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martes, 31 de julio de 2012

Así es Noceda: el útero de Gistredo

Así te veo
Así te ven
quienes tuvieron la memoria
de conocerte
quienes pudieron contemplar
con los ojos que les diste
tus fuentes, valles y montañas
Así te siento
Noceda del Bierzo
Así eres
útero de Gistredo



Noceda nevada
Recupero este texto, publicado inicialmente en el Diario de León con motivo del día del Bierzo, sobre mi pueblo: Noceda del Bierzo. 


Pueblo apacible y fresco, situado en el Alto Bierzo, en la saya de la sierra de Gistredo, montaña sagrada y mítica, valle frondoso, ruta de fuentes curativas, tierra de castros, lugar de ídolos y duendes que bailan jotas a son de pandereta y tamboril. 
Pepe Mateguines, tamboritero nocedense

Pueblo entrañable, largo como una culebra tendida la sol en verano, colorido como una pintura impresionista en otoño. 

Desde la sierra de Gistredo el valle de Noceda del Bierzo se abre "como si fuera una inmensa corola de genciana con los pétalos avanzando por vaguadas y riberas".

Cascada del Azufre
El valle de Noceda es tal vez uno de los más hermosos del Bierzo. Y es probable que fuera, en tiempos remotos, un gran lago. Algo que acaso sólo pertenezca a la fantasía. Un lago que aún hoy nos sigue haciendo soñar y nos invita a reinventar la realidad. 

La genciana, la gistra, las castañas y nueces nos identifican y nos ayudan a proyectarnos en al sábana blanca de las ilusiones. 

Noceda, en invierno, se vuelve blanca y pura. La nieve cae como pintura sobre los lomos y desfiladeros de la sierra de Gistredo. Es como si viviéramos, al más puro estilo de Heidi y sus ovejas, en medio de una bella postal campestre (véase Cazadores en la nieve, del pintor flamenco Brueghel el viejo).
http://culturageneral.net/pintura/cuadros/jpg/los_cazadores_en_la_nieve.jpg

Es como si estuviéramos en una estación de esquí ensoñadora, espacio de eslalon gigante, cumbre de borrascas, copos y neblinas, tierra de papás nöeles y hadas madrinas que, montados y montadas en trineos, se colaran de rondón por nuestras chimeneas, mientras echamos un palo (trocho) a la lumbre.

Al amor del "llumbre" bajo seguimos soñando ídolos y seres fabulosos por los castros y castrines de Valdequiso, Ceruñales, La Forca, Fuentetorres, San Pedro, Los Sardones, La Chaniella. 

Noceda es un pueblo peculiar, que no sólo rompe con la estructura circular en torno a una gran plaza o Plaza Mayor (propia de los pueblos castellano-leoneses), sino que se extiende a lo largo de cuatro kilómetros, desde casa Caído-hondo lugar hasta el pico Río, cual si se tratara de una ciudad dividida en tres barrios: Vega, San Pedro y Río. 

Noceda, en invierno, se torna blanca y húmeda, verde y apagada. Con cierto parecido a un pueblo tirolés o suizo, aunque ni nos lleguen funiculares ni trenes cremallera, y sólo nos visiten "forasteros" (ahora turistas) en los meses de verano. Y de vez en cuando aparezcan "parapenteros" dispuestos a lanzarse al vacío desde el alto de Gistredo. Un vistoso y emocionante espectáculo. 

El pueblo (villa) de Noceda, en verano -incluso en la avanzada primavera-, se vuelve alegre y con ganas de jarana porque los "forasteros" (en tiempos se celebraba una fiesta en su honor), entre los que podemos incluir a quienes tienen raíces nocedenses, retornan al pueblo dispuestos a juerguear. 
Aquella fiesta en honor a los forasteros se ha convertido desde hace unos años en el día de las fuentes curativas. 

Es sobre todo el mes de agosto una fiesta perpetua. Se celebran romerías en los tres barrios, y aun en las pedanías de todo el ayuntamiento: San Justo y Robledo de las Traviesas (incluso en Cabanillas, que suelen adelantar al mes de julio). Toda la gente nocedense para dispuesta a mostrar y ofrecer a los visitantes lo mejor que tiene de sí misma, su hospitalidad y sus afectos.


Se descorcha el festival con la fiesta en honor a San Pedro, se continúa con la dedicada a la Virgen de las Chanas y San Roque (15 y 16, respectivamente) y se remata la faena con la fiesta de San Bartolo, en el barrio de Río, bien conocida en el Bierzo por su carrera de burros/as y el milagro que hace transustanciar el agua en vino. Ahí queda eso. 

De parranda
Y para que se os pongan los dientes afilados, sobre todo a quienes soportáis 40º a la sombra, deciros en las noches veraniegas en Noceda son fresquitas y estrelladas, lo que invita a dormir a gusto y gana. Un sitio ideal (qué cursi me quedó esto). Como una bocanada de aire puro y refrescante. 

Guapa-ina

Linda (guapa-ina)
como un amor a primera vista
y al calor del mediodía
me alumbras 
con tus ojos poderosos
con tu belleza dulce
espíritu-libre
tú, aire-sonrisa
acudes gustosa a mi encuentro
mientras el mundo duerme
silencioso
en el imborrable recuerdo
de un porvenir
que ya es
tú, amor-luz
sensual
te transformas en tiempo-sangre
y perfume
esencial 
mientras me guías
Guapa-ina (linda)

lunes, 30 de julio de 2012

En tiempos de crisis

En estos tiempos convulsos, de crisis, sobre todo moral, anímica, crisis perversa, sin duda, provocada por los tiburones y las ratas del capitalismo desbocado (cada día más ricos y todopoderosos) y tantos cuantos han contribuido a alimentar la mediocridad, desde tiempos casi inmemoriales, la mediocridad y la basura en todos los ámbitos, creo que es una buena ocasión para nutrir o re-alimentar la espiritualidad y regresar a lo natural, aquello que nos sigue haciendo crecer como personas, aquello que nos procura bienestar. 


No son necesarias grandes cosas para sentir la vida. Por eso quiero, deseo "cantar", recitar poemas de amor (y muerte) el próximo 5 de agosto en Palacios de la Valduerna. Un canto a la espiritualidad y a la naturaleza. 
http://adelantobanezano.com/?p=6222
De modo que leeré algunos poemas y textos, acaso poéticos, ese día en el Castillo (qué chulada) de Felipe Pérez Pollán, lugar emblemático, en el que estuve por primera vez, como espectador, el pasado año. Poesía para vencejos, le dicen. Pues cantemos a los vencejos, que son aves que se pasan el tiempo volando (qué inmenso placer, a uno también le gustaría estar volando casi sin descanso), mientras comen, copulan y aún duermen. Extraterrestres que son estos bichos, impregados con la lírica del éxtasis (o el vuelo). 


En estos tiempos de crisis -si es que nos tienen "atontolinaos"-, conviene alimentarse con espiritualidad, pues no sólo de pan vivimos los humanos, y ciertas dosis de naturaleza, a ser posible en estado puro (qué ilusión y terrible ingenuidad). 


Los mandamases nos han dado tijeretazos por todos los poros y nos han metido el miedo en el cuerpo, y estamos paralizados. El miedo, qué eficaz, para mantener a la población en un estado permanente de adormecimiento. Y no te mueves, que te quito lo poco que tienes. O te mando a la ratonera a roer los huesos mondos y lirondos de la insuficiencia. 


Tiempos de crisis, buenos para cantarle al amor y a la naturaleza. Pues, eso, volvamos a re-ligarnos con los afectos, la amistad y lo natural, que lo postizo es algo espantoso, y el dinero, sobre todo en determinadas manos, no deja de ser basura, mas basura que mueve el mundo, por desgracia. 


Un canto al amor, a la vida, a la espiritualidad, a la naturaleza, hey...

jueves, 26 de julio de 2012

Burning

Burning, con ese ardiente nombre anglosajón, pasado por la movida madrileña, siempre me entusiasmó. Había algo en la letra de sus canciones, en su música, que me hizo entrar por la puerta grande. Entonces, cuando comenzó esta banda madrileña de rock, o pop rock o blues rock, uno era un rapacín, con las ilusiones aún intactas y el mundo por montera. Y aquellos sonidos me cautivaron, como a tantos otros críos y adolescentes nacidos a finales de los sesenta. 

Una bocanada de aires juguetones y acaso transgresores, que nos vinieron/me vinieron (en todo caso) muy bien. Pasados algunos años, y ya siendo todo un mocín, tuve la ocasión de ver/escuchar a los Burning en Toreno (quién lo diría) y en Cubillos del Sil (creo recordar). Entonces, puede que aún viviera Toño Martín, el alma-voz del grupo, y por supuesto todavía coleaba Pepe Risi. 

Escuchaba con devoción a los Burning, acá y allá, incluso en una disco-antro vetustente, la Factory, en horas de blanco satén. Qué tiempos aquellos. 

Con el transcurrir de los tiempos, me he dado cuenta de que me siguen enganchando sus melodías y sus letras con aromas canallas. Ahí quedan para la eternidad ¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste? o No es extraño que tú estés loca por mí. Grandes. 

Hace pocos días, a través de la tele de Ponferrada (para eso sirve a veces ver la tele), entrevistaban a uno de los componentes de la banda, un tal Manolo Fernández (al que a decir verdad no lo tenía registrado porque sólo estuvo como bajista durante unos años, a comienzos de los ochenta). Y me quedé sorprendido de que el tipo viva ahora en Bembibre. Qué curiosín. A ver si lo encuentro un día por la calle, lo reconozco y lo saludo. Me gustaría. 

Manolo Fernández contaba, entre otras cosas, sus andanzas con Burning, y cómo en este momento se dedica a enseñar música en la capital del Bierzo Alto. 
Pues de momento seguiré escuchando aquellas legendarias canciones que tan buenos momentos me procuraran en noches quizá de amores imposibles. 

Amor hecho ternura

Amor hecho ternura
complicidad
Amor hecho amistad
siempre
Amor chispeante
eterno y libre
instante milagroso y juguetón
reinventas mi realidad
invitándome a ser aspirante
a poeta
qué cosas
en este club de poetas 
vivos
más allá de la muerte
de las palabras
Amor-Diosa
creo en ti

miércoles, 25 de julio de 2012

Temperatura afectiva

Ahora que el calor nos envuelve y las llamas achicharran nuestros horizontes, con tramontanas soplando con fuerza en Cataluña y aun en otros lugares, me apetece darme un revolcón en la temperatura afectiva adecuada. Bucear en los procelosos mares de lo afectivo. Qué emocionante. 

Lo importante no es, como muchos y muchas creen o pudieran creer, la temperatura ambiental. Soportar 50º o -30º. Al sol o a la sombra. "Vete por la sombra", suelen decir algunos paisanines. De lo contrario, obvio es, habría gente que jamás viviría en Islandia, Groenlandia, ni en la Siberia rusa... ni siquiera en los desiertos, en ningún clima extremo, en definitiva. 

Me lo dijo hace tiempo una berciana, que ahora debe andar por La Mancha. "La verdad es que no logro adaptarme a ese clima", me dijo. "`Pues, qué quieres que te diga, chiquilla -le respondí categórico- lo que importa es que encuentres la temperatura afectiva adecuada, tu clima afectivo, porque lo demás son pamplinas". Creo que la maté, o algo tal que así. Y tampoco sé si le parecí un loco de la vida. Pero se lo dije convencido y a la buena fe, claro está. 

A medida que uno crece, comienza a darse cuenta de que lo único verdaderamente importante, esencial para vivir, es encontrar tu lugar en el mundo, esa temperatura afectiva que nos permite disfrutar. Necesito vivir de afectos y lo más despierto posible. Sólo así, creo, se puede andar compuesto por la vida. Uno puede vivir en La Mancha o en la sierra Tarahumara, en el útero de Gistredo o en Vancouver, en la Patagonia o en Tokio, pero lo único que merece la pena es encontrar ese espacio o envoltorio afectivo. 

Incluso los psicópatas y descerebrados, recluidos en un centro penitenciario, necesitan tantito de amor (bueno, no estoy del todo convencido) para sobrellevar la pesada carga existencial. Y ahora que estoy metido en harina, lo mejor que a uno le puede ocurrir es amar y ser correspondido. Es el tope. Lo sublime. "A tope", que diría José Luis Prada. 

Por eso entiendo ahora, mejor que nunca, a aquellos emigrantes que se iban a las Américas (incluso a las Europas entonces desarrolladas) en busca de pan, y cada vez que podían regresar a su espacio afectivo, a su matria, a su terruño impregnado de familiaridad, se sentían como levitando, en éxtasis permanente, porque encontraban sin duda su temperatura afectiva adecuada.  

No hay más que ver a esos españolitos y españolitas que salen por el mundo "alante", algunos de los cuales acaban encontrando sus espacios afectivos porque dan con sus parejas y a partir de ahí nacen sus retoños. Arraigo cuasi definitivo a la tierra que sea. 

Ni que decir tiene que el espacio afectivo adecuado, el clima que a uno le viene bien, no siempre coincide con su lugar de nacimiento, ni con aquellos sitios de infancia (aunque suelen ser los lugares más comunes y tópicos) sino con el lugar en el mundo donde está la temperatura afectiva que uno desea o siente con toda su alma. Un amor de verdad, una familia, de verdad, unos amigos y amigas, de verdad. Eso mismo: la temperatura afectiva "perfecta". 

martes, 24 de julio de 2012

Carnicer en Carracedo

Monasterio de Carracedo
El pasado sábado nos dimos cita un buen puñado de narradores, poetas y cantores (o canta-autores) para recitarle odas y romances al gran Ramón Carnicer, a quien nunca llegué a conocer, porque uno andaba en otras latitudes, tal vez menos espirituales. Pero este es otro cantar de ciegos, para ser interpretado por un coro de ángeles y ángelas, "oh seah", excuso decir o "dicir". 

Jesús Celis y Fermín López Costero
La reunión tuvo lugar en el artístico y lírico monasterio de Carracedo, lugar de inspiración para tantos poetas, léase nomás a Fermín López Costero y su Memorial de las piedras. 

Palabras, hechas carne y fuego, buena compañía, un espacio acogedor, una cocina sofisticada y sabrosa en La Tronera de Villadepalos nos reunieron en torno a la figura y obra de Carnicer, que se merece no sólo este sino muchos otros homenajes, aunque en vida los hubiera agradecido más y mejor este grande de las letras castellanas, a quien descubrí tardíamente, con más de treinta años a mis espaldas. ¿En qué andaría uno? 

Lo que me resulta curioso y hasta sorprendente -como dijera en mi intervención- es que la obra de Carnicer, que tanto me interesa y entusiasma por lo que tiene de viaje, y en concreto de viaje espiritual, me llegó más tarde que la obra de Juan Goytisolo, quien también por los sesenta escribiera un librito de viajes sobre la Almería profunda (léase Campos de Níjar)

Sólo cabe pensar -a veces conviene pensar- que mi ignorancia, unida al silencio impuesto a Carnicer por el poder bien-pensante, me lo dejaran aparcado, fuera de onda. Y esto dificulta enormemente la tarea. Qué pena me da, tanto por estar en la inopia (me refiero a mí, naturalmente) como porque esa obra de cabecera que es Donde Las Hurdes se llaman Cabrera no le procurara al bueno de Don Ramón buenas vibraciones por parte del la clerigalla y aun otros mandatarios y represores, que siempre están chingando con sus monsergas y cabronerías. 

Celis y Jovino
En cualquier caso, ahora, a estas alturas, ya sé algo de Carnicer y su obra. Y aprendí cosas también este pasado sábado en Carracedo de la mano de colegas y amigos, que le dedicaron desde versos hasta repasos ilustrativos de enorme valor. Como es el caso de Jovino Andina, que como suele ser habitual en su persona nos mostró una investigación estupenda acerca de una de las novelas de Carnicer, Todas las noches amanece (que por cierto tendré que leer), cuyos escenarios y personajes se intuyen o traslucen en Bembibre. 

Pilar Blanco
Celis y Fulgencio
Celis y Ernesto Escapa
Aparte de Jovino, cuya charla ilustrativa me encantó por didáctica e instructiva, también recitaron y opinaron muchos otros y muchas otras, entre ellos y ellas, la poeta, también bembibrense, Pilar Blanco, Ángel Fierro, Escapa, Carmen Busmayor, Toribios, José Enrique Martínez, Nicolás Miñambres, Mar palacio, Marino Castro, el propio Fermín López Costero, el intrépido pintor Carralero, Jesús Celis, el siempre humorístico Fulgencio, y un largo etcétera de autores y autoras. Olvidaba mencionar a Carmen Morala, una de las organizadoras de la jornada, que tuvo a bien leernos el texto que envió César Gavela desde Valencia. 

Busmayor, Prada, Morala, Toribios
Y como colofón (como suele decirse) el concierto del gurú y y trovador del Bierzo, Amancio Prada, quien figura en el último número de la revista La Curuja como un  ilustre e ilustrado en Noceda del Bierzo. 

Amancio Prada 
Amancio Prada, a quien he visto y escuchado en algunas ocasiones, me emocionó con su voz espiritual y poética y aun su fuerza sobre el escenario, a pesar de que una sulfatadora interrumpió en algunas ocasiones la actuación de este místico y romántico berciano de la música, que pone voz a poemas de Llamazares, Gamoneda, Rosalía de Castro, entre otros... Me entusiasmó su concierto en ese espacio cisterciense. Por fortuna, la sulfatadora (qué vulgaridad, al lado de lo sublime) dejó de sulfurarnos o sulfatarnos y Carralero -el creador de la Glorieta del Cine en Ponferrada-, que pasó delante del escenario en al menos dos ocasiones, dijo que ya había matado y rematado al dragón. 

Pepe Carralero y Clotilde
Un puntazo, el Pepín Carralero, que tuvo la fortuna, además de nacer encima de una bodega (hoy Museo cacabelense), de encontrarse, después de la comida, con su lechera Clotilde. Qué delicia los reencuentros con aquellos seres que nos devuelven a una infancia feliz y dichosa. 

Pues carta blanca para que nos sonría de nuevo y nos haga extasiarnos la música de Amancio Prada. 

Deseo

Deseo saber
que eres mi realidad
en el sentir de hoy
siempre
tiempo esencial
imprescindible

Deseo saber 

que tu realidad
me hace sentir
en este mundo
bajo la sensación de una fragancia
levitando en el cielo 
teñido de afectos

Ansío tu luz
palabra y amor
en un todo
Eres mi vida
Me despierto 
con tus palabras
Amor
en un mundo que ahora
me está gustando

Te soñé pura
estabas cerca, a mi lado
y sonreías
tan tú y amorosa
que me desperté
Ahora sé que tu yo
me hace volar

jueves, 19 de julio de 2012

La Curuja/Coruja

http://www.nocedadelbierzo.com/lacuruja.html
La Curuja, A Curuxa, La Coruja es como le decimos en mi pueblo a las lechuzas, esas rapaces nocturnas que siempre están ojo avizor, al acecho de cuanto pueda acontecer en la noche. 


Curujas o Corujas se les dice, por ende, a las vecinas y vecinos chismositos, que siempre están de cotorreros, pendientes, tras los visillos de alguna ventana, de lo que uno pueda hacer. Algo muy común en los pueblos y aldeícas. Supongo que de toda España. Aunque en el Bierzo es habitual. 


Fisgonear es un deporte harto practicado por quienes desean espiar las vidas ajenas. Una forma nomás de matar el tiempo. Qué pena, matar el tiempo, cuando deberíamos aprovecharlo cada segundo. Pues el tiempo no lo da dios de balde, como siempre se creyó, sino que el tiempo es una realidad, una dimensión que pasa inexorable, y nunca más vuelve. Pero no nos pongamos estupendos y volvamos al punto de partida: la Curuja o Coruja, que da título por lo demás a una publicación que llevamos haciendo en Noceda del Bierzo desde hace años, y que en la actualidad ha llegado al número séptimo de su segunda época, pues hubo una anterior, donde se editaron hasta quince números. 


Para este número, el 7, hemos contado con las colaboraciones de paisanos y paisanas (y aun otros y otras) como Nicanor García Ordiz, que nos ofrece un poema, La luz que ya no es, dedicado a un Bierzo al que se le va la vida; Esperanza Arias, quien nos hace una semblanza magnífica de la poeta y maestra nocedense, Felisa Rodríguez, a la que tanto debemos agradecer; Raquel Viejobueno, una escritora madrileña que nos deja sus impresiones poéticas de Noceda; Pepe Álvarez de Paz, que nos enseña nuestros molinos de agua con orgullo y una prosa ágil; Manuel Bernardo, quien, como presidente de la Asociación Micológica Cantharellus, nos muestra, a modo de síntesis, un repaso por las diferentes ediciones de estas jornadas bercianas dedicadas a las setas; Víctor Rodríguez, que nos da algunas claves para que se controlen los fuegos en Gistredo, Ricardo González, que nos hace recordar aquellos tiempos de pastores en La Camposina y aun otros llamazos; Américo Vázquez, quien, desde su Argentina querida, Bierzo soñado, nos deleita con sus recuerdos de infancia en Noceda; y Carmen Busmayor, poeta y amiga berciana que cierra la edición con un poema, Aliso, el cual nos devuelve a una niñez alegre y veraniega. 


Ah, olvidaba deciros que, como coordinador o editor de esta revistina, también he tenido el atrevimiento de dejaros algunos textos como el de Mineros (como homenaje a estos seres de la profundidad), Ilustres e ilustrados en Noceda del Bierzo, que versa sobre diferentes personalidades literarias (y otras), véanse Amancio Prada, Cristóbal Gabarrón, Aniano Gago o Ramón Rubial, entre otros, que han tenido a bien acercarse al útero de Gistredo. Y para finalizar, un artículo-homenaje al escritor Ramón Carnicer. 


http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/la-revista-curuja-homenajea-a-ramon-carnicer_708402.html


Espero que os guste. 
Salud.

El silencio

La noche en calma invita a soñar. Y soñar es algo que no podemos ni debemos perdernos porque tu noche es mi noche. Soñar, incluso despierto. Hamacado por el silencio de la oscuridad, que se perfila serena. El silencio, ay, convertido en música tranquilizadora. Dejarse arrullar por el silencio. Abrazar la noche. Dormir en paz. Sentir que la vida es Amor. Regresar a una infancia dulce y soñada. Hablar con el tiempo presente. Aquí y ahora. Besar el silencio. Volver a la serenidad. Alcanzar las estrellas. Tocar el meollo de la noche, que se revela hipnótica. Seguir amando. En silencio. Acunado por un tiempo fluido y aromático. Acariciar la noche. La noche en calma, que palpita bajo tus párpados, vitales y rosa. Soñar incluso dormido. Soñar es algo esencial, insustituible. Dejarse amar. Amar y ser amado. Lo mejor que te puede pasar. Volver a dormir bajo un castaño milenario, a orillas de un manantial. Sentir el tiempo. La cara visible de la luna. Estar y ser. Saber que la vida es intensa. Hablar con el amor. Amor. Tú. Cerca de ti. Beso tu noche. Beso tu sueño. Y tiemblo. Porque estoy. Y fluyo. La noche, esta noche de sueño, bajo la sonrisa iluminada de tu tiempo. Vibrando hacia el universo por los valles y montañas de nuestro aquí y ahora.  
Soñar, sí, soñar que tocamos el centro del universo, infinito y rojo. 

martes, 10 de julio de 2012

La luz de mi noche


http://www.diariodeleon.es/noticias/provincia/presentacion-hoy-de-la-luz-de-mi-noche-en-auditorio_701179.html

Esta reseña, en versión algo más reducida, también puede leerse en el Diario de León del pasado domingo 8 de julio.

La luz de mi noche es un excelente libro de fotos nocturnas, de José Luis Presa, paisano y amigo de la Ribera del Órbigo, de Benavides, para más señas. 

"Pasa, abre los ojos y disfruta, sueña... La Luna no está lejos". 

Gracias, José Luis, por obsequiarnos esta obra llena de luz -luz de luna-, en nuestro firmamento misterioso y estrellado. Y aun por invitarnos a realizar contigo, de tu mano fotográfica, este viaje al fin de la noche, "entre la peña sagrada y el fugo purificador", mientras sentimos las caricias de su enigmática belleza. Me encantó participar con esos dos textos titulados Camino al cielo y Lago de Carucedo.

Tu trabajo es realmente hermoso porque logras retratar, como nunca nadie lo ha hecho antes (vaya osadía la mía) todos esos lugares y puntos estratégicos de tu tierra, de nuestra comarca, de nuestro mundo entorno, con esa magia y ese buen hacer que me emociona. "Plantados frente a la recortada silueta de una torre podemos reconocer el pálpito de la emoción", nos dice Justo Sellés, quien pone texto a una de tus fotografías. 

Algunas de tus fotos, como ya te dijera, me recuerdan al mejor Van Gogh -pintor por el que siento auténtica devoción- y otras me hacen pensar en Dalí (otro de mis fetiches pictóricos, incluso literarios, pues el tipo éste escribió mucho y rico). 

Con tus encuadres y tu forma de iluminar, de una forma original, nos empapas los sentidos de sabores, colores, sonidos, texturas aromáticas. Es probable que aciertes siempre con el balance de blancos, aunque a veces se revele dramático, para que el conjunto resulte armónico. 
Ahí están retratados tus monasterios e iglesias, castillos y palomares, pallozas y bodegas, ríos, lagos, pantanos y montañas, campos de girasoles y pacas de yerba, la piel de las amapolas y las estrellas, la Vía Láctea, las playas y acantilados, los árboles (el xardón de Otero, el arce de Fombasallá o el milenario tejo de San Cristóbal de Valdueza), las brañas y las plantas (que trepan por la belleza innata), Las Médulas y Las Hoces de Vegacervera o las entrañas de una mina de Toreno... 

Además de tu faceta como fotógrafo (autodidacta, te dices, quién lo supondría), está tu labor como autor, porque cada foto va acompañada de un texto, que desvela o construye todo un mundo en torno a la imagen tomada. En ocasiones, una imagen vale más que mil palabras (depende, claro está, de quién sea la imagen y la palabra), pero en tu caso, si bien las imágenes hablan por sí solas, las palabras que las arropan tampoco desmerecen en absoluto. Me refiero a las tuyas. Pues en tu libro también figuran textos, algunos de gran belleza, escritos por autores y autoras del terruño, como el sublime trovador Mestre, que rinde homenaje poético al arce de Fombasallá (el retrato de la bondad de un dios), César Gavela, Carmen Busmayor,  Pedro Trapiello, Fermín López Costero, Ester Folgueral, Emilio Gancedo, Carlos Fidalgo, Abel Aparicio, Santiago Macías, Nicanor García, Pedro Muñoz, entre otros y otras. 

Supongo, José Luis, que estarás muy satisfecho con este magnífico trabajo. O eso al menos creo, después de verte la tarde de San Juan en la presentación que hicieras en tu pueblo, Benavides de Órbigo, con la presencia de la alcaldesa, el editor, el diseñador y un buen puñado de amigos, amigas, familiares, seguidores y otros... penitentes que tuvimos el placer de arroparte en un acto emocionante. 

Este libro es una magnífica invitación a descubrir el aspecto íntimo de nuestra Ribera del Órbigo así como el resto de la provincia leonesa (incluso nos enseñas algunas fotos tomadas en  Galicia,  Alicante o en México, como esas tortugas de Quintana Roo), porque tus imágenes nos ayudan a reflexionar acerca de nuestras esencias, nos acercan a la belleza de lo cercano, de lo cotidiano, y nos muestran el alma de nuestras vegas de chopos y lúpulo y aun las riberas cereales, nos adentran, en definitiva, en nuestros paisajes (que son nuestra memoria), los cuales nos devuelven a nuestras raíces, acaso a una época de serenidad y ternura, algo por lo que uno siempre está luchando. 

Espero, querido José Luis, que nos sigas mostrando el espinazo de la noche con tus puestas de luna. Y continúes reinventando nuestros paisajes y nuestros sueños. 

viernes, 6 de julio de 2012

Mayrit o Magerit

Viajar a Madrid de vez en cuando, sobre todo para quienes vivimos en provincias, resulta muy estimulante. A algunos y algunas se les empachan las grandes ciudades, pero Madrid (Mayrit o Magerit, a vuestra elección) aun siendo una gran ciudad y una ciudad grande se me antoja hermosa para recorrerla, saborearla. Me refiero al Madrid de siempre, el histórico, ese que atrapa con su belleza monumental y su historia literaria. Se nota que no vivo en esta ciudad, aunque sí he estado en ella en múltiples ocasiones (ah, y hasta llegué a vivir una temporada, breve e intensa). 

Arco de Cuchilleros
Nada más pensar en la capital del Reino, se me viene a mientes el Madrid galdosiano de la calle Toledo y la calle de Postas, próxima ésta última al palacio de Santa Cruz (en la actualidad sede del Ministerio de Asuntos exteriores). Por ahí cerca también anda la Plaza Mayor, en cuyos aledaños se comen/se comían buenos bocatas de calamares. Ay, el olor a calamar. Y próxima a la Plaza Mayor, donde los guiris se torran al sol (cuando lo hay),  está el pintoresco Arco de Cuchilleros. Pero no quiero que este sea un recorrido turístico al uso y abuso, sino una rememoración del Madrid que siento. Olvidaba mencionar la antiquísima Casa Botín, de la cual se dice que es el restaurante más viejo del mundo. Mucho decir, o sea. 

Me gusta sobre todo el Madrid de Valle, el del callejón del gato (y tal vez el ratón) y el de las botillerías (en las que por cierto no se servían botillos del Bierzo, sino licores y cafés), lugares éstos con mucha solera literaria, pues acudían gentes tan nobles y bien-pensantes como Ramón Gómez de la Serna, otro grande de los madriles, que nos obsequió obras tan estupendas como Nostalgias de Madrid o El Rastro (cada vez que lo visito siempre me compro algún libro), por mencionar sólo algunas con aroma madrileño. En la carrera de San Jerónimo aún se encuentran vestigios de aquellas antiguas botillerías, hoy reconvertidas en bares y cafeterías. Precisamente, en Sol, esquina con la calle Alcalá, se halla una placa que nos recuerda que alguna vez allí estuvo el café La Montaña, al que gustaba ir el bohemio y luminoso Valle, y donde perdió su brazo izquierdo (para mayor gloria del derecho) en una archiconocida disputa con el majadero Manuel Bueno. O bien la calle Carretas, que parte de Sol hacia la plaza Jacinto Benavente, donde se encontraba el café Pombo, tan querido por Don Ramón de "la Sorna", y retratado de un modo magistral por Gutiérrez Solana. 

También en la Plaza Jacinto Benavente, aparte de musas y meretrices, se puede visitar la tetería Mayrit (baño termal y masaje incluidos, si así lo deseas, soltando eso sí unos euritos). Y hablando de musas, te las encuentras por ese barrio que frecuentaran en tiempos Cervantes, Lope, Calderón, Tirso de Molina y otros duendes. Pasead por las calles de Antón Martín y Sevilla. Se cuenta que en el convento de las Trinitarias está enterrado Cervantes (aunque nadie acierte a dar con sus huesitos), y en la Calle Cervantes, número 11, para más precisión, se halla la casa de Lope, próxima al que fuera otrora teatro o Corral del Príncipe, hoy Teatro Español, en la Plaza de Santa Ana. Qué cosa eso de las corralas. 


Y así, casi sin quererlo ni pretenderlo (o sí) me estoy largando un voltión turístico (qué lástima, al final me he turistizado) por la capi, Mayrit o Magerit, nombres con tal regustín árabigo-andalusí que me está encantando. Y continuando con el figurón de Cervantes, en la calle Atocha, en el número 87, se puede leer, también en una placa, que en ese mismo lugar se editó por primera vez el Quijote. Qué chuli. 

Madrid no se agota por más que uno deambule por sus calles, arriba y abajo. Proseguiré ruta. Mañana, dentro de unas horas, de forma real, porque ahora lo estoy haciendo sólo de memoria.

jueves, 5 de julio de 2012

Flamenco (y otras músicas)



         Suele ocurrir que uno elige un bar en función de la música que allí ponen. En el Bierzo, concretamente en Ponferrada o en Bembibre, son pocos los bares de noche especializados en algún tipo de música.  O al menos uno los desconoce. Es como si la música no fuera importante. O no pareciera importarles a los clientes, que aguantan con estoicismo el ruido que les arrojan encima de sus oídos taponados, elevando su voz, si cabe, por encima de los decibelios "atronadores". 
Aunque no se encuentran muchos bares especializados en algún estilo de música, sí me gustaría reseñar el Cocodrilo y la sala Tararí en la capital berciana.

      En esta sociedad "embadurnada" se habla de la televisión basura, de los trabajos basura, de la comida basura y de algunas otras mierdas. Pero son pocos a los que se les oye hablar de la música basura, que en nuestra época es como el pan y el cáliz nuestros de cada día. 

Como en casi todo lo que se ha dado en llamar arte, lo que predomina en la actualidad, y desde hace tiempo, son los sucedáneos, las malas imitaciones, el mal gusto, lo hortera y lo Kitch, o sea. Y en muchas ocasiones ni siquiera se puede hablar de música, sino de ruidos más o menos empaquetados. Vivimos rodeados de basura. Qué lástima. Y algún día, no tardando, acabaremos ahogados en nuestra propia inmundicia. Pero no nos pongamos estupendos ni tremendistas, y apechuguemos con lo que "haiga" (que dicen en mi pueblo).

A lo largo de la vida, uno se ha dedicado a escuchar músicas varias, clásica, rock, pop, psicodelia, músicas del mundo... Entre todas esas músicas, el flamenco, que desde el 2010 ha pasado a ser Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, nunca fue una de mis preferidas. Incluso podría decir que me resultaba insoportable a los oídos, tal vez porque  no le prestaba suficiente atención, o seguramente porque lo que escuchaba también era un vil sucedáneo. 

Uno, por el hecho de ser norteño, está acaso más familiarizado con la llamada música “celta”, que quede en folclórica, porque le término "celta" también se las trae, salvo que hablemos del Celta de Vigo o de los Celtas aquellos que en tiempos fumara mi padre. 

Desde hace tiempo también me he sentido muy atraído por la música zíngara, esa que se oye en Los Balcanes.  Escúchese por ejemplo a los Taraf de Haïdouks. 


Sin embargo, el flamenco, que tiene mucho de gitano y de árabe, no me enganchaba hasta que presencié  una sesión en vivo y en directo y vi, cómo no, Flamenco, la película de Saura. 

Meterse alguna que otra sesión de flamenco en vivo invita a saborear este arte musical, que en verdad lo es. Hace tiempo me di una vuelta por las famosas y turísticas cuevas del Sacromonte granadino, que aunque no sean los sitios más adecuados, si me ayudaron a presenciar algún que otro espectáculo de flamenco. Se me pusieron los pelos de punta viendo a los bailaores y bailaoras zapateando al ritmo desgarrador de los cantaores flamencos. 

Tiene el flamenco ese aroma de muerte, y ese regusto a entonación magrebí, que se te mete en las entrañas y te produce un agridulce contraste de emociones.  Es el flamenco un arte para disfrutar en vivo y en directo. Me gustaba mucho el maestro Enrique Morente.

miércoles, 4 de julio de 2012

Amor-reina

Tu luminosidad
late fluida
en mi corazón
horizonte
hecho con el material
de tus sueños
Amor-reina
de mis sueños
alma-paisaje
tú y yo
por entre el espacio
abrazados al tiempo

Te siento cerca
Amor, palabra balsámica
siento que vivo 
cuando estás
eres
realidad
que toco
con luz
fundido en el universo
en tu palpitar
que me alumbra
en esta hora de enroscamientos

Sigue ahí, cerca
Amor-reina
alma-paisaje
tú y yo
abrazados a la realidad
que tocas
que toco
con luz
mientras me cuelo en tu sueño

Si me adentrara
aún más
en tu sueño
nuestros sueños
te acunaría
Amor-vivo
y tu yo sería mi sueño
tu alma-paisaje sigue latiendo
horizonte-aromático

Y mi soñar comienza
en las dunas de tu cuerpo
hueles y sabes a Amor.

lunes, 2 de julio de 2012

De mi Diario

De mi Diario de hace un montón de años.


Para escribir, aunque no se alcancen grandes glorias, uno debería comprometerse con la literatura, como siempre quiso el noble Sartre, aquel pelirrojo estrábico que nos mató literalmente con su Náusea y nos metió en el infierno con su Huis Clos, que tanto me hace recordar a El Ángel exterminador, del gran Buñuel. La literatura podría ser acaso compromiso y muerte. La literatura como muerte, según Unamuno.  

Uno no puede escribir desde el optimismo, llegó a decirnos Juan Manuel de Prada, quien fuera apadrinado en un principio por Umbral y luego resultó rana en la charca de las insuficiencias. 

Es probable que uno sólo logre escribir desde la desesperanza y el tormento, como también y tan bien lo hicieran Kafka, Sábato o Artaud (al franchute lo recluyeron en un psiquiátrico por considerarlo loco, tal vez por decir verdades como templos, pero es que en esta muy pulcra sociedad no se acepta  a quien pretende destruir mitos y religiones, convenciones y poderes), y Artaud fue muy lejos en su hacer literario, teatral, histriónico. Y tuvo que pagarlo, desgraciadamente. Son la esquizofrenia y el capitalismo quienes nos conducen y nos llevan de la mano al precipicio. Por lo demás, hay que ser adaptativamente productivo para formar parte de la sociedad normal, demasiado normal. 

Tal vez uno sólo puede llegar a construir una gran obra cuando sufre  y además conoce la crueldad humana, en todas sus variantes, la crueldad del teatro, pues estamos y vivimos en un gran teatro, un teatro como el que  nos muestra Bergman en Fanny y Alexander, película que me sigue sobrecogiendo cada vez que la veo (acaban de pasarla en televisión), como el que nos han mostrado tantos otros: Grotowski (el teatro pobre) y Kantor (el teatro de la muerte) como grandes de las artes escénicas. El teatro como única salvación. La escritura como catarsis. El de Prada también llegó a decir que dedicarse a la literatura era como practicar un sacerdocio (joder, con el jambo), aunque se abstuviera de hacer votos de castidad, de pobreza... lo que no me extrañaría en absoluto... que los hiciera, o sea. 

En verdad, el escritor necesita encerrarse para escribir, necesita sobre todo tiempo, que es sangre, para componer su obra, o al menos una pequeña sinfonía de letras y aromas. Creo que no hay otra forma de hacerlo. Sin embargo, también es fundamental entregarse a la vida, viajar, conocer, sentir, sentirlo todo de todas las maneras (como quisiera Pessoa), como bien hiciera el joven Rimbaud, quien dejó de escribir para vivir, quizá porque ya en su juventud alcanzó la cumbre de la lírica. 

Interesante me resulta, más aún que Rimbaud,  la figura de Henry Miller, un coloso de las letras del siglo XX, que comenzó a escribir con la misma pasión y  avidez con que había vivido. Único en su hacer literario y vital. Lo cierto es que tuvo la gran suerte de codearse, mejor sería decir excitarse, con Anaïs Nin, otra grande. Las memorias de la Nin son delicias que ya las quisiéramos muchos, pero es que Anaïs no era ninguna moralista y hacía lo que le venía en gana. Follaba con su marido, con Miller, con June... “me dejaría acariciar por cualquiera”, escribe en un pasaje de su Incesto. Nin disfrutaba de los instantes, de la vida, del sexo, y no era remilgada y estúpida. 

Una mujer bonita no tiene que preocuparse más que por follar (qué fuerte), llegó a escribir el divino marqués de Sade, que tenía una imaginación desbordante, prueba de ello son sus eyaculaciones libertarias, filosóficas. A Sade hay que leerlo en profundidad. La moral andante lo condena pero muy pocos parecen haberlo leído de veras. Al personal se le juzga  a menudo por lo que se dice de él y no por su auténtica esencia. Y a veces se procesa a gente por el mero hecho de estar, de ser. Es un absurdo. Kafka nos metió el absurdo en el alma, porque era un tipo atormentado y muy lúcido en su escritura. 

A decir verdad, uno sólo puede escribir sobre lo que sabe y siente. Y la mejor manera de escribir es sentir, sentirlo todo y de todas las maneras posibles (ya lo había dicho, se nota el influjo de Pessoa), porque esta vida se revela en ocasiones como una alucinación, un delirio esquizofrénico, extraordinariamente nítido, todo hay que decirlo. 

Por el momento, seguiré viajando y leyendo, visitando  guetos y  barrios, adentrándome en la realidad, y a veces en los subterráneos, como un minero dispuesto a iluminar a punta de candil las vetas del universo (qué pretencioso). Ahora me viene a mientes la peli Trainspotting. Y seguiré en la batalla, intentando rejonear, tocando pelo, ejecutando verónicas, punzando la médula espinal,  cerca del meollo, metido de lleno en la realidad, mientras las bestias siguen aniquilando el mundo. 

Continuaré, asimismo, devorando literatura, maldita, bonita, literatura que diga algo y no sea un aséptico amontonamiento de palabras, una literatura que sea al menos ensalada verbal, aderezo sabroso, adobo picante. Y de vez en cuando le echaré un "oclayo" a Sade desde mi castillo, y me perderé en Justine -qué gustito-  y en la filosofía en el tocador, empapándome en lenguas políglotas, y  caminaré durante 120 días y aun más por los desiertos de Tabernas, híjole, y por el de Chihuahua, y aun por el desierto del Sáhara... y  no me cansaré de caminar empolvado, seguiré explorando  mundos nuevos, tiempos salvajes, oasis cinematográficos, y bucearé en las charcas de Pasolini y Proust, siempre en busca de tiempo, como factor dorado y ensoñador. 

Y luego de mis andanzas y mis correrías regresaré a Henry Miller y a Bukowski.   

Vaya revelación, el Miller, un genuino bautizo. Puede que algún día consiga escribir mi Trópico de Capricornio: “Todos los que me rodeaban eran unos fracasados, o si no, ridículos. Sobre todo, los que habían tenido exito. Éstos me aburrían hasta hacerme llorar.” Qué demoledor, el Henry de los Trópicos, los Sexus, Nexus y Plexus. 

Los que tienen éxito, escribió Miller, uno diría los que apegan sus infamias al sistema, ese devorador de ilusiones e ingenuidades, esa ponzoña que se mete en tu sangre y te hace gritar de dolor. 

Por su parte, Verlaine y Gainsbourg  me susurran una canción de otoño, un poema saturnino: recuerdo los días pasados y lloro, y me dejo llevar por el viento, más allá, más acá, como si fuera una hoja muerta. 

Llorar y desconsolarse en un mundo injusto, donde conviene re-aprender que el hombre (y la donna) es un lobo y loba para el hombre (y la tierra),  sí, es necesario volver a re-aprender para combatir la mala fe, la falsa conciencia/subconsciencia (de la que tanto nos habló el existencialista Sartre). 

Verlaine y Rimbaud estuvieron durante una temporada en el infierno, fue la suya una temporada de iluminación, a puerta cerrada, huis clos, como cuando Sartre rechazó el Nobel. Sartre vomitaba inmundicia y podredumbre, acaso porque quería ser espiritual. Le gustaba sentarse en el café de Flore y luego en Deux Magots, en Saint-Germain-des-Près,  acompañado por su musa, Simone de Beauvoir.   

Apasionante la vida de Rimbaud, poeta maldito de exquisitez sobrehumana. El poeta/andarín viajó en un barco ebrio, hecho de sol y de carne,  a lo largo y ancho de la Tierra, borracho de poesía, como Baudelaire, y también como Poe. 

Hay que emborracharse para no sentir el peso aplastante del tiempo. Hay que emborracharse, ya sea con vino (que sea del bueno, un Cepas Viejas, nomás), poesía, belleza.... Pero debemos  embriagarnos, nomás.  Hay que sentir la belleza bajo un colocón de  opio como Thomas de Quincey,  hay  que sestear en las adormideras, y entregarse al amor, sobre todo al amor, la ternura, la amistad, y a las palabras, siempre con reverencia. 

Hay que aspirar a ser como Barbey D’Aurevilly, como Freud, que dió en el clavo del Eros y el Tánatos, pulsiones que nos mueven, motores que nos impulsan a seguir luchando. De vez en cuando, me apetece psicoanalizar mis obsesiones, dormir en los brazos de la fantasía, vivir en una alucinación recurrente. 

La psiquiatría no perdona ni permite desvaríos individuales. La antipsiquiatría condena a la familia y a la sociedad, pero es que todos somos sociedad y familia, aunque a veces uno se siente cercano a los animales, eso sí, divinos. Animal divino, como aquella obra del maestro Gustavo Bueno. 

Me sigue entusiasmando Antonin Artaud y su teatro de la crueldad, me apasiona el Artaud que se fue a México en busca quizá de la quinta esencia y la encontró en las danzas tarahumaras y el peyote, dios que distorsiona el espacio y el tiempo, el hongo alucinógeno al que eran tan aficionados el líder de los Doors, Jim Morrison, y los Beatles, amén de otros. 

El Artaud revolucionario tiene mucho que decirnos aún hoy. Confío en los mensajes de Artaud y en Bataille y en casi todo el surrealismo. En ocasiones desconfío del subconsciente, y tampoco me creo la escritura automática. Paradojas. El surrealismo es Dalí, el surrealismo es Buñuel y Breton y Crevel... Me gusta la literatura y el mal que se transforma en bien de algunos. 

Quienes hemos podido leer a  Lewis Carroll, a Switf, quienes nos hemos adentrado en la obra poética de Cirlot, así como en las antología de Whitman y Pessoa, sabemos que la belleza es comestible. Breton y Dalí también sabían que la única belleza verdadera era comestible. 

Necesito respirar el surrealismo por todos los poros, ansío empaparme con Van Gogh y sus cartas a Teo, con Van Gogh y sus pinturas, mientras los cuervos sobrevuelan Auvers-sur-Oise.  Artaud y el suicida de la sociedad está más vivo que nunca.  

Al final, logré  acabar con el juicio de Dios leyendo a Pavese y a Nerval, al tiempo que me divertía con Apollinaire. También me reí  a mandíbula batiente con Rebelais y su Pantagruel y Gargantúa. Por su lado, Kundera me ha hecho llorar de emoción. Nadie puede quedar indiferente después de haber leído a Kafka y su Metamorfosis y su Castillo y sus cartas al Padre y su absurdo e impresionante Proceso,  que luego llevaría al cine  Orson Welles. 

Digno de reseña me parece Genet, buen amigo de Juan Goytisolo y Monique Lange. Juan Goytisolo se me apareció en el barrio de La Chanca y luego en Níjar y más tarde en Marrakech. Goytisolo me enganchó con sus marroquinerías. Makbara, Juan sin Tierra y La Reivindicación del Conde Don Julian me parecieron libros extraordinarios. 

Juan Goytisolo parece divertirse paseando por la universal plaza de Djemáa el Fna. Goytisolo frecuentaba un tugurio llamado El Kabir, que ya no existe. Resulta más fácil encontrarlo en el mítico café de France, desde cuya terraza se tienen lindas panorámicas de la ciudad roja marroquí, y aun del Atlas, si el día está despejado. Goytisolo siempre ha sido un incomprendido en España. 

Genet y su Diario de un ladrón, que no es un ladrón de bicicletas, como lo fuera aquella conmovedora película de Vittorio de Sica, es bastante desconocido entre la población de lectores/as y escritores/as españoles/as. Genet se descojona de todo. Se ríe hasta del lector, escribe Bataille.  

Vuelvo al surrealismo porque aún palpita: “Swift es surrealista en la maldad. Sade es surrealista en el sadismo. Chateaubriand es surrealista en el exotismo. Poe es surrealista en la aventura. Baudelaire es surrealista en la moral. Rimbaud es surrealista en la forma de vivir y demás. Reverdy es surrealista en su casa...”, asegura Breton en su Manifiesto Surrealista.  Jarry, Mallarmé, Éluard, Aragon, incluso el propio  Byron, vuelven con el mal a casa, como si fuera por Navidad. Breton me guiña un ojo y me da las buenas noches. Ah, el absurdo me toca un brazo,  el izquierdo, el derecho lo tengo ocupado y dormido. Beckett me espera en un bareto de mala chingada en Pigalle,  mientras  juega una partida de dados.  Ionesco prefiere cantar -le gusta la ópera-  y darme una lección de anatomía.  Nerval me tiende su mano encantada, hay una insoportable levedad del ser que no para de excitar mis neuronas. Soy un joven tribulante, un estudiante que disfruta de una Erasmus en Viena, perdón en Dijon, la ville de la moutarde, ay, la mostaza picante, n'est-ce pas

Espero y deseo que no sea como Törless, un hombre sin atributos, despellejado por el destino que se torna incoloro y duermevela. La verdad es que Musil sabía que en una  mirada  se podía encontrar amor (o sexo). Ligar y religarse a través de la mirada. Amor genuino. En libertad. Os recuerdo que Balzac no creía en el matrimonio. El matrimonio es contrato. El matrimonio es fisiología. Por eso, Stendhal estaba enamorado de Roma. ¿O no? Y Fellini era un surrealista enamorado de la ciudad eterna, en realidad de su Cinecittà, y de su Masina.  

Rayuela me conmovió. Pero Cortázar no ha levantado cabeza desde que lo enterraran en Montparnasse, qué putada. El Monte de Parnaso no está en París, sino en Delfos. Hasta la próxima.