrett y al "guapo" David Gilmour. Asimismo, hicieron otras versiones como Piangi con me, de los británicos The Rokes, y aun otra de Black Sabbath titulada SupernautUn concierto, en definitiva, memorable. 

No os perdáis a este grupo en directo, y tampoco si tenéis la oportunidad de verlos por separado, tanto a Los Coronas como a los Arizona Baby (por cuya música siento devoción).  

miércoles, 11 de septiembre de 2013

La fragua literaria leonesa: David Fernández Sifres

David Fernández Sifres (foto de Sergio Cuesta)

«Me gustan los misterios, de pequeño leí a Enid Blyton»

El narrador David Fernández Sifres, autor de ‘Luces en el canal’, no deja de pensar en historias nuevas para contárselas a su hija.

11/09/2013
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Ganador de varios y sustanciosos premios de literatura infantil y juvenil, entre ellos, el reciente Barco de Vapor por Luces en el canal(editorial SM), David Fernández Sifres es un joven y a la vez experimentado narrador leonés, al que le gusta inventar desde que era pequeño y escribir como un reto, si bien él aclara que no se dedica a escribir de un modo profesional sino como afición. En todo caso, es consciente de que escribir para un público infantil no significa tener que contar una historia menor, antes al contrario, «tiene que ser una estupenda historia, la mejor que pueda escribir en ese momento –precisa-. Y, en este sentido, y no solo al escribir para niños o jóvenes, el escritor debe tener algo que contar».
El autor de Un intruso en mi cuaderno, que es una historia intimista emocionante, galardonada con el CCEI y el Ala Delta, comenzó escribiendo relatos cortos, por los que también ha sido laureado en diversos certámenes literarios, relatos que no se limitan a describir, relatos en los que no se note que sobran palabras, que no haya paja, que dejen poso en el lector, que sorprendan y que inviten a ser releídos, al menos algunos párrafos, que todo lo escrito sea, en definitiva, necesario para darle la atmósfera, para contar la historia, para caracterizar a los personajes…
De este modo entiende David que se debería escribir un relato, porque «escribir es un puzle: darle coherencia a lo que inventas, ser capaz de hacerlo creíble, que llegue al lector, que le emocione, le haga sonreír, le asuste, le envuelva… Conseguirlo es satisfactorio y alimenta esa afición por inventar y trasladar al papel lo inventado».
Luces en el canal, que comienza siendo un relato realista y termina envolviendo al lector en un realismo mágico, ha supuesto para su autor la confirmación de que puede seguir escribiendo para niños, porque si bien «nadie escribe por los premios», sí suponen una satisfacción añadida a la tarea de escribir. «¡Y qué satisfacción! Son un impulso, una ración de ánimo y la forma de llegar a más lectores. Por otro lado, siempre me gusta decir que no hay que perder la perspectiva: los premios no dejan de significar que a un grupo concreto de personas les gustó más una novela que otras en un momento también muy determinado».
Escritura directa
A David le gusta escribir de un modo directo, sin florituras, sin guardarse nada, siempre o casi siempre sobre personajes atormentados, «los diferentes, los marginados» y sobre el paso del tiempo, «lo que fue, lo que pudo haber sido y la nostalgia o resignación de quien reconoce errores, aciertos y épocas pasadas», aunque también le interesan los momentos puntuales, «por lo general felices, que serán los que construyan los buenos recuerdos de los que echaremos mano en el futuro».
Reconoce, asimismo, que escribe partiendo de lo que conoce, por eso obras como ¡Que viene el diluvio!(Everest) o ¡Que vienen los marcianos!, (que publicará en breve bajo el sello editorial Edelvives), están ambientadas en un pueblo, «con sus casas de adobe, sus huertas y sus gentes», que en realidad es Villaturiel, el pueblo de su padre, a pocos kilómetros de León capital, cuyos «personajes utilizan expresiones y maneras de la gente de aquí».
Y, por la misma razón, ambientó Luces en el canal en Ámsterdam, fascinado por esta ciudad, o El faro de la mujer ausente, su novela más compleja (premiada con el Alandar), que se localiza en la costa de Normandía, porque vivió en esa zona una temporada. Y es que a David le entusiasma descubrir otras tierras y viajar (además de leer, su otra gran pasión). No en vano, ha dedicado los premios que le han concedido a viajar, porque está convencido de que los viajes «abren la mente, te hacen mejor persona, descubres historias que quieres contar o sensaciones que cambian historias que ya tenías. O localizaciones, por supuesto».
Viajes insustituibles
Los viajes y las lecturas conforman su personalidad y su faceta como escritor. «Soy lo que leí de niño, y si mis lecturas hubieran sido otras yo sería distinto. Por tanto, al escribir, el peso de lo leído es fundamental. En mis novelas me gustan los grupos de amigos y los misterios porque de pequeño leí a Enid Blyton, por ejemplo, o un toque de nostalgia porque leí finales estupendos como el de El último verano miwok, de Sierra i Fabra, o ambientes lúgubres porque leí a Poe».
Además de los autores mencionados, como el propio Sierra i Fabra, de quien reconoce su maestría a la hora de escribir diálogos, David se siente influido por las primeras obras de Carlos Ruiz Zafón, «que considero que tiene una manera asombrosa de crear ambientes», y ahora acaba de leer La isla de Bowen, de César Mallorquí, que le ha encantado por su manera de narrar aventuras.
En la actualidad, David escribe poco porque para él la escritura no es una profesión sino una vocación y está dedicando su tiempo libre a cuidar de su hija. Sin embargo, no deja de pensar en historias nuevas, «entre otras razones, para contárselas», matiza.

«Todo lo que he leído influye»

11/09/2013
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—¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?
Luna de lobos, de Julio Llamazares.
—Un personaje imprescindible en la literatura (o en la vida).
—En la literatura, Don Quijote. Hay un antes y un después. En la vida, Jesucristo. Para los creyentes, por razones obvias; para los no creyentes,  porque no se puede pretender explicar los últimos dos mil años de historia (arte, política, guerras, cultura, etc.) sin echar mano de su figura.
—Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable).
El señor de los anillos; no soy capaz de leerlo. Probablemente no lo he intentado en el momento oportuno. Siendo niño me ocurrió lo mismo con Capitanes de plástico, y poco después con El Quijote, precisamente. Tuve que leerlos más tarde.
—Un rasgo que defina tu personalidad.
—Optimismo.
—¿Qué cualidad prefieres en una persona?
—Lealtad.
—¿Qué opinión te merece la política actual? ¿Y la sociedad?
—La política está desacreditada por unos cuantos. La sociedad, desilusionada.
—¿Qué es lo que más te divierte en esta vida?
—Romper la rutina, improvisar.
—¿Por qué escribes?
—Porque disfruto inventando historias y, si gustan a quien las lee, me siento bien.
—¿Crees que las redes sociales, facebook o twitter, sirven para ejercitar tu estilo literario?
—No lo creo. Por lo general se escribe rápido, simplemente para transmitir la información deseada, nada más.
—¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?
—Supongo que todo lo que he leído influye.
—¿Escribes o sigues algún blog con entusiasmo porque te parezca una herramienta literaria?
—Seguía con interés el blog ‘Literatura infantil y juvenil actual’, del escritor Jorge Gómez Soto, pero ahora parece que está parado.
—Una frase que resuma tu modo de entender el mundo.
—Me pides mucho (y esa no es la frase ¿eh?).

jueves, 5 de septiembre de 2013

La fragua literaria leonesa: Tomás Álvarez

LA FRAGUA LITERARIA LEONESA | TOMÁS ÁLVAREZ

«El periodismo me ha servido para abrir mi mente»

El periodista y narrador Tomás Álvarez, autor de Las delicias del Tuerto, tiene un trabajo ultimado sobre el Quijote.

Manuel Cuenya 04/09/2013
Tomás Álvarez, cuyos paisajes de infancia son Villamejil y Magaz de Cepeda; con sus robledales, ríos… naturaleza, comenzó siendo muy joven en la agencia Efe, donde trabajó en España y en Argentina, país este último del que guarda magníficos recuerdos, y en el que llegó a conocer a escritores de la talla de Borges y Sábato, incluso a Sánchez Albornoz.
«Borges vivía fuera del tiempo y el espacio (un día, mientras comíamos, me dijo que la noche anterior había hablado con Virgilio); Sábato era un intelectual en simbiosis con un país sufriente… lo veía en las pinturas expresionistas que hacía en su casa; y Sánchez Albornoz fue un historiador al que en el final de su vida exiliaron a España… Todo es muy grande verlo de cerca. Como muy grande era ver la indigencia de un país derrotado en Las Malvinas; derrotado por la incompetencia de su propio ejército».

«No hay cosa más vulgar que la rutina»