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sábado, 27 de abril de 2013

La boda, de Marina Seresesky

La boda, de Marina Seresesky, es un cortometraje magnífico, que tuve la ocasión de ver, como miembro del Jurado del festival de La Fila, cuya gala tuvo lugar en Valladolid hace unos días. La factura técnica y artística de La boda, tanto en su guión como en su realización, se me hace impecable. Se trata de un corto realizado con mucho talento, e interpretado por actrices extraordinarias, entre ellas, Malena Alterio y la cubana Yailene Sierra (Mirta), a quien tuvimos ocasión de ver en aquella película memorable y conmovedora que es Habana Blues, de Zambrano. 
En términos estrictamente cinematográficos, no sólo en su guión, cuyo final resulta sorprendente, que nos deja boquiabiertos, con regusto amargo, por qué no decirlo, o en su filmación, sino en la belleza plástica de sus imágenes (con una foto y una dirección artística cuya estética nos remite a las pelis de Almodóvar), La boda se me antoja cine de altísmo nivel. Pero si a todo esto añadimos la temática que aborda y cómo la desarrolla, entonces, podríamos asegurar que estamos ante una obra maestra, verdaderamente emocionante. Hasta las lágrimas se nos pueden saltar, si uno (o una, ¿verdad, A.?) está sensibilizado/a con la historia sobre las muchas inmigrantes que trabajan en condiciones precarias, en nuestro país (trabajaban, porque cada día se disparan más los índices del desempleo. Qué país el nuestro, adónde vamos a llegar). Todo lo que una madre puede llegar a hacer por su hija, que vive a miles de kilómetros de distancia.  
Tuve el placer de entregarle el premio a su directora, Marina Seresesky, y luego charlar un ratito con ella, mientras nos tomábamos algo, en compañía de otros miembros del jurado: Gema, Antonio, Ana... premiados, amigos y amigas y gente de La Fila, comandada por Isabel Blanco, que es una intrépida, al tener el coraje y valentía de llevar a cabo este festival de cine en Valladolid, con tan pocos medios económicos.

Marina Seresesky
Originaria de Argentina, Buenos Aires, Marina es actriz y directora de cine y de teatro. Avalada por su anterior cortometraje, El cortejo, por el que ha recibido múltiples premios, en la actualidad está escribiendo el guión de su primer largometraje.  

En Valladolid hablamos sobre el cine que se hace en Argentina, que me parece muy bueno, casi todo, y de su cortometraje, La boda, nominado al Goya, excelente, tratado con humor, aunque tras ese tono de comedia se esconda una historia triste, en la que se nos muestran penosas relaciones sociales y laborales (en este caso la jefa, que es la mayor pringada y enculada por el capitalismo sangrante, aunque ella no sea consciente, como la más grande hija de puta, que putea, valga la "rebuznancia", a sus compañeras de curro) y, por otro lado, ese canto a la solidaridad femenina.

No os perdáis este trabajo, de Marina Seresesky. Grande.

jueves, 25 de abril de 2013

La fragua literaria leonesa: Elena Santiago



 Elena Santigo (Foto de Amando Casado)

«Mi memoria no cesa y mi tiempo tampoco»


La novelista y poeta Elena Santiago está trabajando en una novela, aunque se lamenta de que no puede ‘encerrarse’ a escribir como antes, cada día.

 A temprana edad, con tan sólo once años, seducida por la palabra y la imaginación, comenzó a escribir Elena Santiago, y eso fue definitivo hasta el día de hoy, pues en un mundo difícil, con calma o «contra viento y marea», nos ha ofrecido y sigue obsequiándonos magníficos cuentos, poemas y novelas. «Escribo y escribo. Mi memoria no cesa y mi tiempo tampoco. Sea periodismo o literatura (mi mente elige algunas variantes imaginadas) me acompaña en todo lo que es vida. El lenguaje. El ver más allá… Y el pensamiento y las sensaciones, a punto», porque la autora de Asomada al invierno –una de sus obras preferidas, y quizá una de las más redondas- es, además de poeta, novelista y cuentista.

  http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/mi-memoria-no-cesa-y-mi-tiempo-tampoco-_789564.html 

(Aquí podéis leer el resto del reportaje)

 «No puedo vivir sin escribir»

 http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/no-puedo-vivir-sin-escribir-_789563.html

(y en este enlace, podéis seguir la entrevista a Elena Santiago).

 

miércoles, 24 de abril de 2013

Hoy, con el maestro Pereira en la radio de Bembibre

Hoy, a partir de las 16h30, en la radio Hit Bierzo, nos acercaremos a la figura y la obra del maestro Antonio Pereira, que mañana mismo, día 25, hará ya cuatro años que nos abandó, en lo físico, porque en lo espiritual lo tenemos muy dentro. 
Como este programa no se emitirá en directo, supongo que tendréis la ocasión de escucharlo. Pereira era un hombre amable, vitalista y con un extraordinario sentido del humor, que manejaba el lenguaje como nadie, un narrador nato, tanto en oral como en el escrito. En ralidad, hablaba casi como escribía (y viceversa). Un portento cuya escritura era él mismo, una recreación subjetiva de su propia vida, de su realidad, como diría el maestro Gamoneda. Sus narraciones breves, tocadas por la varita mágica de la poesía, el suave erotismo y el humor, nos envuelven y nos cautivan de tal modo que llegamos a sentirnos dentro de sus propios cuentos y relatos. Pereira, como grande que es, devuelve la vida a la literatura, porque él era pura literatura, o sea, pura vida.
Pereira nos dejó una obra estupenda. Me entusiasman sobre todo sus cuentos, entre los que sobresalen, La orbea del coadjutor (por el que tengo debilidad y que leeré hoy en la emisión de radio) y otros más del Noroeste mágico (nuestra Comala) como Las nieblas de la Purísima, El tío Candela, El reproche de Tina, etc. Y aun otros tantos, como Las peras de Dios, llevado al cine por Chema Sarmiento en aquella memorable película, El Filandón, o bien los Cuentos de la Cábila (su barrio de infancia, en Villafranca del Bierzo, donde estaba la ferretería familiar, hoy en manos de Santiago Castelao), o los que figuran en La divisa de la torre... Todos ellos incluidos en esa monumental obra que es Todos los cuentos, editado por Siruela, en 2012.
Un grande, con una memoria emocional prodigiosa, un fabulador extraordinario, capaz de contarnos las historias con un lenguaje sencillo, conversacional y depurado a la vez. Tal vez por su vena y condición poéticas (comenzó escribiendo poesía, aparte de algún artículo para Diario de León), tenía tal desenvoltura y atino para la narrativa breve, que lograba una intensidad y un acabado sorprendentes en sus cuentos y relatos. En su caso, la escritura se convirtió (aun no siendo su profesión nutricia) en una forma de ser y estar en el mundo, porque, con su humor, a veces socarrón, decía que había comenzado a darle a las letras para ligar con las rapazas del pueblo, o del pueblo vecino, véase Cacabelos. 
 Lo recuerdo, siempre simpático, entrañable (cada vez que me veía, me decía alguna palabra cariñosa). La última vez que nos vimos fue en Tardes de Autor (Literarias) en la Casa de las Culturas de Bembibre, y luego me fui/nos fuimos a cenar con él y con su mujer Úrsula (magnífica persona).  Sirvan estas palabras como homenaje al maestro Pereira, Toñín, como le decían los más cercanos.

martes, 23 de abril de 2013

De viaje a México, el ombligo de la luna (I)




Bosque y castillo de Chapultepec en México D.F (foto de Fernando Ortega)
México, ese país que tantos y tan suculentos recuerdos me trae. Es como si siguiera enganchado a sus tuétanos. Imposible desprenderme de sus paisajes y paisanajes. De su forma de ser y estar. De todo aquello que viviera en una época gobernada por un jijo de la trompada. Y por toda esa bola de pendejos que le hacen la corte a sus mandatarios. Corrupción al por mayor. Mordida al canto. 
http://www.nocedadelbierzo.com/archivos/mexico_cuenya.pdf

                                  

        
Tepito en México D.F. (foto de Fernando Ortega)
No nací en México, pero viví en este país de contrastes a toda madre. El deseo rozándose con el Tánatos. La muerte exhibida. Los ataúdes en las aceras de Chalco. El culto a la pelona en Tepito y en Mixquic. País tragicómico al que le va la farra a todas margaritas. Como arañas panteoneras subidos a las bardas de lo insólito. País surrealista, adonde todo es posible, y al cual fueron a parar Breton, Artaud (en busca de una energía especial, que acabaría encontrando en los Tarahumara), Buñuel (que hizo, además de  Los olvidados, algunas de su mejores películas: El ángel exterminador, Nazarín, Simón del desierto, entre otras).

         Se vive de un modo más intenso en México, durante una breve estancia, que cien años de soledad en el Bierzo. Al menos para un gachupín ávido de sensaciones, capaz de sumergirse en los cenotes sagrados de la hiperrealidad. Aunque decir esto así parezca una salida de tono, quizá no sea una ocurrencia de última hora, sino algo que viví. Vivir, siempre hacia adelante, mirando hacia atrás, es inevitable. No obstante, cuando uno encuentra la temperatura afectiva adecuada en su tierra, entonces, ay, la vida puede tornarse amorosa y agradabilísima.

        

         México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Gringos

        

         Algo así dicen que largó Porfirio Díaz. ¿Quién se acuerda de este cuate? México, separado nomás por Río Bravo/Río Grande (depende de quién lo observe y lo nombre): un auténtico paso infernal para espaldas mojadas, y aun para otros. Una brecha bestial, una herida sangrante (léase merito Gringo Viejo, de Fuentes), que divide a unos y otros. “El otro lado” extraño y a la vez soñado: USA. La sombra de un gigante que cubre y apantalla a todo un continente.

        
Basílica de Guadalupe en México D.F. (foto de Fernando Ortega) 
México, país lindo y querido, acaso chido y  chingado. Me mola un chingo. ¿Qué más se puede pedir... y dar? México es para que te vaya mal (si eres un olvidado) o bien (si formas parte de la fresería andante). En la región más 
transparente, como dijera Alfonso Reyes,  y después Carlos Fuentes en aquella novela memorable.

         Para entender el México contemporáneo habría que regresar a la historia de Nueva España, que está marcada por el fracaso de sus guerras de Independencia. En el fondo, este país nunca ha logrado instaurar una democracia que ofrezca soluciones reales a sus inmensos problemas, entre ellos la desigualdad brutal entre ricos y pobres, el narcotráfico, la violencia a punta de pistola, la inseguridad ciudadana, sobre todo en el Distrito Federal, Tijuana, Ciudad Juárez… porque su historia –por desgracia- está infestada de caudillos, canónigos quema-herejes e izquierdosos con vocación de carceleros. En la actualidad, proliferan los sicarios y bandas organizadas que te pueden calzar en menos que roedor se trinca a una camada de conejitas.

        
Zócalo del D.F.
Los presidentes mexicanos han sido dictadores constitucionales, y su poder se revela casi absoluto. México no se entiende si se omite al PRI, el partido político que detenta todo el poder, ese bien tan preciado en este país.

         Mexiquito… acá se puede vivir mucho mejor que en Europa... en México todo es posible... hasta se pueden comprar títulos...  No me diga, señor lisensiado... ay, licenciado... no me cotorree, güey... que le digo que sí... pues vaya... En México, como en el resto del orbe, el que tranza, avanza.



         Ciudad de los ombligos

        

         La Ciudad de México se abre como un mar de luces en la noche oscura de las almas... purgadas. Aterrizar en Benito Juárez es todo un orgasmo visual. A uno le entran como espasmos cuando el avión está sobrevolando la inmensidad de esta urbe y, de repente, parece que fuera a estrellarse contra las azoteas de las casas. El aeropuerto está engullido literalmente por este monstruo de dimensiones colosales, la que fuera metrópoli de los aztecas, Tenochtitlán, la capital del imperio colonial de la Nueva España, situada en el valle de Anáhuac, a unos 2.200 metros sobre el nivel del mar, lo que a un turista, poco o nada habituado a las altiplanicies, le acaba produciendo mal de altura.

         Tan rica y sabrosona para algunos y tan mísera para muchos, que esnifan pegamento para combatir la amargura, hacinados en chabolas, a orillas de la gran urbe, surcada de norte a sur por la impresionante Avenida Insurgentes… Todo está hecho a lo grande en esta metrópoli, construida sobre zona lacustre y en tierra sísmica. Hundiéndose cada día. Siempre temblando como un álamo en medio de una contaminación atroz, sobre todo en meses de primavera, cuando el smog se queda clavado del cielo, como un puñal asesino. Resulta curioso que en la actualidad escasee el agua en la “ciudad de los palacios”, asentada sobre el que fuera el extenso lago de Texcoco, y aun rodeada por el ya desaparecido lago de Chalco (donde uno impartiera docencia, y el autor de El Guzmán de Alfarache pasara sus últimos días de existencia). De aquel enorme lago se sigue conservando, vivaz y colorido, Xochimilco.

        
Torre Latinoamericana en D.F.
Desde el cerro del Tepeyac, donde está la milagrera basílica de Lupita, se atisba un horizonte de nieblas y neblinas. Ensabanado cielo grisáceo, tirando a negruzco. Así se revela esta megalópolis, una de las más grandes del mundo, acaso la más grande, si dejamos de lado Tokio. “La virgen de Guadalupe es –según Octavio Paz- uno de los pocos mitos vivos de México”.

         Ciudad de México, el distrito defequense, no deja indiferente a naide/naides. Es un monstruo, con sus hedores, “una ciudad que huele mal”, dijo el inglesito Ashey en uno de sus programas de Ciudades del Pecado, y hermosa en el bosque de Chapultepec y en Xochimilco, con sus floridas trajineras, o bien en barrios como Coyoacán, donde se halla la casa-museo de Frida Kahlo y un monumento dedicado a los coyotes, que dan nombre a esta colonia.

        
Xochimilco
México, D.F., considerado por unos como el ombligo de la luna, qué guay, y por otros como el ombligo del maguey; la Venecia indígena, espejismo y ensueño, que tanto impresionara en tiempos a los españoles. Así nos lo cuenta Bernal Díaz del Castillo en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España.



        




        


lunes, 22 de abril de 2013

El habla de Toreno





 
“Yo me iré y Toreno será depositario de esta mi pequeña obra. Permaneceré siempre callado, con vosotros leyéndome. Y, desde muy arriba y verticalizado, por el canalillo del amor y la memoria nos entenderemos con silencios” (Paco González, El habla de Toreno)

Mañana, Día del Libro y festividad en nuestra sacro-santísima Comunidad castellano/leonesa, será un placer volver a Toreno (que de un modo inevitable me hace pensar en la ciudad italiana de Torino, con conde incluido), aunque esta localidad -simbolizada con una picota medieval- se halle en el Alto Bierzo, en la zona del Sil, cuyo dominio lingüístico corresponde al astur-leonés, con ciertas influencias galaicas, claro está. “El gallego y el leonés se funden –escribe el autor- en torno a Toreno con ligeras influencias del bable asturiano –del “pachuezu”, para mejor decir, que es el bable más suroccidental”. Y en estas andamos porque mañana, día 23 de abril, me “allegaré” a Toreno, desde el útero de Gistredo/Sistredo (concedido en el siglo XII, dicho sea de corrido, al monasterio de San Isidoro de León), a presentar, junto a otros amigos y colegas (Paco Vuelta, Juanma Colinas y Ricardo Chao) la reedición de El habla de Toreno, del fallecido Francisco González, que en gloria esté, cuya padre era de Toreno y cuya madre era de Robledo de las Traviesas, o sea de Noceda del Bierzo (qué maravilla), porque este autor e ilustre berciano (o lacianiego, pues lo nacieron en esta comarca aledaña al Bierzo) hizo una gran labor, recuperando, entre otras nobles actividades, la llamada “cultura inmaterial” de esta tierra. ¿Qué es esto de la cultura inmaterial?, pensarán algunos (y algunas). A los materialistas culturales les parecerá pura fruslería verbal, esto de la “cultura o patrimonio inmaterial”. Pues “cultura inmaterial” es nomás ni menos aquello intangible como el cancionero (cantares, coplas, nanas, romances, dichos, cuentos, acertijos, ensalmos y conjuros, retahílas, juegos…), el refranero, los relatos… Todo esto y mucho más ha quedado recogido en esta edición revisada y ampliada de El habla de Toreno, que mañana presentaremos en Toreno. No olvidemos el Vocabulario toreniense, incluido en este singular libro y que tan familiar se me hace, pues uno también ha tenido el gusto de darle rueca y fuso al palabrero nocedense, tal como queda recopilado en el Vocabulario de Noceda, editado por el Colectivo Cultural La Iguiada.
 Gracias al autor, cuyo espíritu estará entre y con nosotros, y a Paco Vuelta, que es un agitador cultural y artífice de este acto (y de tantos otros) nos reuniremos, a partir de las 12h en la Casa de Cultura de Toreno, al amor sagrado de las palabras, en torno al fuego-filandero de los hablares y cantares, que nos alumbrarán en esta jornada que se me antoja feliz, aun antes de vivirla, porque me siento ilusionado con la presentación de esta obra, tan valiosa e importante para entender nuestra idiosincrasia, nuestro modo de hablar y sentir. Un libro imprescindible, bellamente ilustrado con imágenes y fotos realizadas por Paco González (que era un artista), sobre todo para aquellos y aquellas que nos sentimos identificados y aun religados con nuestro paisaje/ paisanaje, que es nuestra memoria afectiva, con nuestros antepasados, que han insuflado vida a las palabras, para que ahora nosotros podamos conocerlas, emplearlas, disfrutarlas. El propio Paco González, consciente de que vivimos en una encrucijada geográfica, con varios dominios lingüísticos, nos habla de varios dialectos bercianos. Incluso en pueblos vecinos se emplean vocablos diferentes para un mismo apero de labranza, etc.  Y, por supuesto, el autor de El habla leonesa es sabedor de todos los estudios lingüísticos y de investigación sobre los cancioneros (Amador Diéguez), la literatura oral (Alicia Fonteboa), etnografía y folclore (Alonso Ponga) llevados a cabo en la comarca, incluso en las zonas limítrofes. Como, por ejemplo, El gallego leonés de Ancares, de Dámaso Alonso y García Yebra, el Vocabulario de García Rey, El dialecto leonés de Menéndez Pidal, las Estampas de la vida de León,  debidas a Sánchez Albornoz, los estudios sobre el habla berciana de Gutiérrez Tuñón, los cuentos e historias de Poncelas, entre otros muchos.  
A título anecdótico, aunque esencial, cabe recordar que en el entorno de Toreno y márgenes del Sil, a saber, Villa-seca, Villa-blino, Villa-rino del Sil (†Escobio), Villa-Martín, (†Villa-rino) Alinos, Villar de las Traviesas yVilla-verde de Noceda, estarían, en los albores del siglo V, en el área lingüística de un latín vulgar y campesino, con reminiscencias “mozarabías” como leite, feito, fillo, muller, noite… Qué curioso, cuánto aprende uno. Y cuánto me hubiera gustado conocer a Paco González, con quien a buen seguro hubiera hecho buenas migas hablando, entre otros asuntos, de los farramacos o zarramacos, que así les dicen en mi pueblo a los carnavales.