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jueves, 31 de mayo de 2012

Urueña

Muralla de Urueña

Merece darse una vuelta por Urueña, aunque sea un lunes cualquiera, y no haya ni un alma por sus calles. En realidad, se agradece que esta bellísima localidad vallisoletana, castellano-leonesa, no esté atestada de turistas. "Los lunes cierran todos los museos", acierta a decir una señora. Pues qué bien. Nada de museos, sólo el paseo romántico que procura la ciudad amurallada, bajo un sol soportable, con la tranquilidad y el sosiego de saberse solos (o casi). El pueblo entero a nuestra merced. Qué lujo. En realidad, me topo (nos topamos, que queda mejor) con unos tipitos, con andares centro-europeos (es sólo una apreciación) que rehuyen el saludo (¿de quién o de qué estarán huyendo?) y luego con un hombre, cobijado del sol, en la terraza de un bar (el único que debe permanecer abierto en todo el pueblo). Un señor, al que le brota el vino por el rostro, pero que resulta un guía insuperable en su labor instructiva. 


El hombre de marras, después de echarse algunos vaixines de morapio al gorgüelo -si es que no hay mucho que hacer-, se despacha a gusto contando leyendas e historias de Urueña. Que si el término proviene del agua (qué sorprendente). Eso mismo estaba pensando. Parece increíble -asegura el guía improvisado- que a pocos metros de profundidad haya agua. Y eso que estamos a mucha altura, en la meseta. Pero es así... todo el mundo tiene un pozo en su casa... Qué maravilla. Un sitio donde abunda el agua es rico, sin duda. Y Urueña es un pueblo -apenas hay 150 habitantes durante el año- con mucho encanto (esto no lo dice el señor envinado, sino mi voz de la subconsciencia). 


Lo que uno desconocía (en verdad, poco sabía de esta población antes de poner los pies en ella) es que hubiera tantos museos (todos naturalmente chapados, por ser lunes, claro). Que si el museo del vino, que si el museo de las campanas, que si el Centro Etnográfico de Joaquín Díaz (sobre este sí tenía noticias), que si el museo de los instrumentos... dedicado a una colección del músico Luis Delgado (qué agradable sorpresa, aunque no lo visite) porque me entusiasma la música de este compositor y multi-instrumentista, quien realizara, entre otras y otros trabajos, la banda sonora de la serie de TV Alquibla, con guión de mi admirado Juan Goytisolo, sobre el mundo islámico, véase por ejemplo el capítulo dedicado a los Nas Al Ghiwan: música del trance. 


Dicho sea de paso, a Luis Delgado he tenido la ocasión de verlo/escucharlo en concierto, con mi paisano Amancio Prada, en el teatro Bergidum de Ponferrada. 

http://www.youtube.com/watch?v=4AZJCzf9r2w (Alquibla)

http://www.youtube.com/watch?v=uaGG5G_9RVI&feature=related (Nas Al Ghiwan)

http://www.luisdelgado.net/museo.htm


A uno se le antoja que Urueña podría ser declarada "capital" de la música, aun antes que Villa del libro, lo cual está muy bien. Me sorprende, nada más poner los pies en el pueblo, encontrarme con un ejemplar de Sexus de Miller. 


Pero ahora prosigamos el paseo por Urueña, antes de emprender rumbo a la capital castellano-leonesa (qué raro queda esto, bueno no tanto) si en días despejados se llega a atisbar el monte Teleno desde Urueña. Una visión para ser soñada más que contada. Al fondo se contempla un  paisaje digno de una pintura de Van Gogh. Un paisaje pictórico, en el que se atisban unos palomares, con el que el viajero (o turista) acaba identificándose. 




Antes de abandonar el pueblo, con cierta nostalgia, visito la puerta del azogue (zoco o mercadeo). El azogue, ay. Así me decían cuando era un rapacín y danzaba sin parar de un lado a otro. "Eres como el azogue, rapá". En realidad, ser como o tener el azogue también tiene la connotación de ser muy inquieto, nervioso, hiperactivo. 

La primera visita a Urueña amerita, como no podía ser de otro modo, de una segunda. Hasta la próxima. 

Valladolid

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid (vaya frase, me he quedado calvo de tanto pensarla), intentaré entrarle a esta villa/ciudad, en la que he estado en múltiples ocasiones, recientemente para presentar mi fragua. Hace un par de días, nomás. 
Conozco Valladolid -mejor dicho he visitado esta ciudad, con supuesto nombre árabe, Balad al-Walīd, como otras muchas españolas- desde hace tiempo. Confieso que no me parece una ciudad especialmente hermosa ni atractiva.  Será quizá porque no la he pateado lo suficiente porque, para conocer un lugar, necesita uno tiempo (y espacio) para recorrerla, adentrarse en sus fondos... Qué curioso, ahora me acuerdo de un antro, Asklepios, que tenía mucha marcha. Qué tiempos aquellos. Por lo demás, en esta city, de donde son originarios los Arizona Baby -ahora los Corizonas-, se come bien -nunca olvidaré aquella comida con el actor Agustín González poco antes de que nos dijera adiós- y se toman buenos caldos de la Ribera del Duero.  



Con Aniano Gago


Con Raquel, Amador, Raqui y Mingo
Amigos/as, originarios de Noceda del Bierzo, y sobre todo diversas ediciones de festivales de cine, entre ellos naturalmente el que organiza La Fila (con Isabel Blanco y Marina a la cabeza), y aun el Festcine (que organizáramos la ex Escuela de Cine de Ponferrada y la Fundación Gabarrón) me han llevado a esta urbe, en tiempos capital del imperio español, en medio de la meseta castellana y surcada por el Pisuerga, que  le da cierto frescor en el verano. 

Lo cierto es que siempre me han tratado muy bien en Valladolid, acaso porque es un espacio o mapa afectivo donde viven buenos amigos y amigas, que tuvieron a bien acompañarme en la presentación del pasado lunes. Un recuerdo afectuoso para la vallisoletana Ana Isabel, a quien no veo desde mi etapa en el Reino de Disney. También en esta ciudad viven algunos de los grandes periodistas castellano-leoneses como Aniano Gago (que ejerció como maestro de ceremonias en la presentación de mi fragua), Pedro Vicente (uno de los mejores analistas/columnistas políticos), Ana Ruiz, Carmela, Juan, que también me arroparon en el evento. Gracias a todos y todas por ser y estar. "Periodistas de primera", me escribe mi amigo y prologuista Eduardo Keudell desde el lado de allá (Buenos Aires). "La crem de la crem", me dice mi estimado paisano y amigo Miguel Ángel García, también desde el lado de allá, en este caso desde Berlín, el cual comenzó a trabajar en la TV precisamente en Pucela (pucelle, qué curioso). 

Con Belén Sánchez y Aniano Gago


Pedro Vicente, Juan, Carmela y Ana en la presentación de la fragua en Valladolid
Ahora va a resultar que Valladolid, ciudad hermanada con Morelia y Lecce, es una doncella que se perfila como fresa y que en síntesis paradójica ha parido narradores y poetas de la talla de Delibes (por cuya literatura siento reverencia) o Jorge Guillén. Tiene fama esta ciudad de estirada mas a este menda, insisto, siempre lo han tratado bien. 

Y en este último viaje a la capital castellano-leonesa, en compañía de Amor-afecto, me he sentido muy a gusto. Gracias, Belén, gracias, Aniano, por ejercer como presentadores de la fragua de Furil en la bella biblioteca de Castilla y León. 

lunes, 28 de mayo de 2012

Acerca del diálogo y la dialéctica




“En España no se dialoga porque nadie pregunta, como no sea para responderse a sí mismo. Todos queremos estar de vuelta, sin haber ido a ninguna parte. Somos esencialmente paletos”. Así de a gusto se despacha Antonio Machado en su Juan de Mairena, libro de obligada lectura, sobre todo para aquellos que han perdido el norte, el sur, el este y aun el oeste. 

No le falta razón a Machado. En España seguimos siendo esencialmente paletos (aunque no conviene caer en generalizaciones). Prueba de nuestro catetismo son nuestros regionalismos y nacionalismos amenazantes y castradores. 

Si en nuestro país no se pueden ni ver los de un pueblo con los del pueblo vecino, cómo cojones (perdón) se van a mirar a la cara los de una autonomía con otra. Autonomías, al menos algunas, que se nos han ido de madre. O se nos quieren ir. Bueno, que cada cual haga lo que le salga de las entretelas... 

No hay más que fijarse en los seguidores de los diferentes equipos de fútbol, que esto sí que tiene tela y migollo. Parece que en vez de asistir a un partido se tratara de una guerra. Y para más inri siempre se llevan la gata al catre los mismos: Madrid, Barça, PP, PSOE, y así en este plan abusón. Siempre ganan los más fuertes, esto es los más ricos, qué pena. A los cuales apoyamos la masa/vulgo borreguil en gesto sumiso y servil. Basta ya. Dejemos de ser al menos tantito imbéciles porque nos las dan siempre del mismo lado y no espabilamos.

Sólo hace falta echar un vistazo al panorama de planes independentistas que pretenden enjaretarnos algunos hijos de la gran chingada, que sólo buscan su preciado botín. Y a los demás que los zurzan. 

En tiempos no tan lejanos era habitual andar a pedradas los de un pueblo con el vecino, incluso los de un barrio con otro dentro del mismo pueblo. Al menos en el Bierzo Alto eran frecuentes las peleas entre los pueblos, y aun entre los barrios. Y hoy seguimos desavenidos porque España como nación sigue siendo un problema para algunos incendiarios, que quieren borrar todo vestigio de su pasado, incluso toda crónica de su presente. “Las páginas que se escriben con sangre pronto son de muy difícil lectura” (Cela, San Camilio 1936). España, con eñe de coña y de coño, es un problema, ahora más que nunca, que estamos hipotecados y endeudados hasta el cejamen, nuestros bancos y bancas son sospechosos, y el paro se ha disparado hasta límites increíbles. la ley del embudo: lo ancho para mí y lo estrecho a medias. Ni siquiera. Lo ancho pal' menda y si sobra algo, pal' menda también (en León dicen/decimos jambo). Si a ello añadimos la pobreza, incluso infantil, ya estamos como para que nos arrastren por los suelos. Pero este es el lugar en el que nací, qué le vamos a hacer...

         En este país no se dialoga porque lo lógico, creen algunas bestias, es andar a tortas, que se traducen la mayor parte de las veces en balazos en el corazón de gente inocente. Muertes gratuitas. Crímenes  en nombre de una ideología, un terruño, una patria chica. Como algunos no se sienten españoles -ni siquiera ibéricos ni hispánicos...- no podemos llamarles paletos, sino extraterrestres que aspiran a elevarse por encima del bien y del mal, anticristos cristianos que creen en los tiros y en la fuerza bruta como espiritualidad suprema. ¿Qué fuerte, no?

En España no se dialoga porque es mejor intentar imponerse por la fuerza, a hostiazos. Nuestros políticos y gobernantes, por lo demás, no suelen ser verdaderos filósofos, como quisiera Platón para su República, ni siquiera filósofos mundanos. De académicos ya ni hablamos. No se imagina uno a algunos señorones y señoronas, cuyo mirar pérfido nos intimida, leyendo a Platón en sus ratos libres. Tampoco parece que tengan claro lo que es la dialéctica. 

“No emplees la violencia con los niños cuando les des las lecciones; haz de manera que se instruyan jugando”. No eduques a los cachorrillos en el rencor, que luego podrían sacarte los ojos. 

viernes, 25 de mayo de 2012

Cañizo




Foto: rmelgar
Aniano Gago
Cañizo podría ser la armadura hecha con mimbres, que se colocaba en el carro de las vacas, para sujetar la uva de la vendimia o la cosecha de patatas. Como queda recogido en mi Vocabulario de Noceda del Bierzo, editado por el Colectivo Cultural La Iguiada, que publica por lo demás una revistina conocida bajo el título de La Curuja (Coruja o Curuxa). http://www.nocedadelbierzo.com/lacuruja.html

Sin embargo, en este caso Cañizo hace referencia a un pueblo de la provincia de Zamora, donde el gran Aniano, Aniano Gago, naturalmente, tiene una bodega extraordinaria, en la que han comido desde gente de altos vuelos hasta este humilde servidor. El pueblo en sí mismo me resulta pintoresco y familiar. Es como si uno hubiera vivido allí alguna vez, quizá cuando era pequeño. O bien hubiera experimentado el famoso déjà vu, el ya visto. Pues como algunos saben, y aun creen,  la infancia es nuestra patria o matria, al menos la lingüística, y en la infancia uno se endereza o se tuerce por las sendas infinitas de este cosmos en apariencia infinito, finito mas ilimitado, según la teoría cuántica. 

La infancia es casi todo en la vida de algunos, y para muchos el territorio fértil de la literatura. La literatura de la memoria. Cañizo me hace pensar en un pueblo bereber, terroso y hospitalario. Uno de esos pueblos que te hacen sentir bien. Aunque uno, dicha sea la verdad, acaba sintiéndose bien en cualquier lugar del mundo, siempre que haya un poco de calor humano. Y en la bodega de Aniano, aunque está a muchos metros bajo tierra, como suele ser habitual en estas “cavernas”,  uno se siente como en un mundo cálido, placentero, tranquilo, donde la buena mesa y los excelentes caldos de Toro y Ribera del Duero hacen la boca vino al comensal. 

Es una delicia, que agradezco a Aniano, experto cocinero, gran camarero, y uno de los mejores periodistas que ha dado esta tierra castellano-leonesa, que tal vez por ser tierra dura “nace” a tan buenos escritores y periodistas. Si además de manjares y caldos exquisitos añadimos la grata y amistosa compañía de algunas personas, entre ellos Carretero, Jesús, Eduardo Keudell, Benozzi, Benito... la bodega de Gago se me antoja un lugar ideal para pasar un rato bien agradable. 

Recuerdo la primera vez que Aniano estuvo en Noceda del Bierzo, en compañía de Miguel Ángel García, estimado amigo y Corresponsal de TVE en Berlín. Por cierto, en unos artículos que dediqué hace tiempo a ilustres e ilustrados que habían visitado Noceda, no incluí a Gago, que ahora incluyo, faltaría más, porque además de lo ya dicho es buena persona y buen amigo de sus amigos. 

El próximo lunes 28 de mayo el periodista Aniano Gago ejercerá como presentador de La fragua de Furil en Valladolid, lo cual es un placer para este danzarín. Será en la Biblioteca de Castilla y León, Plaza Trinidad, 2. Allí os espero a las 18h. 

La patria de los espectros


La patria de los espectros es el subtítulo del último espectáculo teatral de La Zaranda. La compañía o la tropa (que dirían los franceses) que más me entusiasma. Bueno, una de las que más me gustan. Tanto es así, que a uno le gustaría hacer este tipo de teatro, el teatro acaso en estado puro, el teatro que más se aproxima a lo que quería para sí otro grande, Valle-Inclán (por el que también siento auténtica devoción). El teatro que juega, nunca mejor dicho, con el lenguaje corporal, con la voz, con el texto como un pretexto, pensado y escrito para ser interpretado con las entrañas, para decirlo, recitarlo con lo profundo de la voz, como hablan los grandes actores y actrices en escena. Un texto en el que abundan las repeticiones... siempre con matices, hasta llegar a una especie de trance, como si los intérpretes alcanzaran el éxtasis, la hipnosis. Un teatro delirante, en el buen y gran sentido del término, que como espectadores nos adentra en el sustancioso mundo del subconsciente, en la pesadilla de un más allá situado en este más acá. Siempre la muerte rondando. Quizá porque es la pelona (Tánatos) uno de los polos sobre los que se sustenta, paradójicamente, la vida. La muerte como gran tema, nos recordó Rulfo en aquellos sus cuentos contados por fantasmas, ánimas en pena, espectros, muertos en definitiva que nos siguen y persiguen con sus recuerdos y andanzas, con sus voces de ultratumba. La muerte como algo que preside el teatro del polaco Kantor, y que está muy presente en los espectáculos de la Zaranda. Un teatro con una fuerza cuasi sobrenatural, debida naturalmente a sus actores-director, que derrochan energía por todos los poros de sus intra-ánimas. Ya, antes de comenzar la función, los vemos sentados en escena, como petrificados, esperando a que se alce el telón (no es necesario, permanece levantado), esperando tal vez el tiempo de la eternidad. Un ejercicio que resulta extraordinario. Vaya presencia escénica. No necesitan más que cuatro objetos (entre ellos un maniquí), cargados todos ellos de simbología, para componer su sinfonía visual/sonora. 


Un teatro tras el cual se esconden misterios y secretos basados en el esfuerzo, el sacrificio, la repetición, un entrenamiento riguroso, aunque pudiera parecernos que por momentos su espectáculo se resuelve en una especie de caos. Hay muchísimo trabajo en el buen hacer de sus intérpretes que un espectador no familiarizado con este arte quizá ignore.


La Zaranda, bajo la batuta de Paco (que está soberbio en su papel) y los textos de Calonge (que parece un Quevedo posmoderno), nos obsequia esta comedia impregnada de realismo en ocasiones llevado al extremo, que entronca con los mejores esperpentos de Valle, una obra, Nadie lo quiere creer, la patria de los espectros, que por instantes nos hace recordar la época y la tierra fantasmal en la que vivimos. 

"Una provincia con un enorme futuro para taxidermistas y vendedores de sintrom en medio de un territorio habitado por felices pensionistas y un pequeño retén de funcionarios para ir apagando la luz y contabilizando la factura", nos recuerda Miguel Varela, el director del Bergidum. Gracias, Miguel, por estar ahí. 


La hora y media que dura la obra se le pasa a uno como un suspiro, eso sí, cargado de magia, de emoción, de belleza a punto de resquebrajarse en medio de la oscuridad, el polvo y los espectros andantes. 

miércoles, 23 de mayo de 2012

Matiné Teatro

Se alegra uno de que Mayte Castillo esté haciéndose un hueco en el panorama teatral. 


Mayte, quien fuera alumna de la Escuela de Cine de Ponferrada, ha estrenado recientemente una obra, Salón Grandet, que podrá verse todos los jueves del mes de junio, a las 21h, en la sala Nudo de Madrid. 


A decir verdad, aún no he tenido la ocasión de ver esta obra pero a buen seguro será interesante. En cualquier caso, le deseo mucho éxito a Mayte y a sus compañeros/as de reparto. Y me hace mucha ilusión que una de mis ex alumnas (no me gusta como ha quedado esto último) haga realidad sus sueños. 


http://www.ileon.com/cultura/016465/mayte-castillo-agudizando-el-ingenio-se-abren-nuevas-opciones-como-la-financiacion-colectiva


http://www.facebook.com/events/363387220349718/

martes, 22 de mayo de 2012

Movimiento y emoción


Sigo rescatando del baúl de los recuerdos. Ay, la memoria, esa fuente de placer y a veces de dolor, porque la memoria está inevitablemente emparentada con el saber, aunque tener mucha memoria no te hace necesariamente sabio, y el saber produce dolor. En ocasiones, en vez de aprender convendría desaprender. A continuación reproduciré un artículo escrito hace años para el Diario de León, con algunos añadidos y re-toques,  que no incluí -como otros cientos- en la fragua de Furil. 
Vaya aquí:

Durante estos últimos años he tenido la ocasión de asistir a varios saraos, tanto en Bembibre como en Ponferrada, los sitios con más chispa cultural del Bierzo, aunque en ocasiones uno desconfía de lo cultural como algo postizo, carnavalesco,  impuesto desde las altas esferas, y prefiero lo natural, lo genuino, como forma de vida, y como una suerte de contracultura, que me haga ser más sencillo y por ende más humano. 
En realidad, uno se siente muy a gusto en medio de la naturaleza, lejos de los ruidos, incluso de los ruidos informativos, cerca del silencio y a veces de la soledad, esa soledad querida, imprescindible para reflexionar acerca de la realidad o el misterio de algunas cosas, para reencontrarse con el yo más íntimo, ese yo que lucha por buscar el equilibrio perfecto en un contexto no siempre favorable, perverso a veces, ese yo que intenta abrirse paso entre las “trampas” religiosas, morales… siempre coercitivas, y ese ello instintivo, animalesco, vital, subconsciente que también nos ayuda a sobrevivir en medio del bosque urbano, entre la fauna humana. 
La villa del Benevívere sigue por fortuna con sus Tardes de autor, donde hace un tiempo escuchábamos a Guerra Garrido, berciano de Madrid, y aun del País Vasco, pues “el Bierzo de Raúl es un estado de ánimo y una obsesión”. Y recientemente hemos tenido la ocasión de estar con Ana I. Conejo, que decidió aparcar la poesía, al   menos de un modo público,  para dedicarse de lleno a la literatura infantil y juvenil. 
En algún momento igual me animo y le dedico un texto a esta poeta, narradora y traductora. 
Las Tardes de Autor en Bembibre (y Autora, como me señala alguien) han contado con la presencia de gente extraordinaria, como el caso del entrañable Pereira,  que nos dijo adiós, aunque pervivirá siempre en nuestra memoria. Pereira, berciano de pura cepa, villafranquino de la Cábila al que he seguido y seguiré con reverencia, porque su literatura está impregnada de viaje, sorna y sensualidad, algo poco común entre el leonesismo castizo y polvoriento, habituado a andar por el desván y hacer uso/abuso de los chascarrillos, ese leonesismo que desconoce la ternura y el fino sentido del humor como ingredientes básicos en la vida/literatura. 
Las Tardes de Autor/a han llegado a su fin esta temporada... y quién sabe si seguirán el próximo otoño, porque las Tardes de Cine llegaron a su fin porque a alguien se le antojó que era mejor darles espaldarazo. ¡Quién sabe por qué! Qué pena.
Por su lado, Ponferrada tiene por costumbre brindarnos la Semana de la Radio (cada año más mermada) y hace unas semanas las Jornadas sobre Carnicer, buena ocasión para hacer amigos y conocer la obra y la persona de este magnífico escritor y viajero, que nos hace sentir en movimiento, mientras recorremos con emoción las sendas de Donde Las Hurdes se llaman Cabrera, grabadas en nuestra memoria afectiva, como huella han dejado las aguas del Curueño,  El río del olvido, de Llamazares, que logran que amemos los viajes y la literatura de viajes por encima de todo, incluso la mediocre literatura de viajes, porque en el viaje está el movimiento y la emoción, la aventura, el sentido de nuestra existencia, que en el fondo es un viaje hacia la nada. 
Pero por ahora sigamos caminando por el mundo “alante”, en busca de una ternura que nos eleve por encima del bien y del mal, que nos haga sentir vivos, con ganas de amar y ser amados, acaso las únicas protestas que merecen la pena en esta breve y a veces hermosa vida.

lunes, 21 de mayo de 2012

Drácula, de Soker


El reciente visionado de Drácula, de Coppola, por enésima vez, ha resucitado en mí el deseo por aunar varios textos, publicados en este mismo espacio, para que quienes deseéis leerlo os resulte más fácil. También lo encontraréis en este enlace del Diario de León:

http://www.diariodeleon.es/noticias/filandon/nueva-resurreccion-de-dracula-mitico-vampiro_564909.html

En realidad, el Drácula de Stoker nunca ha muerto, aunque ahora estamos asistiendo a una nueva resurrección del mítico vampiro, gracias a su biznieto Dacre Stoker, que tiene nombre de pirata y suponemos que alma crística.
Desde que en 1897, Stoker alumbrara a su bebecito, han sido muchísimas las adaptaciones fílmicas que se han hecho, entre otras la de Coppola, que me parece soberbia.
Trinity College en Dublín
Antes de entrar de lleno en la obra, que sin duda me ha marcado, sobre todo las primeras sesenta o setenta páginas, decir algo sobre el autor, este dublinés de salud delicada, que tuvo alguna que otra mala experiencia con los médicos durante su infancia. Al parecer, pasó sus primeros siete años en cama, mientras su madre le contaba cuentos de fantasmas e historias verídicas sobre la plaga de cólera de 1832 que asoló Irlanda. Ya mocín matrimonió con una joven que había sido novia del escritor y dandy Oscar Wilde, su paisano y compañero de estudios en el Trinity. Se dice que Stoker estaba obsesionado con el ideal de mujer pura, y la suya era frígida.
Stoker fue una especie de beau de jour o bello de día, porque durante el día llevaba una ajetreada vida pública, y por la noche se desmelenaba y tenía una vida de dudosa reputación, incluso le gustaba frecuentar putas, de ahí que muriera de sífilis. Si es que hay que andarse al quite.
Drácula es una novela gótica tardía, "la más bella", según Oscar Wilde, y a buen seguro la que más veces se ha adaptado al cine, si exceptuamos algún drama de Shakespeare como Romeo y Julieta.
En España, la obra no se tradujo hasta 1962, y en Rumanía, salvo algunos fragmentos, vio la luz en 1928, aunque cuando comenzó a tener éxito fue en 1974, cuando se celebró el primer Drácula Tour por la Transilvania. En las rutas habituales, que proponen las agencias turísticas, se suele visitar el castillo de Bran, al sur de Brasov, en Rumanía, aunque es la medieval y hermosa ciudad de Sighisoara, en la Transilvania meridional, donde está la casa de Vlad Tepes, El Empalador, Dracul o Dragón (siglo XV), cuya afición era empalar, en largas estacas, a sus enemigos los turcos. También asaba a niños para que luego se los comieran sus madres, hervía, vivos, a gitanos, o abría los senos a las mujeres para que se los comieran los hombres. Orson Welles, aparte de otros muchos directores, adaptó la novela e interpretó al conde en su famosa dramatización radiofónica de 1938.
Brasov-Transilvania
La novela se gestó a partir de un material diverso, desde bibliografía sobre mitología y supersticiones, descripciones topográficas y costumbres de los países del Danubio tomadas de viajeros contemporáneos suyos, notas sobre teorías de los sueños, información sobre lesiones cerebrales y coágulos de sangre, anotaciones de horarios de ferrocarril hasta manuales sobre el tiempo, características de los vampiros, etc. Pues se trata de una amalgama de folclore e histórica auténtica. Se cuenta que Stoker ideó la novela a partir de una pesadilla que tuvo, tras cenar tarde una ración de cangrejos aliñados. En el Dácula de Stoker hay algunas influencias de El vampiro (1816), de Polidori y El retrato de Dorian Gray (1891), de Wilde, así como Carmilla (1872), de Le Fanu y El parásito (1894), un relato de su amigo Conan Doyle.
Stoker tomó de Doyle la idea de la sangre como elixir de vida. También La rama dorada (1890), de Frazer, que da cuenta de la creencia en los poderes mágicos de la sangre, y la práctica habitual de alimentarse de sangre para acrecentar la fuerza y el vigor, está en Drácula. Otro de los temas que figura en la novela de Stoker es el doble. Y en esto se adelanta a Lovecraft, que luego escribiría Die Doppelgänger.

Stoker nos describe a Drácula como alguien alto y viejo, con bigote largo y blanco, vestido de negro de la cabeza a los pies, de rostro fuerte, aquilino, con los orificios nasales arqueados, de frente amplia y abombada, con el pelo escaso en torno a las sienes, y abundante en el resto de la cabeza, cejas pobladas, boca con expresión cruel, dientes blancos y afilados, que sobresalen por encima de los labios, de un rojo notable, de orejas pálidas y puntiagudas, barbilla amplia y recia, mejillas firmes y delgadas, manos toscas, con dedos cuadrados y pelos en el centro de las palmas, uñas largas y cuidadas, aliento fétido, etc. Por lo demás, Drácula habla un excelente inglés y tiene una sonrisa encantadora. Este personaje es como un símbolo del deseo subconsciente y la fuerza física y mental, cuyo afán es transgredir las normas de una sociedad hipócrita y represiva: la victoriana. Podríamos verlo como un libertino cuya sed de novedad resulta insaciable. Pensemos que para un victoriano el sexo era algo contaminante y satánico, y el acto vampírico supone una iniciación sexual, un intercambio de fluidos, en este caso de sangre. Si Stoker murió de sífilis, hoy habría espichado de sida.
Sighisoara-Transilvania
Cuenta el doctor Freud que los temores morbosos son deseos sexuales reprimidos, y Drácula rezuma morbo por todos los poros de su alma, y además es incestuoso y necrófilo. Si es que lo tiene todo. Un perverso polimorfo, por decirlo de un modo psicoanalítico, al que le encantan las orgías sadomasoquistas. Según la alegoría cristiana, el vampiro aparece como un reverso diabólico de la cristiandad puritana. Y Drácula es como una parodia grotesca de Cristo: “aquel que coma mi sangre y beba mi sangre vivirá eternamente... porque la sangre es vida”. Alguien que nos promete la resurrección y la inmortalidad. Drácula es asimismo un personaje con resonancias a lo Shakespeare, con ciertas similitudes con Macbeth, cual guerrero que vive en un castillo deshabitado, aparte de tres hermanas misteriosas o determinado sonambulismo. Incluso me atrevería a decir que, en esta novela gótica, hay algunas citas de Hamlet. Para no empacharos ahora, seguiremos con esta novela, que da mucho juego, sin duda.

Estructura narrativa cinematográfica en Drácula, la novela de Stoker
Se trata de un relato de estructura simétrica, con tres partes: Harker llega al castillo de Drácula y se adentra en un mundo de pesadilla; Drácula llega a Inglaterra y asedia a unos burgueses relacionados con Mina (la prometida de Harker) y su amiga Lucy; Drácula es expulsado de Inglaterra y perseguido hasta su castillo, donde es asesinado.
Hay un empleo de técnica narrativa especial, digamos “cinematográfica”, que consiste en que la narración progresa a base de testimonios escritos (cartas, diarios, notas, telegramas) por diferentes personajes. Se yuxtaponen puntos de vista diferentes acerca de un mismo personaje. Esto es algo similar a lo que hizo Orson Welles en Ciudadano Kane (incluido el flash back). 
En la novela también hay un salto hacia atrás: comienza con el Diario de Harker un 3 de mayo que se prolonga hasta un 30 de junio, luego éste se interrumpe antes de la noche en que Harker se despide de todos, y en el Capítulo V leemos una carta de Mina a Lucy con fecha de 9 de mayo, eso sí, con esta brusca variación del punto de vista y del marco geográfico. Tanto Welles como Hitchcock sentían atracción por esta novela. La técnica empleada en la novela funciona bien hasta la mitad, y consigue que el lector intuya el peligro que acecha a los personajes antes de que ellos lo perciban, porque cada uno de ellos posee sólo informaciones parciales. En realidad, Stoker aplica algo que está en la base del cine de suspense, véase Hitchcock, proporcionar al público una información que no posee el personaje. Al inicio de la novela (trascripción del diario de Harker) el lector descubre progresivamente (a la vez que el personaje) la amenaza por fenómenos extraños: fuego azulado, aullidos de lobos, comportamiento sospechoso del conde, encuentro con las vampiresas, etc.

Trasfondo filosófico en Drácula
En esta novela está presente el miedo a la muerte y deseo de inmortalidad. El miedo al paso del tiempo y el deseo de eterna juventud. También en El retrato de Dorian Gray, de Wilde, figura este mismo temor. El miedo a los muertos es el miedo a lo desconocido, porque nadie ha vivido su propia muerte, el mito del vampiro como expresión de los deseos y temores inconscientes; en el fondo, lo que se teme es lo que se desea. El vampiro representa lo reprimido, el ello, lo instintivo. Y Drácula se nos aparece como liberador de los impulsos reprimidos por la sociedad victoriana. O como el padre acaparador de las hembras. El castigo de la carne simbolizado en el crucifijo que quema la carne. La pérdida de identidad: dejar de ser uno y convertirse en otro (el tema del Otro, tan presente en el cine y literatura de terror). Temor que está en todos los mitos del terror: espectros, vampiros, zombies, Jeckyll y Hyde, ladrones de cuerpos, hombres-lobo, etc. La identidad no existe porque uno no es el mismo ahora que hace un segundo. Y la pérdida de identidad es uno de los motivos universales de angustia. Se trata del miedo del ser humano ante su propia indefinición. Stoker expresa sus ideas a través de un singular personaje, como es Renfield. También aparece la sangre como portadora de vida (idea que toma de la Biblia y de La rama dorada, de Frazer, base de la moderna antropología cultural). Asimismo, el vampirismo se relaciona con el pensamiento inconsciente, el hipnotismo, el magnetismo. Incluso se cita a Charcot, maestro de Freud, en esta novela.
Castillo de Bran-Transilvania

Versiones cinematográficas de Drácula
En 1921 se rodó una versión sobre Drácula en Hungría, pero se perdieron las copias. Entre las versiones cinematográficas más acertadas destacaría: Nosferatu de Murnau (se cambiaron nombres, localizaciones y algunos episodios para evitar el pago de derechos. Figura el Conde Orloc como fantasma o sombra); Drácula de Browning; Drácula de Fisher; Nosferatu de Herzog, que es una traslación casi literal del Nosferatu de Murnau, al que se le cambia el final, y sobre todo el Drácula de Coppola, aunque también están los Drácula de John Badham y El conde Drácula de nuestro intrépido Jesús Franco, que al igual que el Drácula de Coppola (como sugiere el título: Drácula de Stoker), es una versión literal. Sin embargo, Coppola añade un prólogo y epílogo, que cambian el sentido último de la novela. En la novela, Drácula no es el prota. Ni siquiera es un personaje: sólo sabemos de él por lo que otros nos cuentan. En la versión de Franco, el conde luce bigote como en la novela o como en el episodio londinense de Drácula de Stoker. El Drácula de Fisher, aunque incluye varios cambios respecto a la novela, nos muestra un espíritu fiel a la novela de Stoker.
Tod Browning es un director recordado gracias a dos títulos, a saber, Drácula (1931) y la impresionante Freaks (1932). La puesta en escena de Drácula, el primero de los monstruos clásicos de la Universal, se convirtió en el referente moderno del Conde de Transilvania, obviando por completo la creación de Murnau.
Bela Lugosi, quien ya había interpretado este personaje en la obra teatral de Broadway, fue el elegido, tras la muerte de la estrella del cine mudo, Lon Chaney. La iluminación y parte de la estética con la que se trató al Hannibal Lecter de Jonathan Demme está inspirada en el personaje de Lugosi. Tras el éxito de la película de Browning sobre Drácula, la Universal produjo una versión en español, rodada en Méjico, que calcó el metraje anglosajón. Bela Lugosi interpreta al conde, y su caracterización será recordada como un cásico: contenido, tenso y sobrio, compuesto con suprema elegancia y refinamiento. El terror que inspira es más espiritual que físico; basado sobre todo en la intensidad de su mirada y la "expresión" de su rostro casi impasible, empolvado y cadavérico. Vestido con elegante traje victoriano y capa, está más cerca de un aristócrata misterioso y fascinante, que de un monstruo sediento de sangre. Su lenguaje es el de miradas y sonrisas. Su maldad se capta por una simple alteración de sus rasgos faciales. No exhibe sus colmillos, ni muestra la sangre; ni siquiera recurre al espectacular maquillaje de Nosferatu. Su trabajo es ascético, interior. El actor llegó a identificarse con su personaje de tal modo que dormía en un ataúd y viajaba en un coche fúnebre. Acabó desequilibrado y víctima de los estupefacientes, en 1956. Vivió sus últimos años en el mundo de fantasía de sus pelis, y fue enterrado con su capa de Drácula. Esta película está basada en la obra teatral del mismo nombre, también interpretada por Bela Lugosi, quien le rogó al director de la Universal, Carl Laemmle, que le dejara el papel protagónico. La foto de la película corresponde a Karl Freund –operador de otras pelis del expresionismo, cuya estética recoge Browning y el cine americano de horror-. La película de Browning está dividida en dos partes: a) Drácula aparece como amo de un universo extraño, donde las criptas, cubiertas con telarañas, se alternan con lóbregas escalinatas, encontrando su máxima expresión en la cuidada fotografía en blanco y negro del hermoso y siniestro castillo gótico; acentuando el lado romántico de la narración. b) El Conde Drácula se instala en la convencional sociedad londinense. Y es cuando el impacto del comienzo se desvanece cuando la acción se traslada a Inglaterra. Este es el primer film de terror sonoro, junto con Vampyr, de Dreyer, en la que destaca la banda de sonido: los sonidos ambientales potencian el entramado sonoro: sirenas de barcos, gritos de horror, aullidos de lobos, etc.
En la llamada década de los 60, destacan las producciones de la británica Hammer, sobre todo las dirigidas por Terence Fisher e interpretadas por Christopher Lee y Peter Cushing, en las que se renueva el género mediante el uso expresivo del color, una ambientación cuidada y mayores dosis de violencia y erotismo. Entre ellas, Drácula (1958) y Drácula, príncipe de las tinieblas (1966).
En el Drácula (Horror of Dracula), de Fisher, sobre un interesante guión de Jimmy Sangster, el papel de Drácula fue confiado a un actor conocido, aunque secundario: Christopher Lee, que alcanzó un gran éxito personal en el cine de terror. Actor de escuela, Lee obtiene un formidable partido de su delgadez y elevada estatura, su prestancia majestuosa y altiva, su apostura, su mirada fría y dura, su aire de dominio. Su maquillaje es eficaz, y su personaje resulta innovador, con un punto de erotismo, que no aparecía en las anteriores versiones cinematográficas. “He tratado de sugerir esto sin destruir el papel. No he olvidado que el conde Drácula era un gentleman…", dijo Lee. Las novias de Drácula (1960) también ahondan en este aspecto erótico, en el que un actor joven, rubio y apuesto, interpretado por el actor David Peel, se convierte en un vampiro seductor y libertino.
En la adaptación de Sangster/Fisher vemos, ya desde el arranque de la peli, y al final de los títulos de crédito, una sangre que salpica sobre la palabra Drácula anunciando el pre-gore. Nos muestra de modo explícito el sexo y la violencia. Sin embargo, es una fiel adaptación de la novela de Stoker en lo esencial de la trama argumental y los recursos narrativos. En cierto modo, se respeta la técnica narrativa de la novela en el inicio de la película con la voz en off que corresponde al diario de Harker. La voz en off es la del propio Harker, lo que hace difícil sospechar que dentro de poco estará muerto, como el prota de Sunset Boulevard (El crepúsculo de los dioses), de Wilder, el muerto de Rashomon, de Kurosawa, la voz en off de un personaje que narra su propia muerte en Casino de Scorsese, o el punto de vista de un muerto inconsciente de su propia condición, como ocurre en El sexto sentido. También en la peli hay una variación brusca del punto de vista, al desaparecer el personaje con que nos habíamos identificado (recurso que también emplea el mago Hitchcock en Psicosis). El punto de vista que domina es el de Van Helsing, aunque hay otros como el de Lucy para narrar su vampirización, por ejemplo, la caída de las hojas como presagio de la llegada de Drácula (conviene aclarar que en la novela, Lucy anota en su diario las pesadillas y sucesos extraños); el de Arthur (en la novela corresponde al Dr. Seward) desde el que se narra el acoso de Lucy a su sobrina; el punto de vista de Mina (como en la novela) que nos conduce a los sucesos previos a su vampirización (dada en elipsis). Conocemos el peligro que corre Mina antes que ninguno de los personajes. Buena idea de guión. Hay una yuxtaposición de puntos de vista a través del conocido como montaje paralelo.
En el guión de Sangster hay una reducción, trasposición y condensación de personajes y situaciones. Asimismo, se da una reducción de las distancias o concentración espacial. Así logra unidad de espacio, y unidad de tiempo porque suprime los largos viajes de la novela. Y el argumento se reduce a la lucha entre Drácula y Van Helsing (unidad de acción) y suprime acciones paralelas: los devaneos amorosos de Lucy, la relación entre el Dr. Seward y Renfield, etc. Hay una eliminación y concentración de personajes y situaciones: Los cazavampiros se reducen a: Van Helsing y Arthur, las tres mujeres-vampiro se reducen a una, desaparece el Dr. Seward y su paciente Renfield, se suprimen los viajes en barco de ida y vuelta, aunque se conserva la aduana, se suprimen todas las transformaciones de Drácula en murciélago, lobo, ratas o niebla, se eliminan escenarios: abadía, hospital de Seward. Hay algunas variaciones en la trama: El propósito de Harker cuando visita el castillo no es formalizar un contrato de compraventa de una casa, sino matar a Drácula. Se eliminan preámbulos. Se plantea la lucha desde el inicio. La puesta en escena representa lo terrible de modo eficaz: Muestra la realidad misteriosa en el mismo encuadre que el prota, unos segundos antes de que este la perciba. Por ejemplo, las apariciones de la vampiresa, cuando Harker recoge el plato –sus pies aparecen por detrás- y cuando entra en la biblioteca, está tras la puerta-. Anuncia la aparición del vampiro por medio de signos: miradas de terror o deseo dirigidas fuera de campo, la sombra que avanza en la cripta, la luna entre las nubes, la caída de las hojas secas. El frío y el silencio de los pájaros que se citan al principio. Hay un uso frecuente de la elipsis y cortes de montaje, cuando Drácula se aproxima al cuello de sus víctimas. Por tanto, el acto vampírico está sugerido. Hay una contundencia física de objetos y símbolos: sangre, estacas, crucifijos que queman la carne, jadeos de los vampiros...
Drácula de Coppola

Drácula de Bram Stoker, dirigido por Francis Ford Coppola (1992), cuenta tanto con elementos de Nosferatu como del vampiro interpretado por Bela Lugosi y las producciones de la Hammer. Es una película realmente espectacular y hecha con estrellas como Winona Ryder, Anthony Hopkins, Keanu Reeves y Gary Oldman, que quizá sea la mejor interpretación del conde rumano que hayamos visto. Se trata de cuidada puesta en escena y efectos especiales impresionantes, que acompañan a un excelente guión, cuya adaptación se ajusta bastante al texto original escrito por Stoker.

Es una lectura cinematográfica harto fiel a la novela, aunque aparece exagerado el lado romántico de la novela. Tanto en la trama como en su desarrollo, la película conserva la estructura de la novela, pero la diferencia está dada en el tratamiento que hace de los personajes y de la historia. Aquí los personajes son ambiguos, ya que Drácula es el malo, y al mismo tiempo es el bueno que sufre por amor. Esta dualidad también está dada en el personaje de Van Helsing (Anthony Hopkins), que se distancia del clásico de Peter Cushing, porque al estar tan obsesionado por el mal, llega a parecer él mismo el malo de la película. La historia trata sobre el Príncipe Vlad, guerrero medieval, que por su romántica desesperación se transforma en un monstruo, y que, gracias a la supervivencia del amor durante cuatro siglos, retoma su condición humana. Gary Oldman personifica a un Drácula inédito, que sufre todo tipo de transformaciones físicas. Utiliza su apariencia monstruosa para atacar a sus víctimas y deja su forma humana para seducir a Mina (Winona Ryder), alejándose del modelo impuesto por Bela Lugosi y Christopher Lee, que eran siempre humanos. En realidad, la película refleja la suma de setenta años de Drácula en el cine, y nos muestra todos los recursos que se fueron utilizando durante todo ese tiempo. Coppola, amante de los mitos del terror, quiso, en su día, realizar una versión definitiva de la novela de Mary Shelley: Frankenstein, aunque al final sólo terminó coproduciendo Frankenstein de Mary Shelley (Mary Shelley`s Frankenstein, 1994) cuya dirección asumió Kenneth Branagh.


miércoles, 16 de mayo de 2012

La muerte de Carlos Fuentes

Carlos Fuentes en Oviedo


http://www.diariodeleon.es/noticias/filandon/el-augurio-de-carlos-fuentes_703437.html 
Como si se tratara de una novela suya, Carlos Fuentes, uno de los más grandes de las letras en castellano, nos dijo adiós debido a una hemorragia causada por una úlcera gástrica -qué espeluznante premonición y similitud con la muerte de su personaje Artemio Cruz, debida a una gangrena intestinal-, aunque su espíritu pervivirá por fortuna con nosotros, gracias a su magnífica e innovadora obra. Escribir -decía él- es una forma de combatir la muerte. Y la memoria, que actualiza el tiempo pasado, es la que nos salva. La memoria como tema recurrente en la obra de este ya clásico y a la vez experimental escritor mexicano. “La grandeza de México –aclara Fuentes- es que el pasado está vivo”. “La memoria y el deseo saben que no hay presente vivo con pasado muerto, ni habrá futuro sin ambos”, lo que se me hace revelador.

            Escribía hace un tiempo un artículo, a propósito del español-mexicano, y me encuentro con la muerte de este monumental escritor, al que descubriera hace años. Y a quien dedicara un texto (Del lado de allá) en mi fragua-libro, que reproduzco al final.
       Aparte de Aura, que es una novela breve pero intensa, impregnada de un erotismo macabro, donde se confunden ficción y realidad, escrita desde un tú desdoblado, pues aborda el gótico tema del doble (la joven Aurea y su vieja tía Consuelo son en realidad la misma persona), de Carlos Fuentes destacaría La muerte de Artemio Cruz, La región más transparente, Cristóbal Nonato, Valiente Mundo Nuevo y Gringo Viejo.

            En su novela ensayística, La muerte de Artemio Cruz, nos cuenta la agonía de este personaje en un soberbio monólogo interior en primera persona, aunque también emplea la segunda persona del singular y aun la tercera como narradores. Todo un portento. Y un ejercicio narrativo bien arriesgado. El propio escritor mexicano contaba que uno "debe huir de la seguridad para dar los saltos mortales del riesgo creador". Un lujo que se puede permitir este narrador solvente, quien se permite la licencia de emplear diferentes tipos de lenguajes, entre ellos el lírico y el cinematográfico, autor controvertido del boom latinoamericano, comprometido con la historia de México, crítico con el PRI, capaz de bucear tanto en los bajos fondos de la gran urbe como desenvolverse con soltura en las altas esferas sociales (fue embajador de México en Francia), cosmopolita (tuvo la suerte, debido a que su padre también fue diplomático, de vivir en varios países, entre otros, en Estados Unidos, Argentina, Chile, Brasil o Suiza), hombre cultísimo, intelectual consistente, que logró importantes galardones como el Cervantes o el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Incluso fue propuesto como candidato al Nobel de Literatura en reiteradas ocasiones. Lástima que no se lo concedieran. Se lo merecía, y mucho.

            La muerte de Artemio Cruz es una novela moderna en el sentido de que adopta nuevas técnicas narrativas como la ausencia de capítulos, que son sustituidos por fragmentos que se repiten de un modo regular, la utilización constante, casi obsesiva, de puntos suspensivos, que es una forma de hacernos notar la pérdida de conciencia del personaje principal. Una novela vanguardista en cuanto que utiliza diversos narradores o niveles narrativos. Deudora de técnicas narrativas anglosajonas, como los utilizadas por escritores de la talla de los Joyce, Dos Passos o Faulkner, La muerte de Artemio Cruz arranca con un magistral monólogo interior, que nos muestra la percepción caótica de lo que le ocurre al prota, así como sus recuerdos y opiniones, reflejando así la pérdida de conciencia de Artemio Cruz a resultas de una gangrena intestinal (Yo despierto... Me despierta el contacto de ese objeto frío con el miembro), que finaliza con el recurso tipográfico de mostrarnos un espacio en blanco, a modo de separación del siguiente fragmento narrativo, que introduce con un "Tú" (que es como el desdoblamiento de su yo, Tú, ayer, hiciste lo mismo de todos los días. No sabes si vale la pena recordarlo).          El empleo de un narrador en segunda persona del singular puede resultar artificial para los lectores/as pero, en este caso, está justificado porque lo utiliza como si fuera su propia voz de la conciencia, que le estuviera diciendo y recordando lo que debería o no hacer. Y del "Tú" como narrador (desdoblado) pasa al "Él" (Él pasó en el automóvil rumbo a la oficina). A medida que se aproxima la muerte del personaje principal, y la conciencia comienza a desaparecer, mezcla ambos narradores (Tú ya no sabrás... Yo sí lo escucho... Tú... mueres... has muerto... moriré). Impresionante, digo, esta forma de narrar las últimas horas de vida del señor Cruz. 

            El empleo del monólogo interior en la literatura castellana también lo encontramos en Tiempo de silencio, de Martín Santos, que es de la misma época que La muerte de Artemio Cruz, y en Reivindicación del conde Don Julián, de Juan Goytisolo (el cual se siente deudor y amigo del maestro mexicano Fuentes).

Los críticos, que siempre están metiendo el dedo en la llaga, han visto un paralelismo entre Artemio Cruz y el cinematográfico Kane, ambos multimillonarios sin escrúpulos, obsesionados por la riqueza y el poder, aunque carentes de lo esencial, la afectividad. También se ha observado que la secuencia inicial (… abro el ojo derecho y lo veo reflejado en las incrustaciones de vidrio de una bolsa de mujer…) de Artemio Cruz es similar al que nos propone Welles en su Ciudadano Kane, cuando el prota observa una bola de cristal, mientras pronuncia la enigmática palabra Rosebud, al tiempo que su rostro aparece deformado. No en balde, Carlos Fuentes, que ejerció como guionista de cine y es un enamorado de la obra fílmica de Orson Welles y Buñuel, parece rendirle un homenaje, acaso subliminal, a la película del todoterreno americano del cine, el teatro y la radio. 

            En el fondo, La muerte de Artemio Cruz está concebida, sobre todo en el plano estructural, como una película. Con el empleo de un lenguaje cinematográfico, preciso, detallista, descriptivo.

Asimismo, me parece extraordinaria La región más transparente -cuyo título hace alusión a un verso del que fuera su amigo, el escritor Alfonso Reyes-, con un comienzo potente, también muy descriptivo de lo que es la ciudad de los ombligos, México, D.F, impregnada toda ella de esos términos característicos del español-mexicano hablado fundamentalmente por los naquitos, pendejos y güeyes.
            Una ironía, el título, La región más transparente del aire, a resultas de la polución que se respira en la actualidad en el valle de Anáhuac donde se asienta la Ciudad de México. 

            La región más transparente es una novela publicada unos años antes que La muerte de Artemio Cruz, pero que ha resistido relativamente bien el paso de los años, porque aunque retrata la vida en la capital mexicana de los años 50 del pasado siglo, algunas de las esencias que nos cuenta Fuentes siguen aún hoy vigentes. Esta obra, de difícil lectura -todo hay que decirlo-, está plagada de citas textuales, reiteraciones obsesivas, discusiones filosóficas, políticas, artísticas. Aparte, asistimos a la alternancia de distintos momentos del pasado y el presente. Y aun del futuro.

Me entusiasma sobre todo toda esa terminología característica empleada en la novela, que va desde lo caótico hasta lo inefable, y aun desde el habla culta hasta la barriobajera, desde el español castizo hasta un lenguaje impregnado de galicismos, anglicismos, nahuatlismos. Cada personaje se define y define su clase social por el empleo de una u otra forma de hablar. Esto me hace recordar Luces de bohemia, de mi querido Valle-Inclán.

            Fuentes nos muestra a los personajes, a través de diálogos, fragmentos de canciones, giros, expresiones y vocablos propios no sólo de los mexicas, sino de otros hispanos, entre ellos, argentinos, caribeños, etc. De este modo, el autor da voz y voto a aquellos que menudo permanecen en silencio, apartados, tanto a los vivos como a los muertos. Como ocurre con el personaje de Galdys García, una cabaretera desvelada en los sórdidos amaneceres de la ciudad, megalópolis híbrida que se resiste a abandonar las características de pequeño pueblo colonial, pero que crece y se desarrolla desordenadamente como una ciudad moderna o pseudomoderna, según el escritor José Emilio Pacheco. 

Una novela polifónica, se ha dicho a propósito de La región más transparente. La sabia inclusión de canciones populares, insultos groseros, albures o dobles sentidos (que emplean los desarrapados, y aun los de otros estratos sociales), los vulgarismos, en definitiva, le dan frescura a la lengua popular mexicana. Una  novela que se me antoja un estupendo manual lingüístico, en el que vamos descubriendo todos esos palabros y expresiones que nos llenan de placer, sobre todo para quienes hemos tenido la oportunidad de vivir en México. A modo de ejemplo vayan a aquí algunos: léperos o pelados, albures, echar relajo, cuatacho,  güero, escuincle, abusado, sangrón, darse taco, huilas, pendejo o penitente, jafprais, huacal, petatearse, chingaderita, me la pela, lurias, milpas, elote, dizque, huarachudos, gachupines, jacal, corcholata, estar como gendarme de la esquina, aflojar la lana o la mosca, menso, mordida, changuitos, estar o ser de la tostada, lonchería, ¡pos a poco  no!, ahí nomás, jijo de la trompada, jalársela, órale, metiche, arguende, esculcar, encuerados, descuachalangado, hijo de su pelona, popote, aventón, bolero, piloncillo, guajolote, macanazos, gacho, újule, achicopalar, fuchi o fúchile, padrotes, tronárselas, molcajetes, tiznada madre, rascuache, ¡a todo dar!, changarro, me cae de madre, mitote, hacer de chivo los tamales, entre otros y otras.

Mi nombre es Ixca Cienfuegos. Nací y vivo en México, D.F. Esto no es grave. En México no hay tragedia: todo se vuelve afrenta (La región más transparente, Fuentes).

De la mano de Ixca Cienfuegos, cual si se tratara de un Diablo Cojuelo que simbolizara la esencia mexicana, nos adentramos en la ciudad de México, ciudad de los tres ombligos, ciudad de la risa gualda, ciudad de hedor torcido… ciudad del tianguis… ciudad perra, ciudad famélica, ciudad lepra y cólera hundida… Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. En la región más transparente del aire.

            MÉXICO ES UN PAÍS de hombres tristes y de niños alegres dijo Ángel mi padre (22 años) en el instante de crearme. Antes mi madre Ángeles (menos de 30 años) había suspirado: "Océano origen de los dioses”  (Cristóbal Nonato, Fuentes)

            Además de las ya mencionadas obras de Fuentes, siento simpatía por ese ejercicio lingüístico/lingual que es Cristóbal Nonato, cuyo narrador es curiosa y sorprendentemente un feto, Cristóbal (en homenaje a Colón), concebido por dos “ángeles” (Ángel y Ángeles), que sobreviven en un México bestial. Me entusiasma cómo Fuentes nos sumerge en una narración aderezada con el mejor humor y un sabroso toque de atrevimiento.

También merece la pena su ensayo Valiente Mundo Nuevo, donde realiza pormenorizados análisis acerca de la literatura hispanoamericana, en la que tienen cabida escritores de la talla de Borges, Cortázar, García Márquez, Mariano Azuela, Lezama lima, Carpentier, Rómulo Gallegos o el propio Rulfo, al que por lo demás pudo adaptar como guionista al cine. Véase El gallo de oro, incluso Pedro Páramo. 

El cuerpo de México era un gigantesco cadáver con huesos de plata, ojos de oro, carne de piedra y un par de cojones duros de cobre (Gringo Viejo, Fuentes).

            Y, para finalizar, no os olvidéis de Gringo Viejo, novela sobre el mundo de las fronteras, que tanto juego da, la frontera sangrante, que marca Río Grande (Bravo), entre los Estados Unidos y México -véase o crúcese la que separa Ciudad Juárez y El Paso, Texas-. Qué terrible, la frontera. Resulta bárbara sobre todo para quienes intentan cruzarla como espaldas mojadas. “La frontera de nuestras diferencias con los demás, de nuestros combates con nosotros mismos", según el gringo viejo.

Existe incluso una versión cinematográfica, debida al director argentino Luis Puenzo, sobre este best seller.

Además de leer y aun releer al maestro Fuentes, tuve la suerte de verlo y platicar con él un ratito en el año de 2002. Eso fue en el mes de octubre, en el Hotel Reconquista de la Vetusta de Clarín. Algo que nunca olvidaré. La memoria, ay, siempre bienvenida y salvadora.

Las cenizas de Fuentes reposan, como los restos de sus dos hijos, Carlos y Natasha, y aun como los de su amigo Cortázar, en el parisino cementerio de Montparnasse.





Carlos Fuentes, un maestro

La vida, en ocasiones, se revela espléndida, y le sorprende a uno de un modo grato. Después de tantos años, vuelvo a Oviedo y me encuentro con una ciudad relimpia,hermosa, cálida. Y, por pura casualidad, logro entablar conversación con Carlos Fuentes, espléndido escritor mejicano y premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1994. Uno de mis maestros. A Fuentes nunca había tenido la ocasión de saludarlo. Uno va en busca de su cineasta preferid—Woody Allen— y acaba charlando con Carlos Fuentes. Qué agradable sensación. Uno puede vivir en Méjico durante varios años sin lograr verlo y, así de buenas a primeras, aparece como una iluminación. Carlos Fuentes, además de ser el mejor escritor mejicano vivo, se mostró amable, alegre, simpático, como suelen ser por lo general y a primera vista los aztecas. «Pobre
México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos».
Méjico es un país rico, colorido y chido, puesto en
manos de una bola de rateros desde tiempos inmemoriales.
En realidad, este país podría ser una gran potencia mundial. Tiene, al menos, todos los recursos e ingredientes para serlo. Pero los gobernantes son unos hijos de la chingada, que arramblan con todo, dejando su tierra en la miseria más absoluta y esperpéntica. Algo así ocurrió cuando el gobierno cayó en las sucias manos de un güey, que coincidió conmi estancia en el país de las pirámides del Sol y la Luna.
Por otra parte, Estados Unidos es como la bestia negra de
Méjico. Si te creen mejicano, y tu intención es la de cruzar la frontera por El Paso, Texas, pueden armártela muy gorda. Así de cabrones se muestran algunos gringos con respecto a sus paisanos fronterizos.
Gringo viejo es una novela de Fuentes que toca de lleno el tema de la frontera. «Hay una frontera que sólo nos atrevemos a cruzar de noche —había dicho el gringo viejo—: la frontera de nuestras diferencias con los demás, de nuestros combates con nosotros mismos». Tuve una mala experiencia con la frontera yanqui allá por el año de 1995, que nunca olvidaré.Y todo porque me confundían con un mejicano. Los muy pendejos pretendían anularme, por el puto morro, la nacionalidad española. Querían impedirme a todo trapo que cruzara la frontera del otro lado de Río Bravo o Grande, que divide a El Paso y Ciudad Juárez. Me sometieron a un interrogatorio bestial y hasta me amenazaron con encarcelarme.
«Usted, recuérdelo —me espetó un gringo con olor a mofeta y cabeza de burro podrido— ya está en territorio de los Estados
Unidos y podemos hacer lo que queramos». Historias para
no dormir.
Continuaré releyendo Gringo Viejo, La muerte de
Artemio Cruz, La región más transparente y Cristóbal Nonato porque Fuentes es uno de los mejores escritores vivos en lengua española. Qué privilegio.