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martes, 27 de marzo de 2012

Qué linda, Celeste


Qué linda, Celeste. Me has hecho feliz con tus palabras. Mil gracias. ¡Viva México! y ¡Viva el Bierzo! hermanados ya de por vida. Me apetece darle vuelo en este espacio sobre todo ahora que estoy con México. 



Cuenya y la eliminación de las fronteras

Malas compañías

Celeste Ramírez


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  • 2012-02-17•Cultura
De Manuel Cuenya (Noceda del Bierzo, España 1967) puedo escribir más de tres cosas: que es un periodista contundente, un viajero contundente y un amigo contundente. Además que gusta de la cátedra, la literatura y el cine.
Puedo escribir también que es una de las tantas personas europeas que quiere y se interesa profundamente en nuestro país. Fue quizá esa razón -la solidaridad a nuestro México- por la que en un invierno madrileño lo conocí.
Ahora que me llegan noticias suyas desde el extranjero no puedo más que celebrar su entrega y su cariño literario hacia con nosotros. Y es que, siempre, en sus libros perfectamente editados allá en España, siempre, hay unas hojas dedicadas a la cultura, a los terruños, a la gente mexicana.
Tal es el caso del recién editado “La fragua de Furil”, un libro que reúne alguna de las mejores columnas periodísticas de Manuel Cuenya que han sido publicadas en el Diario de León. Son artículos dedicados a asuntos diversos y a viajes que el autor ha realizado por todo el mundo.
Lo que mueve a Manuel es sin duda la eliminación de las fronteras. No entender de aduanas y concentrarse en el paisanaje, en las emociones, en la posibilidad de los encuentros y en el paisaje.
“La fragua del Furil” tiene dos partes: “Del lado de acá”, donde aborda la situación de su tierra, la comarca del Bierzo y en general de la provincia leonesa, a través de los cuales busca recuperar la cultura local.
La segunda parte refiere a los viajes, va desde Irlanda, Cuba, Argentina, Francia, Polonia, Roma, Egipto, Marruecos, entre otros. Periplos que al autor enseñaron la valía de las aduanas derribadas. “De hecho, mantengo que, al viajar, uno se hace mejor persona”, confiesa a su colega E. Gancedo, en una entrevista en el Diario de León.
Y en referencia a México, el autor ofrece una reflexión sobre la Ciudad de México (el ombligo de la luna), “sobre ese país fascinante, con una cultura extraordinaria y tan excelentes literatos, tan hermanado con el nuestro (España), pero a la vez tan desvalijado por sus gobernantes”.
El estilo literario que cultiva el autor, es precisamente la redondez del relato y el lenguaje en prosa poética, no en vano Manuel Cuenya ha sido un devoto lector de Umbral y de Rulfo.
celesteramirez70@yahoo.com.mx

Ciudad de los ombligos

Ciudad de los ombligos en referencia a sus antiguos lagos: Texcoco o Tetzcoco, Chalco y Xochimilco. O bien El lugar del ombligo de la luna en referencia a Mēxihco, voz náhuatl acaso formada por Metl (luna); xictli (ombligo) y co (lugar). Me entusiasman, en todo caso, estas definiciones harto líricas de México, cuyo nombre oficial sería Estados Unidos Mexicanos, cual si fueran Estados Unidos Norteamericanos (con sobresalientes diferencias entre unos y otros, clarín clarete). 

Lo curioso es que, al igual que USA, también México es un rebaño de Estados Unidos de Norteamérica. Tanto es así que, en su día, México se extendía por Texas, Arizona, Nuevo México, California, incluso Utah, Nevada o partes de Colorado y Wyoming, que en la actualidad conforman los States. Ese era antaño Mexiquito: grande y lindo. Qué maravilla. Aun así, reducido en extensión y belleza a resultas de pésimas gestiones gubernamentales, este país conserva, al menos, más de una treintena de lugares de interés cultural y natural considerados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco: Teotihuacán, Chichén Itzá, Palenque, el centro histórico de Oaxaca y Monte Albán, Puebla, Guanajuato (donde se celebra el Festival Cervantino), el centro histórico de la Ciudad de México y Xochimilco, Zacatecas...

Espectacular el cañón o la Barranca del Cobre, en la Sierra Tarahumara. Nunca olvidaré aquel viaje en tren desde Chihuahua hasta Los Mochis, haciendo parada en este Colorado mexicano. Y a aquel viejecito sombrerudo que, luego de chuparse medio frasco de alcohol de 90º, se sacó la chorra para orinar en el suelo del tren. Delirium tremens al canto. Ahí es nada. 

México cuenta asimismo con una biodiversidad impresionante en cuanto a flora, fauna, reservas, ecosistemas, parques y monumentos naturales... Abundante en oro (Iguala), plata (Taxco), petróleo y gas natural, entre otros. Rico en maíz y chocolate (productos originarios de esta tierra). Con una gastronomía deliciosa, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2010. Todo un privilegio. Comida exquisita, sabrosísima, aunque se me antoje una bomba para quienes no estén habituados a la manduca condimentada, con muchas especias. Se trata el suyo de un magnífico maridaje entre la cocina española y la indígena, que hace las delicias de cualquier paladar que soporte el picante y los sabores fuertes. No hay más que untarse con chile chilpotle (exquisito con huevos fritos como desayuno para comenzar la jornada) o bien degustar un mole poblano, que es un guiso consistente, hecho con múltiples ingredientes. Una auténtica delicia. Aparte de un amplio surtido de botanas y antojitos mexicanos (enchiladas, quesadillas, tacos, burritos...), que pueden zamparse a cualquier hora del día o de la noche (abundan los puestos callejeros en el DF, aunque conviene echar ojito u oclayo, por aquello del smog), merece la pena tomarse unos tamalitos de dulce o bien un pozole. Y como postre entrarle a la cajeta, que es como un dulce de leche. Todo ello acompañado con un atole (qué rico, el último que tomé fue curiosamente en Tapia de Casariego, Asturias) o un champurrao. Y para hacer la digestión puedes servirte un mezcalito oaxaqueño, o en su defecto un Tequila Hornitos Reposado con sangrita. Buen apetito. Y seguir lidiando o montando toritos bravos. Sigo recordando aquel jaripeo o rodeo en el Estado de México, acaso en Ixtapaluca/Indiapaluca o sus aledaños. Vaya espectáculo. Y qué guamazo (en mi pueblo decimos hostión) se llevó el jinete o charro. Déjenlo... no se metan, pendejos, que le falta el "aigre". Como para quedarse sin respiración. Así es México, un país que se mueve entre la fiesta y el velorio, entre el grito: ¡Viva México, cabrones! y el silencio. La vida como “nostalgia de la muerte”, porque muerte y vida se confunden. Dos caras de una misma realidad. “Qué más me puede ocurrir, qué me peguen un tiro”, me soltó a bocajarro un cuate al poco de aterrizar en México. Hostias, Pedrín, que se me han quedado parados hasta los vellos del pubis. Como para mear y no echar ni gota. En México se le rinde culto a la pelona, a la llorona. Acaso porque la vida no vale nada. La vida no vale un carajo ni en León Guanajuato ni en Silao y mucho menos en Ciudad Juárez, donde te pueden acribillar en un quítame allá esas pistolas. 

El mexicano –según Octavio Paz- adula la muerte, y aun la festeja, la cultiva, se abraza a ella. Como ocurre en el Día de Difuntos. Entonces, el paisanaje come panes cual si fueran huesos, elaboran calaveras de azúcar, cada cual con su propio nombre (este menda aún conserva una, qué atrevido). En realidad, en México no es necesario celebrar el Día de muertitos para “arrumacarse” con la muerte. Impresionante Mixquic. Cada farra a todo dar puede ser un pretexto (los pretextos los inventaron los pendejos) para acabar saltando por los aires/aigres de un balazo en la sesera. No me chingues, güey, porque te voy a madrear bien padre hasta que se te salga el pulque por la entrepierna. No resulta difícil que una noche de fiesta acabe en una noche de duelo. 

En las fiestas los mexicanos se abren al exterior –según Octavio Paz- estallan, descargan su pistola, que es como descargar su alma, saltan el muro de soledad (os convido a que os deis un paseo por El laberinto de la soledad), se desnudan, se lanzan al vacío briagos o motorolos perdidos, enmariguanados tal vez, después de atizarle un lingotazo a la botella de tequila, que dejan temblando. Lo importante es salir, abrirse paso, a ritmo de quebradita, en la cantina de al lado, embriagarse de ruido,  de gente, de colorido. "No mames, cabrón, ese pinche güey se la buscó", porque cada quien tiene la muerte que se busca, que se hace. "A estas alturas ya estará tocando el arpa con el arcángel San Gabriel". Así se las gastan los léperos, que andan todo el santo día de relajo, lanzando albures a sus carnalitos y carnalitas, of course. 

Si es que México daría para componer muchas odas, principiando por su lengua, rayada de castellano antiguo, castellano modulado, con palabras y expresiones propias. Y toda la castellanización de terminología náhuatl, aparte del english, que deviene en una suerte o desgracia de spanglish (escuchad por ejemplo al grupo Molotov). Y si entramos en las muchas y variadas lenguas indígenas, entonces flipamos: mixteco, zapoteco, totonaca, purépecha o michoacano, entre otras. 

lunes, 26 de marzo de 2012

¿Por qué Ibero-América y por qué cultura?



Recupero este texto acerca de la cultura, y aun el mito de la cultura, en homenaje, por supuesto, al maestro Gustavo Bueno, con algunos toques y retoques a propósito de la cultura Iberoamericana. Os recomiendo que leáis El mito de la cultura, en el que encontraréis savia en abundancia acerca de este concepto. 

¿Por qué Iberoamérica? ¿No sería mejor hablar de Indo-Afro-Ibero-América?, tal como nos sugiere Carlos Fuentes en su ensayo Valiente mundo Nuevo, porque es evidente que se trata de un continente multirracial y policultural: indígena, africano, ibérico... En cuanto a la denominación "América Latina", inventada por los franchutes en el siglo XIX para incluirse ellos mismos, se queda pobretona, es insuficiente. Por su parte, la terminología "Hispano-América" tampoco es acertada, ya que sólo se refiere a los países de lengua española. Por tanto, hablemos de Ibero-América, por razones de brevedad. 

¿Por qué cultura? Cultura es término latino emparentado con la palabra griega paideia, que significa educación, crianza, formación. Es decir, que cuando hablamos de que alguien es culto nos estamos refiriendo a que es una persona educada, instruida, estudiosa, frente a aquella gente que es primaria, zafia, sin modales, es decir, incultas. Toda la cultura es un ejercicio circense en el sentido de que se obtiene domesticando a una fiera, educando a una bestia, humanizando a un mono, escribe Umbral en ese maravilloso libro titulado Mortal y Rosa. Cultura es, en definitiva, palabra que empleamos con frecuencia, cual si fuera un comodín de la baraja. Barajemos cultura, que algo se nos pegará, podrían decir algunos aficionados a los naipes. Jugadores de cultura o de tute subastado. Pues jugar a la subasta es a buen seguro un acto que entraña mucha cultura. ¿Qué os parece?

En cualquier caso, esto de la cultura es tema delicado, que conviene tratar con esmero, y no deberíamos llegar a caer en sus garras, porque tiene trampas el asunto. Lo más acertado sería no reducir la cultura a una mera cuestión de aprendizaje. Pues a menudo lo cultural suele ser artificioso, y todo lo que es postizo acaba resultando superfluo, convencional y engañoso. Por tanto, no nos dejemos embarullar.

Los filósofos cínicos, desde Antístines a Diógenes de Sinope, decían que no son necesarios los aditamentos culturales para poder vivir. Pues para beber el agua de un arroyo sólo hay que emplear las manos. Por su parte, los ascetas cristianos, desencantados de la civilización helenística, y los personajes extravagantes del siglo IV, como San Pajón o San Simón el Estilita, también buscaban vivir en los desiertos de Nitria, apartados del mundanal ruido. Vivir en el desierto es ciertamente una experiencia mística, que lo eleva a uno a las dunas rojas de lo excitante.

Se podría decir que Epicuro es el precursor de la contracultura. Una corriente o raya contracultural de cinismo que continúa en el siglo XVI con la vida pastoril, con la teoría del buen salvaje en el XVIII, con el romanticismo y la bohemia en el XIX. Y luego en el siglo XX con la cultura underground: arte psicodélico y la Beat Generation, los movimientos punk, mod y grunge, el hip hop alternativo, festivales como el de Woodstock o las comunas de hippies asentadas en varios lugares del mundo, entre otros, en Christianía (Copenhague) o en el poblado de Matavenero, en el Alto Bierzo, por poner un ejemplo cercano.

La cultura es cosa despreciable (tal y como se aborda desde los medios), según nos cuenta José Luis Moreno-Ruiz -gracias por recordarme que Luz Elez tiene un blog- en su Chochito Periodista, un librín que os recomiendo, dicho sea de paso, en días en los que aún estamos enganchados a presentaciones de libros.

Ahora se habla mucho de la cosa/casa cultural. Y se construyen casas de cultura en casi todos los pueblos, tal vez para mostrar que también en los pueblos hay cultura, y ésta no es exclusiva de las grandes ciudades. Una casa que está hecha a imagen y semejanza de la antigua casa del pueblo, puesta de moda a finales del franquismo.

El arado oxidado, que estaba tirado en el corral de un paisano, se convierte ahora en pieza museística de la Casa de la Cultura del pueblo. El Ídolo de Noceda del Bierzo, que sirviera como piedrecilla de contrapeso en una cuadra durante algún tiempo, se ha convertido en una pieza de gran valor arqueológico. Así funciona la cultura. Aunque ésta se haya universalizado, a través del archiconocido Internet, lo que predomina en la actualidad es la filosofía débil y postmoderna frente a un pensamiento fuerte, libertino y librepensador, que ha caído en desuso, porque sin duda no interesa a nuestro sistema antropófago, que engulle lo que se le pone por delante cual tiburón cinematográfico. 

Algo parecido nos contaba hace unos días el escritor Javier Pérez en Tardes de Autor en la villa de Bembibre. El pensamiento plano, ramplón, nos somete y nos aniquila como seres críticos. Todos adocenados, manipulados, al servicio de un sistema castrador. El Gran Hermano orwellinao. 

La cultura global, que antes es universalización enciclopédica, al menos así nos la venden y empaquetan, sólo parece haber llegado al Primer Mundo, a veces ni llega, y además supone una degradación ramplona de la cultura. 

Cultura de raquitismos.

domingo, 25 de marzo de 2012

Cultura Iberoamerica: México

 En breve impartiré clases sobre cultura Iberoamericana, y en especial sobre México, ese país que me trae tantos y tan suculentos recuerdos. Una y otra vez. Es como si siguiera enganchado a sus tuétanos. Imposible desprenderme de sus paisajes y paisanajes. De su forma de ser y estar. De todo aquello que viviera/sintiera en una época gobernada por un jijo de la trompada llamado Salinas de Gortari. Y por toda esa bola de pendejos que le hacen la corte a sus mandatarios. Chivatos, que se dice. Panzas agradecidas. Arrastrados. Corrupción al por mayor. La consabida mordida a todas horas. Ahorinita no, cabrón. No me chingues, viejo. 
Los presidentes mexicanos han sido dictadores constitucionales, y su poder se revela casi absoluto, casi sagrado. México no se entiende si se omite al PRI, el partido político que detenta todo el poder, ese bien tan preciado en este país.

México, tan rico y sabrosón para algunos y tan mísero para muchos, que esnifan pegamento para combatir la amargura, hacinados en chabolas, a orillas de la gran urbe, surcada de norte a sur por la impresionante Avenida Insurgentes… Todo está hecho a lo grande en esta metrópoli, construida sobre zona lacustre y en tierra sísmica. Hundiéndose cada día. Siempre temblando como un álamo en medio de una contaminación atroz, sobre todo en meses de primavera, cuando el smog se queda colgado, clavado del cielo, como un puñal asesino, devorador. Desde el cerro del Tepeyac, donde está la milagrera basílica de Lupita, se atisba un horizonte de nieblas y neblinas. Ensabanado cielo grisáceo, tirando a negruzco. Así se revela esta megalópolis de milagros, una de las más grandes del mundo, acaso la más grande, si dejamos de lado Tokio/Tokyo. “La virgen de Guadalupe es –según Octavio Paz- uno de los pocos mitos vivos de México”.

Ciudad de México, el distrito defequense, no deja indiferente a nadie/naide/naides. Es un monstruo, con sus hedores (Ciudad de México es una ciudad que huele mal, decía el inglesito Ashey en uno de sus programas de Ciudades del Pecado), y también guapina en el bosque de Chapultepec, el pintoresco Xochimilco, con sus floridas trajineras, o barrios como Coyoacán, donde se halla la casa-museo de Frida Kahlo y un monumento dedicado a los coyotes, que dan nombre a esta colonia.

A peso, a peso, todo se vende a peso. Eso era antes. Ahora, desde hace tiempo, el peso ha perdido su valor, está devaluado con respecto al dólar y al euro, las monedas potentes. Pero este es otro cantar de cantares de ciegos. Buñuel también rodó una espectacular película, Los olvidados, en esta “ciudad de los palacios”, polucionada hasta decir basta, escasa de agua, aunque paradójicamente esté construida sobre el que fuera el extenso lago de Texcoco. Y aun rodeada por el lago de Chalco (donde este menda impartiera docencia, y Mateo Alemán, el autor de El Guzmán de Alfarache, pasara sus últimos días de existencia, o eso cuentan) y Xochimilco (que se conserva vivaz y colorido). 

Algún día regresaré a su nopalito-símbolo, “al país de la cortina de nopal”, a su maguey, a su pulque, a sus esencias. Al país del águila, con una serpiente en sus fauces, posada en un nopal. Águila, serpiente, acaso emplumada, y nopalito como señas de identidad. 

México, “castellano y morisco, rayado de azteca”, dijo alguien. Rayado de náhuatl y de maya y de tolteca y de olmeca y de mixteco y de zapoteco y de lacandón y de purépecha...

México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Gringos de Norteamérica. Algo así dicen que largó Porfirio Díaz. ¿Quién se acuerda de este cuate? México, separado nomás por Río Bravo/Río Grande (depende de quien lo observe y lo nombre): un auténtico paso infernal para espaldas mojadas, y aun para otros. Un brecha bestial, una herida sangrante (léase merito Gringo Viejo, de Fuentes), que divide a unos y otros. “El otro lado” extraño y a la vez soñado: USA. La sombra de un gigante que cubre y apantalla a todo un continente.

México, país lindo y querido, acaso chido y jodido, o chingado. Me mola un chingo. Me chinga y me gusta. ¿Qué más se puede pedir... y dar? México es para que te vaya mal (si eres un olvidado) o bien (si formas parte de la fresería andante). En la región más transparente, como dijera Alfonso Reyes,  y después Carlos Fuentes en aquella novela memorable. No nací en México, pero viví en este país de contrastes a toda madre, durante una temporada, qué se le va a hacer. Han transcurrido muchos años ya desde que morara allí, allá. No obstante, me siguen asaltando los recuerdos.  La vida/muerte. El deseo rozándose con el Thánatos. La muerte exhibida. Los ataúdes en las aceras de Chalco. El culto a la pelona en Tepito, en Mixquic (sobrecogedor). País tragicómico al que le va la farra, a todas margaritas. Todos como arañas panteoneras subidos a las bardas de lo insólito. País surrealista, adonde todo es posible, al cual fueron a parar tipos como Artaud (en busca de una energía especial, que encontró en los Tarahumara), Breton, Buñuel (que hizo, además de Los olvidados, algunas de su mejores películas en esta tierra: El ángel exterminador, Nazarín, Simón del desierto, entre otras muchas)…

Se vive de un modo más intenso en México durante unos años que cien años de soledad en el Bierzo. Al menos para un gachupín ávido de sensaciones, capaz de sumergirse en los cenotes sagrados de la hiperrealidad. Aunque decir esto así parezca una boutade, una salida de tono o de madre. Quizá no sea ésta una ocurrencia de última hora, sino algo que siento, algo que viví. Vivir, siempre hacia adelante, mirando hacia atrás, es inevitable. O al menos eso parece.

Para entender el México contemporáneo habría que regresar a la historia de Nueva España. La historia moderna de México está marcada por el fracaso de sus guerras de Independencia. En el fondo, este país nunca ha logrado instaurar una democracia que ofrezca soluciones reales a sus inmensos problemas, entre ellos la desigualdad brutal entre ricos y pobres, el narcotráfico, la violencia a punta de pistola, la inseguridad ciudadana, sobre todo en el Distrito Federal, Tijuana, Ciudad Juárez… porque su historia –por desgracia- está infestada de caudillos, canónigos quema-herejes e izquierdosos con vocación de carceleros. Para más inri,  en la actualidad proliferan los sicarios y bandas organizadas que te pueden calzar en menos que roedor se trinca a una camada de conejitas.

Me ha ilusionado recibir noticias de Erika, una chamaca que conociera en el reino francés de la moutarde, de la mostaza, "oh seah", y a quien luego tuve la ocasión de ver en el DF, Distrito Federal, Ciudad de México, que se abre como un mar de luces en la noche oscura de las almas... purgadas. Aterrizar en Benito Juárez es todo un orgasmo visual. A uno le entran como espasmos cuando el avión está sobrevolando la inmensidad de esta urbe, y de repente parece que fuera a estrellarse contra las azoteas de las casas. El aeropuerto está engullido literalmente por esta ciudad de dimensiones colosales, la que fuera metrópoli de los aztecas, Tenochtitlán, la capital del imperio colonial de la Nueva España, situada en el valle de Anáhuac, a unos 2.200 metros sobre el nivel del mar, lo que a un turista, poco o nada habituado a las altiplanicies, le acaba produciendo mal de altura.

Me alegra, digo, que Erikita me haya escrito un mail desde las Alemanias, donde vive ahora, desde hace algún tiempo. Europa está muerta. Europa ha muerto, cantaba Jorge Ilegal. Conozco Europa, me decía un cuate mexica, y no es nada comparable a nuestro Mexiquito… acá se puede vivir mucho mejor que en Europa... ya, en México todo es posible... hasta se pueden comprar títulos... no me diga, señor lisensiado... ay, licenciado... no me cotorree, güey... que le digo que sí... pues vaya... En México el que tranza avanza... en México y en el resto del orbe... Joder, acabo de entrar en una verborrea que me está carcomiendo pero lo que quería era hablaros de México/Méjico, para unos el ombligo de la luna, qué guay, para otros, el ombligo del maguey, la cuenca lacustre, en todo caso, que tanto impresionara en tiempos a los descubridores (en realidad, México ya estaba bien descubierto, no chingues, manito). Así nos lo cuenta Bernal Díaz del Castillo en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. México, la Venecia indígena, espejismo y ensueño. Ciudad de los tres ombligos o lagos, ciudad del hedor torcido, ciudad del tianguis. 

viernes, 23 de marzo de 2012

A propósito de Rosa de Sanatorio y Moreno-Ruiz


Domingo 18 de marzo de 2012

(Hace pocas fechas, el buen Manuel Cuenya –oyente que fue de Rosa de Sanatorio, le recuerdo participaciones poéticas y en prosa en aquellos concursos (?) literarios a contrapelo, que hacía yo en el programa de vez en cuando, para el harto disgusto, a menudo, de la dirección de Radio 3, RNE, siempre digo que me enorgullezco especialmente de los oyentes que tuvo Rosa de Sanatorio– citaba –Manuel Cuenya– en su blog lo que decía yo a propósito de Antonio Pereira, a propósito, de paso, de una evocación hecha por mí de Nilita Vientós, gran dama puertorriqueña, a propósito la dicha evocación, por lo demás, de una cita que de ella hacía Jesús Dávila, periodista e historiador puertorriqueño con cuya amistad me honro desde hace más de cuarenta años, y he recordado este pasaje de mis Diarios, que traigo de nuevo por aquí a la espera de que me entren las ganas de escribir un rato –y hablando de aquellos oyentes de Rosa de Sanatorio, no pocos de los cuales paran de vez en cuando por este blog, ¿alguien sabe algo, acaso ella misma, de una chica que también enviaba poemas y prosas a los dichos y supuestos concursos literarios del programa, la cual se firmaba como Chocheíta y remitía sus envíos desde Salamanca? Era realmente ingeniosa).

Agradezco el guiño, José Luis, y ese recuerdo a aquel programa entrañable, instructivo, esencial, que tú dirigías con buen tino en las madrugadas de a diario en RNE, Radio 3. Imposible olvidarse de Rosa de Sanatorio y todo aquello que nos relatabas (incluidos textos de tu Ángeles en mis cojones, que por cierto está leyendo ahora una amiga, mi cuata). Por mi parte, confieso haber aprendido mucho, tanto (o más) que en mis clases de la Facultad, a la que asistía cada vez menos, esa es la verdad, sobre todo a medida que avanzaba en cursos. Prefería, claro está, escuchar tu programa, quedarme a estudiar, leer, escribir en noches de blanco satén, "danzar" incluso enroscado al universo en expansión, siempre al amor/calor de lo radiofónico, de la música minimalista de Philip Glass (qué grande), que tú, Moreno-Ruiz, y también Ramón Trecet me descubrierais, enganchado a aquellos sonidos de Carles Santos, o bien a aquellos versos valleinclanescos, puestos en boca de tu hija, que ya será una moza, aquellas poesías insustituibles de César Vallejo ("yo nací un día que Dios estuvo enfermo"), aquellos textos de Dalí y Buñuel, vaya par de fenómenos (desconocidos para muchos en el terreno literario), y aun aquella velada en que invitaste al gurú galego Antón Reixa (otro que tal baila a ritmo de saudade). Imposible olvidarse, decía, de tus programas de radio, auténticas lecciones de emoción y saber. Y luego aquellos concursos? literarios que tú nos regalabas y a los que uno, gustoso y atrevido, acudía con sus letras y su espíritu de aventura. ¡Qué osado era uno! Recuerdo que llegué a ser uno de los finalistas (creo que ganador) de aquel concurso tratante en versificaciones erótico-pornográficas. Qué intrépido, decía. Algún día prometo dejar colgado en este blog Esa señora metafísica, el texto poético que tú premiaste con tus palabras. Un poema o texto en prosa, acaso lírica, cuya influencia filosófica (acaso proveniente del maestro Gustavo Bueno) podría antojarse evidente. Entonces, por aquella época, cursaba estudios en de filo-psicología en la Universidad de Oviedo (recuerdo que me preguntaste, cuando nos vimos en Madrid, si yo era asturiano). Y comenzaba a descubrir la literatura con devoción, incluso en la Facultad, con profes como un tal Manuel, mi toca-yo, que nos/me hablaba, entre otros, del marqués de Sade (enorme en lo filosófico y en lo literario, también, no hay más que leerse su Filosofía en el tocador o su Justine), aunque ya jovencito fuera un apasionado de Julio Verne y otras historias de aventuras (entre ellos figuraba naturalmente Stevenson) y con once años descubriera a Larra, que me dejó impresionado. Ay, la Nochebuena de 1836. Me encantaba escuchar Rosa de Sanatorio, aunque también me entusiasmaba Caminando sobre la luna, de Luz Elez (¿qué será de esta chica?). ¿Y que será de la tal Chocheíta? Y de tantos otros que enviaban textos a Rosa de Sanatorio. Tengo muy buenos recuerdos de aquella época en la que a uno el mundo le latía espléndido. Entonces, uno era un jovencito con las ilusiones aún intactas, sin máculas, con el rostro sereno, con el mundo, insisto, por montera. 
También algún día daré cuenta de ese otro texto en la que nos pedías que nos elogiáramos mucho en un ejercicio narcisista. El mío se titulaba En memoria del ingenioso Don Cuenya del Bierzo, creo recordar. 

sábado, 17 de marzo de 2012

Corazón de León

Agradezco mucho que Ricardo Chao haya tenido la amabilidad de darme cancha en su blog, aparte de una entrevista en radio.


EL VÍNCULO LEONÉS (XCI): MANUEL CUENYA, BIERZO ALDEA UNIVERSAL

14 de febrero de 2012


Manuel Cuenya es un escritor y profesor berciano de Noceda del Bierzo. Ha vivido mucho tiempo en Francia y Méjico, por lo que ha adquirido una visión muy cosmopolita de la vida y del mundo, sin abandonar por ello su amor por el terruño. En la actualidad es profesor de Artes Escénicas y Teatro para personas mayores de 55 años, colabora en el Diario de León, y también coordina el Colectivo Cultural "La Iguiada" .

Manuel abrió su blog  en junio de 2009, y ya ha escrito más de 470 entradas de todo tipo. Uno de los temas más presentes es El Bierzo, su comarca natal y por la que siente un gran cariño. Así, hay un repaso del vino berciano, de los paisajes otoñales de esta comarca, noticias y personajes, etc. También hay países que aparecen de forma recurrente en el blog , como Cuba, Marruecos...

Otra de las grandes aficiones del autor es la música, por lo que ha dedicado entradas a Sidonie, Kroke, la música gnaoua... 

Como no podía ser de otra manera, también hay posts centrados en escritores como Sara Gallardo, pero brillan con luz propia varios de León: Julio Llamazares, Luis Artigue, etc. Por el blog  también desfilan artistas como Blanca Porro y sus curiosas fotografías de "Muñecas Rotas". Como podéis comprender, 470 artículos escritos por un personaje tan polifacético dan para todo tipo de temas, incluido el de la toponimia de la zona de Noceda, que está en asturleonés.

No puedo terminar esta entrada sin dejar de mencionar que la semana que viene verá la luz en los kioskos leoneses la última obra de Manuel, titulada "La Fragua de Furil". Que sea enhorabuena.

Os podéis descargar la entrevista en formato mp3 en este enlace . 


http://corazonleon.blogspot.com/2012/02/el-vinculo-leones-xci-manuel-cuenya.html

jueves, 15 de marzo de 2012

Con el maestro Pereira

Con el maestro Pereira

Cuenta José Luis Moreno-Ruiz en su Contradiarios (http://moreno-ruiz.blogspot.com/?zx=e1862a25ba09348fque en un relato del imprescindible Antonio Pereira (1923-2009), el narrador berciano, uno de los más grandes del cuento español moderno (el antiguo apenas cuenta, esa es la triste verdad), en un relato a medias policíaco y a medias humorístico, titulado "El síndrome de Estocolmo", y que transcurre en Puerto Rico, se contiene un homenaje a Nilita Vientós, lo que sin duda hizo Pereira para agradecerle la gran ayuda y proyección de su literatura en toda América, debida a la gran dama. 


Pues bien, esto me ha hecho rememorar, una vez más, la talla gigantesca de Pereira. Vayan aquí estas palabras para su genio y figura (rescatadas de la revista La Curuja, que tengo a bien coordinar).




Antonio Pereira, Toñín, como le decían los más cercanos, era (sigue siendo en la eternidad) uno de los mejores narradores orales que haya conocido. Una divinidad de la palabra, tanta escrita como proferida. Y es que el maestro Pereira tenía el don de la palabra, que manejaba con fino sentido del humor, aderezado por una hechizante sensualidad, y podía dejar al auditorio boquiabierto y arrasar literalmente a sus homólogos cuando lo veíamos/escuchábamos en aquellos filandones organizados por nuestro estimado Justo Fernández Oblanca (ya desaparecido, por desgracia), quien fuera Decano de la Facultad de Educación de la Universidad de León.

Pereira era el maestro del Filandón, como queda reflejado también en aquella película memorable de Chema Sarmiento.

A Pereira lo vi en varias ocasiones, y siempre que nos veíamos se acordaba de mí, y sobre todo de La fragua de Furil, porque Antonio, además de un escritor enorme, era una gran persona, y con una memoria prodigiosa. Tengo dedicados algunos de sus libros, de lo que me siento muy orgulloso. Quienes aún no se hayan acercado a su obra, va siendo hora de que lo hagan, porque en el 2009, coincidiendo con la feria del libro de abril, el villafranquino universal, viajero al fondo de los tiempos, nos dijo adiós. Y para sentir su alma, necesitamos entregarnos a la lectura de sus cuentos, algunos extraordinarios, como Cuentos del noroeste mágico o Cuentos de la Cábila, entre otros.

“Antonio andará por ahí con Borges, urdiendo tramas en el interior de algún laberinto. ¡Vaya dos!”, escribe Fermín López Costero.

Vayan aquí algunos fragmentos de sus cuentos y este poema, que leí con morriña, en la Plaza de Fernando Miranda de Ponferrada, el día de su muerte:

En Reggio de Calabria/a las cinco de la tarde/es algo triste/se levanta aire y remolinos/de plástico y papeles./Si es lunes/y no llega el giro telegráfico/puede uno morirse de tristeza/en un bar de Reggio de Calabria/palabra (Escrito lejos)

En mi ciudad había chicas guapas, las había en mi propio barrio, pero yo enloquecí por una de Cacabelos. Me atraía lo lejano (veinte kilómetros ida y vuelta), y, sobre todo, lo diferente. Las de allí eran menos esquivas y el pueblo mismo parecía estar siempre de fiesta. El día de San Miguel, en la chopera engalanada de Cacabelos conocí a mi amor (no diré su nombre, por ahí andará cargada de familia), bailamos y me salió mi mayor vicio, que era el de la mentira: me puse años, adelanté la marcha de mis estudios y un poco ennoblecí a mi familia. En los pueblos de la comarca creen que todos los de Villafranca somos marqueses (La orbea del coadjutor).

-Al personal, lo que le gusta es comer. Al personal, le gusta el botillo. Con el caldo de nabizas tomado al final en vez de al principio, las filloas de postre, el café de puchero. Y nuestro aguardiente de orujo, mira el libro de firmas, políticos, obispos, los humoristas de la radio.
-Lo que hay que mirar es la tendencia de los índices, padre. Las Bolsas del mundo, la marcha de las ventas de automóviles en Alemania, prepararse es ganar. En los tiempos que se avecinan sólo podrán
sobrevivir los que ahora tomen medidas canónicas, la situación es delicada pero es de libro, el avecé de los economistas (Los tiempos que vienen).

Mi padre no tenía preparación literaria, pero sí un gusto por las expresiones realzadas. Le atraían los calificativos “suntuosos”. Éste, precisamente: que en los programas de fiestas -él era de la comisión- se anunciara “la suntuosa procesión del Santísimo Cristo”. Los paisajes los quería “deleitosos”. Y todavía más: “ubérrimos”. Aprobaba mi inclinación hacia la literatura. que leyera. Le enorgullecía que su chico pudiera escribir lo que él acaso tendría escrito si le hubiesen dado los conocimientos. Pero pensaba que la escritura era una afición llevadera con el comercio y tenía el empeño de que us hijos estuviesen al tanto, acaso un día nuestra tienda fuese una firma almacenista para surtir a los ferreteros de la región (El toque de Obispo, Cuentos de la Cábila).

La criada de la señora que me tenía de pupilo se llamaba Benigna, estaba buena para mis primarias necesidades de entonces y me consentía tocamientos por encima de la ropa. Pero sobre este tema de la pensión no quiero extenderme… Benigna se arreglaba mal con la escritura, yo le hacía los sobres para su novio, pero no las cartas. El no vio venía a verla de tarde en tarde, cuando juntaba para el viaje a fuerza de ahorrar y de horas extraordinarias. Un día coincidí con Benigna en la ventanilla de telégrafos y el funcionario estaba agobiado y exigía que se le diera completo el impreso. La chica miraba angustiada a su alrededor y al verme se puso colorada y pareció como si titubeara, pero me alargó el papel para que se lo cubriera. Los telegramas eran baratos y aun así se limitaban a casos de mucha desgracia. Con letra clara escribí el dictado desgarrador: No vengas estoy con el mes (Seis palabras 4 pesetas, La divisa en la torre).

*Mención especial merecen tanto el Catálogo bibliográfico de Antonio Pereira, cuyo autor es López Costero, y está editado por el Instituto de Estudios Bercianos. Ponferrada, 2006, como Países poéticos de Antonio Pereira, editado por la Universidad de León, y cuya autora es Carmen Busmayor.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Los Montes y Wólfram

Prosigue el ciclo dedicado a cineastas bercianos que promueve el Ayuntamiento de Castropodame y que coordina uno mismo, o sea. 

La próxima proyección será este viernes 16 de marzo en la localidad de Viloria, al ladito del barrio de la estación y el Socuello de Bembibre. En este caso pasaremos, en una misma sesión, qué guay, Los Montes y Wólfram, ambos trabajos realizados por Chema Sarmiento. La cita será a las 19h30. Y la entrada es libre, naturalmente.


Los Montes es un espléndido trabajo fin de carrera, con el que fue nominado al César en la categoría de mejor Documental, en 1983. Casi nada, que un alumno del IDHEC -donde estudiaran grandes del cine, hoy conocida como la Escuela de Cine Femis-, y encima berciano, fuera nominado a estos premios equivalentes a nuestros Goya. Por otro lado, obtuvo varios premios en festivales como el de Bilbao, Belfort, Tours o Lille. 

Más que un documental al uso, se trata de un mediometraje entre la ficción y la realidad, filmado en un pueblo perdido, y casi abandonado, del Bierzo Alto, en los confines de la provincia de León. 
Los Montes de la Ermita
Un pueblo, Los  Montes, situado en la ladera del mítico pico Catoute que ha vuelto a renacer, sobre todo en romerías veraniegas, después de tantos años deshabitado. 

Lo que nos cuenta Chema Sarmiento en esta cinta es precisamente el velorio o velatorio de uno de sus escasos habitantes, un viejecito que se muere y es velado por seis mujeres, también entradas en años. Un velorio que, por lo demás, me hace recordar al esperpéntico y socarrón Valle-Inclán, tan emparentado con nuestra tierriña galaico-leonesa. 

Confiesa el director, nacido en Albares de la Ribera, que su propia experiencia "mortuoria", apenas nacido, le ha llevado a tener verdadera obsesión por la muerte desde guajín, algo que queda reflejado de un modo magistral en Los Montes. 

Esta obra tiene gran valor porque, además, Chema Sarmiento la hace con un reparto actoral no profesional. Aunque el guión estaba escrito -aclara el realizador- no les di el texto porque tenía miedo de que se lo aprendieran de memoria y luego sonara a lección recitada de carretilla. En los ensayos -añade  Sarmiento- los actores (mejor dicho, actrices) lograron decir el texto a su manera, señal de que el rodaje se podía comenzar. Pura magia.  

Los Montes (estrenada en 1981) se adentra en las esencias rurales de  esta aldea perdida en las estribaciones del Catoute. Algunas secuencias  me hacen recordar Las Hurdes (Tierra sin pan), de Buñuel, aunque su director confiesa que cuando hizo esta obra no había visto el documental del genio de Calanda.


En todo caso, esta peli tiene un aura como de realismo poético en su composición, que logra cautivarnos comos espectadores. 

Por su lado, Wólfram. La montaña negra (éste sí es un documental) data de 1992 y gira en torno a la fiebre de este preciado mineral en la Peña del Seo (el Bierzo), donde aflora por todos lados.

Este documental sobre la importancia del wólfram en la Segunda Guerra Mundial fue posible gracias a la ayuda que le concedió el Centre National du Cinéma para la escritura y desarrollo del guión, lo que le permitió a Chema -que vive en París desde hace años- regresar a su Bierzo natal para buscar a los testigos directos de los hechos que pensaba contar. El valor de este trabajo se debe, según su director, a la aportación dada por quienes vivieron estos hechos en el contexto de la Segunda Guerra Mundial en el Bierzo, donde los alemanes extrajeron este mineral que, en aleación con el acero, les permitió fabricar municiones y armas, lo que les procuró una superioridad evidente sobre sus rivales. Por desgracia, algún testimonio de primera mano se murió antes de ser filmado, no obstante, Chema logró reconstruir con actores una parte de los hechos que le había contado el tal Jesús Campos. 

Wólfram se difundió a través del canal France 3. Y su versión española fue digitalizada en VideoMaster de Ponferrada con ocasión del Primer Festival de Cine de la ciudad, capital del Bierzo, incluyendo la voz en off del gran Pedro Trapiello. 
Trpiello y Sarmiento en Santa Marina de Torre en 2015


Wólfram, por tanto, centra su interés en las repercusiones que ese momento histórico de los años 40 tuvo en el Bierzo, y en especial en la Peña del Seo (el Bierzo), montaña en que el wólfram afloraba por tierra, al menos durante los primeros años, lo que provocó cambios sustanciales en la vida de algunos. Resulta curioso y sorprendente que esta zona, junto a Ferradillo (la pequeña Rusia) sea, incluso en la actualidad, poco o nada conocida en el Bierzo.

No dejéis de ver estos trabajos de nuestro amigo y paisano Chema Sarmiento. Os encantarán. 



lunes, 12 de marzo de 2012

¿Por qué fragua y Furil?




A mis padres,
que son mi memoria,
y a ti

La belleza será comestible o no será
Dalí

¿Por qué fragua y Furil? Permitidme que os explique cómo se me ocurrió este encabezamiento — que por otra parte da título a este libro— y cuáles fueron las fuentes de inspiración y transpiración. Fragua es nombre mítico y de mucho bombo. Hace referencia a todo aquello que proporciona calor y vida. La fragua está emparentada con el fuego, que representa la energía espiritual y es agente de transformación, pues todas las cosas nacen del fuego y a él regresan. El fuego está asociado a la fecundidad y es, asimismo, emblema de regeneración y demiurgo. Purifica y destruye las fuerzas del mal. Es centro de cualquier cosa. Un fenómeno privilegiado que puede explicarlo todo. 

Atravesarlo simboliza la trascendencia de la condición humana. Algo a lo que, desde siempre, ha aspirado el ser humano. De ahí tal vez proviene el interés por los festivales ígneos: las hogueras de San Juan, las Fallas de Valencia, los fuegos artificiales de cualquier verbena, el árbol iluminado de Navidad, entre otros. Frazer en La Rama dorada recoge muchos ritos en los que las antorchas, hogueras, ascuas provocan el crecimiento de las mieses, y contribuyen al bienestar de hombres, mujeres y animales. El arte de la fragua se ha puesto en relación con la virtud de mantenerse en contacto con las fuerzas del Empíreo. 

El herrero es el señor del fuego, un visionario y un alquimista, que transforma en oro todo cuanto toca, y logra la Piedra Filosofal y el bálsamo de la vida. El herrador está emparentado con el minero. Así lo vio Eliade en Herreros y alquimistas. El arte de la forja se ha vinculado no sólo con la minería y el espiritismo, sino también con el ejercicio de la música, la danza y la poesía. 

En una fragua se forjan sueños e ilusiones, se hacen herraduras, amuletos de la suerte, y se pueden hornear hasta libritos cual si fueran hojaldres. Es taller donde se trocean y moldean materiales; y horno donde se cocinan panes y rosquillas. Es brasero, fogón, tobera. 

La fragua de Vulcano, de Velázquez, que irradia luz y calor por todos los poros de su pintura, también se hizo numen de esta fragua de Furil. Ahora me queda explicaros quién fue y aún es Furil. 

Furil es una estirpe de Noceda del Bierzo: la saga de los furiles, a la que me apunto, aunque el parentesco sea lejano. El primer Furil conocido fue herrero, ferrón o furón, un noble y antiquísimo oficio, que se ha ido transmitiendo de padres a hijos y así sucesivamente. 

Fragua, magia y espectáculo han caminado cogidos de la mano a lo largo de la historia. Esto es lo que quería contaros.

sábado, 3 de marzo de 2012

La fragua de Furil



Después del fuego arrasador en la Sierra de Gistredo, mi útero, me siento en baja forma, y hasta me da miedo darle candela a esta fragua-libro-hojaldre, que se presentó hace ya unos días en la ciudad de León, con la presencia de Pablo Lago, el director del Diario de León, y Pedro Trapiello, escritor y columnista de lujo en el Diario. Os dejo aquí el prólogo, que me dedica el amigo y escritor Eduardo Keudell, que ahora está del lado de allá, en la ciudad de Buenos Aires, y este artículo que me obsequia el escritor y amigo César Gavela, que vive en el Mediterráneo aunque lleva en su espíritu el Bierzo. 

Espero y deseo que, con estos entrantes, os entre el gusto por leer este libro, horneado en la fragua de Furil, de Noceda del Bierzo, cual si fuera un hojaldre, porque la belleza será comestible o no será. 

Que os aproveche. 



Prólogo de Keudell: 
La fragua de Furil, cuyo título hace referencia a la energía espiritual y la fecundidad, es un libro que recoge una selección de artículos publicados durante estos últimos años en el Diario de León. Dividido en dos partes, a saber, Del lado de acá, donde se abordan temas de la provincia leonesa como la minería o el vino; y Del lado de allá, dedicado a otros lugares en el mundo: América, África, Europa
         Cuenya retrata con sensibilidad, humor crítico y una prosa hábil y certera diferentes culturas y paisajes, sueños y fronteras, la memoria y la muerte; la belleza, en definitiva, que engendra afectos, porque el autor es un viajero como hay pocos en estas tierras. Hombre cosmopolita que sabe que nada de lo humano le es ajeno, capaz de participar de un bautizo con el mismo respeto que en un rito yanomami, en un entierro mexicano con la misma compostura que en un funeral maorí, o catar mezcal con idéntico deleite con que se degusta un caldo de mencía.
        Manuel, hombre bueno, cultísimo, ponderado, viaja ligero de equipaje, como sugirió el poeta, y sabe que uno nunca vuelve sino que siempre va, de modo que en persona, o en texto, Manuel Cuenya tiene esos aires de acá y de allá, como de todos los caminos de horizontes fugitivos que Atahualpa Yupanqui poetizó tan bien. Uno se alegra de que se reúnan sus textos en un volumen, porque es como llamar al viajero a un poco de reposo para que nos cuente de los valles, las montañas, los mares y desiertos, de los hombres y mujeres que habitan esos mundos con la secreta esperanza de amar.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    Eduardo Keudell, escritor

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