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martes, 29 de noviembre de 2011

Mi matria

Después de leer al maestro Lêdo Ivo, me permito la licencia de tomar su poema, Mi patria, y darle algunos giros. A modo de "plagio" acaso creativo o reconstructivo, he llegado a esta Mi matria:


Mi matria no es la lengua castellana 
sino la lengua de mis ancestros, que hablaban la danza de las estrellas
Ninguna lengua es una matria
Mi matria es la tierra carnal donde nací
y el agua que me arrulla en las llamas del valle.
Son las ranas que se columpian en los regueros y las anguilas sumergidas 

en los pozos
y el útero de Gistredo cuyas nieves colorean el mundo, mi mundo.
Mi matria son los nidos de golondrinas bajo los tejados de los corrales,

que supuran hielo y ternura
las mujeres labrando el porvenir de sus retoños en el crepúsculo primaveral
y los cielos sólidos despertando al tiempo.
Mi matria son los aullidos de los lobos
y la silueta de la belleza dibujando el presente.
Mi matria es la mano del minero posada en mi hombro

y el negro escozor de la incertidumbre.
Son los chamizos 
y las praderas y los campos donde mis antepasados, luchadores y silicóticos, tiemblan aún en las madrugadas invernales 
y el aroma a heno seco en los pajares
y el calor del ganado 
y las ristras de pimientos rojos colgados del corredor
y la mirada inocente de un niño que atravesó el horizonte

en busca de aventuras
La lengua que hablo puede que sea mi matria.
Ninguna lengua artificial puede ser la matria.
Sólo las huellas que deja la vida

en el nómada deambular
mi matria corre 

por el mundo "alante"
mi matria hecha con la carne y con el alma.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Río Selmo (Oencia)

                                                Río Selmo. Foto de Odonel Ramón


Como el aullido de un lobo en el invierno de la vida, corre el Selmo, veloz y desprendido, por los montes de Oencia, como si quisiera llegar el primero al destino, aunque para ello tuviera que arrasar con lo que se va encontrando en su camino, en su curso, como si en verdad tuviera prisa por alcanzar alguna “presa”, antes de que otro río se la quite de entre sus colmillos y sus garras.
De tan rápido, el Selmo parece desbordarse, desdoblado a fuer de vigoroso. Es tal su fuerza, el poder de su canto, que resulta sobrecogedor, en ese su afán por ganar la contienda, al precio que sea, con tal de llevarse el ansiado botín.

A Lêdo Ivo

Lêdo Ivo con la poeta Carmen Busmayor

Lêdo Ivo con el poeta Abel Aparicio

Con Lêdo Ivo. Foto: Carmen Busmayor

Confieso que gracias al maestro y amigo Juan Carlos Mestre descubrí la poesía del brasileiro Lêdo Ivo, que el pasado viernes nos deleitó con su presencia  en León, gracias asimismo al Club Leteo, que preside Rafa Saravia, quien decidió otorgarle este año el premio, como en anteriores ediciones ocurriera con Vila-Matas, Paul Auster, Fernando Arrabal o el autor de Las partículas elementales, el Houellebecq terrible de las letras francesas. 
Una revelación, la poesía de Ivo. Un modelo a seguir. Una verdadera fuente o río de inspiración, sobre la/el que volveré una y otra vez. Un bombazo lírico que me late definitivo, esencial: "Mi patria no es la lengua portuguesa/Ninguna lengua es una patria", tal como quisiera Rilke. La lengua materna/paterna es acaso manantial de pensamiento a través del que uno reflexiona, se expresa. Mas para Ivo su patria es su tierra, sus ancestros, su paisaje-memoria, sus sentimientos y emociones hacia el espacio que lo vio nacer. Qué lindo
Leídos algunos poemas por el propio autor, como Mi patria, y después recitados por el trovador berciano de la Villa resultan conmovedores. 
He aquí el Cavalo Morto de Ivo y el Cavalo Morto de su discípulo aventajado Mestre, y ese esclarecedor poema Mi patria. Que los disfrutéis. 


CAVALO MORTO (LÊDO IVO)

En Cavalo Morto las muchachas acostumbran a salir de paseo con los soldados. Y luego a quererse. Sucede entonces algo inverosímil: después de hacer el amor, bordan en las nubes, con un alfabeto azul y blanco, el nombre de los enamorados: José, Antônio, Manuel, Joâo.

Las muchachas vuelven más jóvenes de esos amores entre la maleza. Regresan intrépidas, excitadas por el filtro de la luna. Y para ellas no hay ya exigencias, cobardías, acontecimientos. Sólo existen los soldados del batallón.

En agosto, enero, igual en septiembre, las muchachas aman en Cavalo Morto. Pasan abrazadas a sus enamorados y dejan en la arena del camino algo como un rastro de espuma o velo. Los soldados no saben hacer sonetos, ¡pero cómo aman!
De noche, Cavalo Morto nunca está despoblado. Y si pasas un día por allí y oyes voces, risas y gemidos de amor, no te asustes por miedo a los fantasmas. Son las muchachas amándose con los soldados en Cavalo Morto.




Cavalo Morto (Mestre)

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Un poema de Lèdo Ivo es una luciérnaga que busca una moneda perdida. Cada moneda perdida es una golondrina de espaldas posada sobre la luz de un pararrayos. Dentro de un pararrayos hay un bullicio de abejas prehistóricas alrededor de una sandía. En Cavalo Morto las sandías son mujeres semidormidas que tienen en medio del corazón el ruido de un manojo de llaves.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Lèdo Ivo es un hombre viejo que vive en Brasil y sale en las antologías con cara de loco. En Cavalo Morto los locos tienen alas de mosca y vuelven a guardar en su caja las cerillas quemadas como si fuesen palabras rozadas por el resplandor de otro mundo. Otro mundo es el fondo de un vaso, un lugar donde lo recto tiene forma de herradura y hay una sola tarde forrada con tela de gabardina.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo es un río que madruga para ir a fabricar el agua de las lágrimas, pequeñas mentiras de lluvia heridas por una púa de acacia. En Cavalo Morto los aviones atan con cintas de vapor el cielo como si las nubes fuesen un regalo de Navidad y los felices y los infelices suben directamente a los hipódromos eternos por la escalerilla del anillador de gaviotas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Un poema de Lèdo Ivo es el amante de un reloj de sol que abandona de puntillas los hostales de la mañana siguiente. La mañana siguiente es lo que iban a decirse aquellos que nunca llegaron a encontrarse, los que aún así se amaron y salen del brazo con la brisa del anochecer a celebrar el cumpleaños de los árboles y escriben partituras con el timbre de las bicicletas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
Lèdo Ivo es una escuela llena de pinzones y un timonel que canta en el platillo de leche. Lèdo Ivo es un enfermero que venda las olas y enciende con su beso las bombillas de los barcos. En Cavalo Morto todas las cosas perfectas pertenecen a otro, como pertenece la tuerca de las estrellas marinas al saqueador de las cabezas sonámbulas y el cartero de las rosas del domingo a la coronita de luz de las empleadas domésticas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.
En Cavalo Morto cuando muere un caballo se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere un evangelista se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere Lèdo Ivo llaman al sastre de las mariposas para que lo resucite. Háganme caso, los recuerdos hermosos son fugaces como las ardillas, cada amor que termina es un cementerio de abrazos y Cavalo Morto es un lugar que no existe.

MI PATRIA


Mi patria no es la lengua portuguesa.
Ninguna lengua es una patria.
Mi patria es la tierra tierna y untuosa donde nací
y el viento que sopla en Maceió.
Son los cangrejos que corren en el lodo de los manglares
y el océano cuyas olas continúan mojando mis pies cuando sueño.
Mi patria son los murciélagos colgados de la techumbre de las iglesias carcomidas,
los locos que danzan al atardecer en el hospicio junto al mar,
y el cielo encorvado por las constelaciones.
Mi patria son las bocinas de los navíos
y el faro en lo alto de la colina.
Mi patria es la mano del mendigo en la mañana radiante.
Son los astilleros podridos
y los cementerios marinos donde mis ancestros tuberculosos y palúdicos no paran de toser y temblar en las noches frías
y la fragancia del azúcar en los almacenes portuarios
y las tencas que se debaten en las redes de los pescadores
y las ristras de cebolla enroscadas en la tiniebla
y la lluvia que cae sobre los corrales de peces.
La lengua de que me valgo no es ni nunca ha sido mi patria.
Ninguna lengua engañosa es una patria.
Tan sólo sirve para que celebre mi gran y pobre patria muda,
mi patria disentérica y desdentada, sin gramática y sin diccionario,
mi patria sin lengua y sin palabras.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Robés, el fotógrafo universal de Villafranca del Bierzo

Recuerdo aquel día espléndido en la matria de Gil y Carrasco, aquel día en la villa-franca cual si fuera un peregrino  que se acercara por primera vez a la misma, con ojos de asombro y alma de viajero. Allí me topé por pura casualidad -el azar juega un lugar casi esencial en nuestras vidas- con el fotógrafo Robés, que se mostró hospitalario y hasta se me ofreció como cicerone. En una próxima ocasión, querido amigo. 


Os invito a daros un paseo por su web: http://www.robesfotografo.com/


Desde que descubriera su trabajo fotográfico sobre "La tumba de Keats", me he quedado prendado de sus imágenes. La imagen, qué importante, en la época actual, sobre todo si es captada con la mirada de un niño (niña) que viera el mundo por vez primera, como si lo reinventara y nos lo devolviera, a nosotros, humanos, demasiado humanos, impregnado de vida, de ternura, de pasión. De modo que podamos saborearlo, tocarlo y hasta olerlo. "La madurez -decía Nietzsche- significa haber recuperado aquella seriedad que de niños teníamos al jugar". 


El tándem Robés-Mestre (Mestre-Robés) es perfecto en su aproximación al cementerio Accatolico (protestante) de Roma, donde está enterrado el poeta Keats (aquí yace uno/cuyo nombre estaba escrito en agua, 24 de febrero de 1821), aparte de otros ilustres e ilustrados como su amigo Severn, Gramsci, Percy B. Shelley... Ambos tuvieron la ocasión, magnífica, de vivir durante una temporada en la Ciudad Eterna, una de las más hermosas del mundo. Mestre creó/construyó una extraordinaria poética en torno a la tumba de Keats (y Roma al completo) y Robés siguió el rastro con su cámara. 


Foto: Robés
Ahora Robés nos muestra unas imágenes cargadas, algunas, de sensualidad y belleza decadente sobre esa ciudad  sabrosona que es La Habana (tal vez la mejor del mundo, según mi estimado Mario Gaviria, que me invitó a adentrarme en los entresijos de esta capital controvertida). Encadenada en lo político y explosiva en lo humano. El rostro de La Habana es lo que fotografía Robés, quien dice: "intento colocarme en esa línea peligrosa de las luces contrastadas, por donde anidan los sentimientos, entre la piel de la persona y su camisa... cuando se da esa desnudez es el instante que hay que fotografiar, es el esquivo 'momento de la verdad'". Este trabajo, concluye el artista, se puede resumir en una sola palabra, Vida. Definitivo.




Foto de foto: Cuenya
Confieso mi devoción por La Habana... la ciudad añorada por Zoé Valdés, la morada de Pedro Juan Gutiérrez (que después de su estancia en Suecia, prefirió regresar a su tierra), el escenario de Buena Vista Social Club, el Paradiso de Lezama Lima (Lamama Mima), el espacio/no espacio para el infante difunto Cabrera, el tiempo soñado de una época esplendorosa. Ahora Robés me ha ayudado a rememorarla con sus fotografías en blanco y negro, con ese toque neorrealista y esa su mirada entrañable y acariciadora hacia sus gentes, sus "almendrones", su Malecón, sus casas y sus calles. 


La muestra puede verse en el Museo del Bierzo de Ponferrada hasta mediados de enero de 2012. Y la visita es gratuita. Un lujo. 

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Mujeres Invisibles


Las artistas Mar Sáez e Idoia Arbillaga presentan un avance de su proyecto de foto-poesía. Bajo el título de Mujeres invisibles pretenden abordar los abusos que todavía sufre la mujer en el siglo XXI. 

Lo podréis ver el próximo jueves 24, a las 19h, en el Centro Párraga de Murcia. 

Aquí os dejo esta sugerente foto, de Mar Sáez, y el evocador poema en prosa de mi amiga Idoia, La mujer invisible. 
http://diariosi.com/murcia/el-centro-prraga-presenta-el-jueves-el-proyecto-mujeres-invisibles

                              Foto: Mar Sáez

La mujer invisible 
Con jirones de tu luz has encendido el día. Aunque no podamos verte, tras cada amanecer eres tú quien retira los grillos azules, cubres las vigilias con senderos incorruptos, labrados de infinito y de sueños sin renuncia. Aunque no queramos verte, sigues tiñendo de rojo las manzanas, de verde los iris infantiles, de naranja el aire lumínico de la tarde. Y no te vemos a ti, pero sí olemos el óxido en tus espuelas, tan marchitas; sí escuchamos el arrastrar de ese engranaje férreo, que tus pies sostienen; sí sabemos de ti por tu sombra, exangüe y persistente. Sí sabemos de ti, hembra sostenedora, mujer invisible que acunas los días.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Muñecas rotas en León

Blanca en la expo

Muñecas rotas es el título de una exposición de fotos de la artista bembibrense Blanca Porro, que ahora puede verse en León, hasta finales de este mes. No os la perdáis. 





Esta misma exposición la vimos hace un tiempo en la Casa de las Culturas de la capital del Bierzo Alto, gracias al apoyo e impulso de la Concejalía de Bienestar Social de esa época. Por fortuna, ahora está teniendo gran proyección, porque es de una excelente calidad, a tenor de lo visto en la inauguración el pasado miércoles en la capital provincial, que fue todo un éxito de público, interesado realmente en la misma


La propia autora nos hizo un recorrido por la expo, explicándonos cómo le surgió la idea, por qué estas fotos de muñecas rotas, cómo logró hacer algunas fotos, verdaderamente impresionantes, cuál es el sentido de todo esto: concienciar a la población de la violencia bestial que se ejerce sobre las mujeres, porque cada día que pasa aumenta considerablemente el número de víctimas por violencia de género. 



El espectador recibe un choque emocional que le obliga a indagar no sólo en su consciente sino en los bajos fondos de su cerebro, sobre todo cuando uno contempla a esa muñeca sumergida, ahogada, en el acuario. Poderosa imagen, que sobrecoge por su composición y su contenido. Algo parecido ocurre cuando uno se detiene ante una muñeca atada a un árbol, que nos devuelve a aquella secuencia de Belle de Jour, en la que vemos a Catherine Deneuve amarrada a un árbol, mientras la flagelan y le arrojan como excrementos al rostro, lo que nos lleva inevitablemente a esa otra imagen de la exposición, en la que vemos el rostro putrefaccionado de una muñeca, o esa otra foto de una muñeca asomada a un cementerio, incluso esa que parece "hamacarse" en una tela de araña, aunque en verdad esté atrapada. Blanca nos muestra el fascinante y a la vez macabro mundo de unas muñecas-mujeres-objeto maltratadas por la vida. Fotografías cuidadas, que en ningún caso rayan ni se recrean en lo obsceno sino que sugieren y emocionan, incluso conmocionan, como debe ser el arte. Y en este sentido Blanca se nos revela como una gran artista. 


Las fotos están acompañadas por textos, justos y medidos, y aun poéticos, que subrayan las emociones, aunque las imágenes hablen y tengan por sí mismas la fuerza suficiente para llegarnos a los entresijos del alma. 




Enhorabuena, querida y admirada Blanca, por tu espléndido trabajo artístico.

jueves, 17 de noviembre de 2011

A Venancio, el de Josetón y Rosalía

Me siento conmovido por el fallecimiento de Venancio, vecino del útero de Gistredo. Qué pena. Pobre hombre. Seguiré recordando su estampa asomado a la puerta de casa, con el pitillo encenizado en la comisura de los labios y las manos en los bolsillos. "¿Qué tal, Venancio?". "Ya ves, aquí".  

La muerte de un ser conocido siempre trastoca, y la suya me ayuda a reflexionar, una vez más, sobre la condición humana, cada día más salvaje, a tenor de lo que vemos y oímos. Sí, cada día estoy más convencido de la fragilidad humana, basta un mal acelerón, un despiste, para que la vida se te corte de cuajo. 

Morir siempre es una putada, aunque sea ley de vida, dice el saber popular y el sentido común, que por lo demás se revela en ocasiones como un sin sentido, porque la vida es un un absurdo, incluso kafkiano (un día te levantas convertido en insecto/con cáncer o bien te dicen que tu libertad se ha acabado...), al que los humanos intentamos darle una coherencia, una lógica, quebrada, tantas veces. La vida, como mucho, es deseo, Eros disparando flechas a las entrañas. Eros enroscado a Tánatos. Deseo que en ocasiones puede llegar a engendrar belleza y amor (las únicas protestas y apuestas que merecen la pena en este mundo infame). En el fondo, nunca estamos preparados para afrontar la muerte, al menos la de otros, sobre todo de aquellos por quienes sentimos algo. Y hoy, más que nunca, me pongo de parte de los débiles, los frágiles, los desharrapados, acaso los vagabundos. No es que Venancio, el hijo de Josetón y Rosalía, fuera un "vagamundo, ínana, yo ver mundo", pero el vecindario, en su mayor parte, lo tenía por tal... que así. 

Se me ponen los pelos de punta al recordarlo, me dice mi amiga, y "fíjate que ha sido muy poco el tiempo que lo conocí pero me resultaba especialmente cercano. Lejos de aborrecer su estilo de vida se me apareció accesible, frágil y humano.... Me duele, qué cosas". Duele, cómo no, la muerte por accidente de alguien que parecía predestinado, y con las estrellas de culo. 


Hijo único, solitario, falto a buen seguro de afectos y amistades, introvertido, taciturno, Venancio, el de Josetón (que murió con más de noventa años) y de Rosalía (que murió a punto de cumplir el siglo) se vino abajo definitivamente cuando cayeron sus padres, sobre todo su madre. 


Conviene rememorar que sus padres trabajaron duro en el campo, y vivieron, todo sea dicho, en condiciones más que precarias. 


La muerte de los padres debe ser durísima (no quiero ni imaginármela), sobre todo cuando uno no tiene donde refugiarse (en lo tocante a afectos), cuando uno está solo en el mundo. Bueno, en realidad todos lo estamos, porque nadie puede vivir la vida de otro, ni tampoco puede morir la muerte de otro (valgan las redundancias). Cada cual debe defenderse con uñas y dientes en la jungla. Puro existencialismo. Nomás. Ni menos.

Venancio llegó a estudiar magisterio en la ciudad de León (paraba en una pensión situada en la Plaza Mayor, cuya propietaria era Tina, la de Álvaro Furil, una vecina de Noceda), aunque nunca lo ejerció, o sólo de pasada, y a partir de ahí su vida se vino a menos hasta llegar a un semi-abandono rayando casi en la "indigencia" y la marginación social, a pesar de que el padre estaba seguro, antes de morirse, de que su hijo no pasaría necesidades porque le dejaría un buen capital en tierras y fincas varias, aparte de un sustancioso dinero en el banco. "Tengo el desván lleno de billetes", solía decir con gracia Josetón. Pues qué aproveche. El dinero, esa maldición que nos prostituye, porque quien más, quien menos, tiene un precio. Todo lo manda la guita, asquerosa, el significante que pudre cualquier significado. 

Con 61 años Venancio dejó su vida en la carretera. Cuentan que iba circulando con su auto por la izquierda y se estrelló contra otro vecino nocedense, al que al parecer no le sucedió nada, por fortuna. 


He aquí este texto, que estaba reelaborando, cuando el amigo Travi me llamó para comunicarme la mala nueva.  


Este es el camino al cielo que trepa a algún paraíso perdido, tal vez al útero. Sobre las ruedas chirriantes de la emoción. Te plantas en la carretera, a velocidad de vértigo, cerca de las estrellas, que hablan del origen del universo y te aproximan a la luna. A su cara oculta y fluida. Al final de la noche, que se perfila gélida y huele a charca. 
Al fondo se abre un horizonte de fantasía, mientras escuchas los aullidos de los lobos. Vida afilada más allá de las dentelladas de la vida. Aventura. Riesgo. Urgencia por llegar al lugar y recorrer el tiempo de los anhelos, que se columpian en una alucinación recurrente. Visiones que confunden y despistan. Zumbidos. Borrosidad. Desenfoques.
Esa necesidad por atravesar el espacio, en busca de otra dimensión, estimula tu imaginación y mantiene tu deseo encendido. El tiempo apremia. Y el espacio se contrae. La rapidez por alcanzar la meta, aunque no se trate de una competición, juega malas pasadas. Siempre. La prisa mata y hasta retama, te susurra la voz de la sub-consciencia. Lo mejor sería que te detuvieras, insiste esta voz, que quizá sea otra. Las voces se mezclan y se retuercen en el vaivén, mas tú ya ha decidido experimentar el placer de sentir el mundo a través de la ruta recorrida. Siempre en el mismo sentido porque no eres consciente del peligro. O sí. Pero la inercia te conduce por la senda de la perdición. Intentas mirar al frente. Concentrado. En la medida de tus posibilidades. Sin pestañear y sin desviarte de la vía trazada que se colorea con furia. En ocasiones la vida pende de un hilo. Es suficiente un despiste. Un resbalón. Y todo se puede venir abajo. En menos de un segundo se llegan a quebrar las ilusiones, la esperanza puesta en un porvenir, que se hace añicos. El miedo acecha tras la espiral verdirroja, que en ocasiones te devuelve al espacio primigenio, al principio, del que acaso no debiste salir. Pero te acaba empujando al final sombrío de los subsuelos.
Sigues los destellos luminosos a la vez que te adentras en un sueño vaporoso y curvado. El ruido te martillea con fuerza. No hay posible vuelta atrás aunque te agarres con uñas y dientes al tiempo que (ya) ha decidido romperse.
De repente se congela la belleza.




jueves, 10 de noviembre de 2011

Kroke (Kraków o Cracovia)


Los chicos de Kroke, ataviados con sus camisas blancas y sus característicos sombreros, volvieron a darnos un vuelco al corazón, o al alma, con sus sonidos. Una música en verdad hipnótica, con un Kukurba soberbio, que se comió el escenario él solito, como los grandes... actores, capaces de hablar con lo profundo de su voz, como también saben hacer los grandes instrumentistas, gracias a su dominio del violín, al que hace hablar, acaso yiddish, y con su voz poderosa, capaz de llevarnos a las estrellas, para que en definitiva comulguemos con el universo en expansión. Qué cosas digo, santo dios, parece que talmente me hubiera entrado el misticismo en el cuerpo o quizá me hubiera reencarnado en judío. Confieso (sigo religado a alguna divinidad) que me emocionó este concierto. Más incluso que otros suyos, porque este trío de rapaces polacos improvisan, juegan con la música, para devolvernos algo sagrado. Definitivos. Que la paz sea con vosotros, Shalom o Salaam, tal como me  sugiere que os grite José Luis Moreno-Ruiz. 



Permitidme que os deje este texto, que escribiera Ramón Trecet (en tiempos artífice del programa musical Diálogos 3, en Radio 3) a propósito de Kroke:



Kukurba
Es demoledor, en esta época de música de plástico, músicos huecos y periodistas que se quedan cerca de cajeros automáticos porque han visto que hay una cámara, KROKE sale al escenario en cualquier parte de Europa y ofrece una sublime mezcla de creatividad, arte, artesanía y carisma escénico. Es tan demoledor que cuando empiezan a tocar te ves aplastado contra la pared como si fueses un sello y ahí permaneces dos horas, sello aplastado contra la pared de nuestras limitaciones a la hora de asimilar el caudal de creatividad. Y te dices “no es posible”, mientras sientes que esta siendo. Y te vuelves a decir “ya no quedaba de esto”, mientras los polacos despliegan ante ti el cóctel que los hace grandes, creativos, sencillos como E=Mc2, mientras Stanley, que eres tu, encuentra al perdido Livingston, que es la música.
La gran reserva de creatividad europea se ha desplazado hacia el este, Hungría, Polonia, Macedonia, Rumania, Grecia, Turquía. Un violinista, para ser bueno, tiene que competir con 20.000 otros violinistas. No han perdido el fundamental concepto de que sin tocar como virtuosos lo demás no es posible. Y sobre esa plataforma elaboran todo lo demás. Cuando ese virtuosismo se pone al servicio de una energía creativa exuberante, surgen grupos como Kroke.  Ritmos que son pulsaciones, guiños a una cierta manera de entender la improvisación, líneas melódicas que harían llorar de emoción a Goya y a Beethoven, por poner ejemplos de genio malhumorado… Pero conquistado. Utilizando con economía ejemplar la tecnología mas avanzada, estos cuatro músicos de Cracovia ocupan el escenario como si fuesen doce o catorce. Si explotan rítmicamente, te darás cuenta cuando empiecen a dolerte las manos (“¿Estaba aplaudiendo?”) y si deciden “cantar”, recordarás el estremecimiento que te producía escuchar  los vinilos de Pink Floyd de tu hermano mayor. Seria muy increíble lo que estoy contando… Si no fuese porque aun hay más. Kroke es un grupo en el que hay un músico que escapa a cualquier calificativo. Habrá que inventarse nuevos adjetivos para hablar de Tomasz Kukurba. Tiene firmado un pacto con los dioses. Cuando empieza a tocar, su cuerpo parece una marioneta de guiñol, agitado por una posesión que obligatoriamente le hace moverse espásticamente. Parece decirte “fijaos como me esta destrozando la música y que entero acabo”. Kukurba es un rayo láser que inmediatamente  toma posesión del escenario y establece contacto con tu yo mas intimo. Te puede “matar” de diez formas distintas, depende de la noche, porque claro, hay que decirlo sencillamente, sin levantar la voz, sin alterarse mucho. Nunca repiten el mismo concierto. Nunca.
Yo les he visto ocho veces y cada uno era el primero. Y el siguiente, el primero. Que disfrutéis, pero ya os anticipo que vais a tener un problema: Vais a empezar a buscar como locos donde les podéis ver otra vez.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Kroke en el Bergidum ponferradino



El próximo miércoles 9 de noviembre vuelven los chicos de Kroke al Bergidum ponferradino. Un concierto que, a buen seguro, nos elevará por encima del bien y del mal. No os los perdáis. Os dejo aquí este texto sobre lo que escribiera a propósito de ellos, tanto en este diario de bitácora, como en bembibredigital o el propio Diario de León.

Ayer 6 de mayo de 2010, en el Bergidum de Ponferrada, al escuchar los ritmos zíngaros y klezmer de 17 hippies, grupo excepcional, me acordé de otra banda magnífica, que en su día también pasó por el teatro de la capital del Bierzo. Y esto es lo que escribí (con algunas pequeñas modificaciones y añadidos), hace ya algún tiempo, a propósito de Kroke.



Es la segunda vez (en realidad, y a día de hoy, la tercera) que escucho a Kroke en concierto, y espero que no sea la última, porque este grupo polaco resulta hipnótico en escena, y sus conciertos provocan espasmos corporales y espirituales. Su música, una mezcla de jazz, ritmos turcos, música zíngara y la klezmer como base de sus composiciones, nos hace entrar en trance cual si fuéramos derviches que giráramos como peonzas.


Hace tiempo que la música del Este nos tiene cautivados, quizá porque los artistas del Este tienen esa magia y ese poderío que tanto echamos en falta en nuestro Occidente consumista, blandengue y débil de pensamiento, tal como pronosticara Spengler en La decadencia de Occidente.


La Europa del Este acabará arrasándonos desde el punto de vista artístico. Ya nos está arrasando. Descubrí o redescubrí a este grupo en mi primer viaje a Cracovia. Y luego lo vi en concierto en la mítica Sala Galilelo Galilei de Madrid.


Cuando escribí un artículo a propósito de su actuación en la capital de España, dejé caer que en su próxima gira podrían acercarse al Bierzo, y a ser posible amenizaran una boda. Lo dije como algo que perteneciera al sueño, pero la voz fue escuchada, cómo no por el gurú de la cultura berciana, el amigo y director del teatro Bergidum, Miguel Varela. Lo voz y la palabra fueron escuchadas y leídas, aunque el gran Crémer dijera a menudo que en nuestro país nadie lee, algo que es cierto, sin embargo a veces cae el azar en forma de lotería cuando uno menos se lo espera. Y nuestra lotería fue la visita de este grupo. Así quedamos hermanados bercianos y polacos en ese festín sublime que es la música, y en concreto la que tocan estos virtuosos de Cracovia.


Por lo demás, es Cracovia una ciudad singular y hermosa, que logra fascinar al visitante no sólo por sus bellezas monumentales, que las tiene en abundancia, sino por sus gentes, y en especial esas rapazonas cuya afectividad causa estragos en noches blancas de agosto al calor y sabor de los bares que se hallan en Rynek Glówny, centro de la ciudad, y en concreto en el Teatr 38 Klub, garito que me colmó de placer un verano, en mi segundo viaje a esta ciudad.


Este segundo viaje coincidió con un concierto de Kroke, pero aquel día se me ocurrió confrontarme con el horror de Auschwitz, y se me pasó. Qué pena, tanto el campo de concentración, como no escuchar a Kroke en concierto. También es Cracovia o Kraków la ciudad de las artes escénicas. Y aunque hace años que el mago teatral Kantor nos abandonó, sigue en pie su Cricoteka, en el número 5 de la Kanonicza.


Por fortuna, Tomasz Kukurba, que es otro mago de escena, además del espíritu de Kroke, nos ha hecho vibrar con su música, capaz como es de mantener el tipo aunque se le rompa una cuerda del violín durante el concierto. Magistral. “Y encima son cómicos”, se atrevió a decir una señora durante el concierto. Sí, y encima son divertidos, como se mostraron también hace algún tiempo en el mítico Festival de Ortigueira (la tercera vez que tuve el placer de sentir sus vibraciones).


Lo cierto es que los berlineses 17 Hippies me hicieron recordar a los Kroke, incluso tocaron algo que también forma parte del repertorio musical del grupo polaco de Cracovia.









jueves, 3 de noviembre de 2011

Culto a los muertitos en México

 http://www.diariodeleon.es/noticias/revista/culto-a-los-muertitos_647652.html

Culto a los muertitos

En un país que rezuma tristeza, donde los saqueos, la muerte y el miedo son una constante, cualquier pretexto es bueno para montar una fiesta


Hago un alto en el camino, cual peregrino, antes de emprender rumbo a Rabat, para acercarme, aunque sea nomás un tantito, al cosmos mexica, al ombligo de la luna, a su cara oculta y fluida en maguey o nopalito, a ritmo de quebradita o danzón, acaso canalla, en la cantina de enfrente, en la tuya o en la mía, en busca de ese mundo colorido y estremecedor que rinde culto a sus muertitos en días tan señalados. 


Vida y muerte son lesbianas que copulan con ardor sobre la tumba en un gesto o canto lautréamoniano. ¿Quién se acuerda, a estas alturas del partido o partida, de los aullidos del conde? 


"La vida sólo se justifica y trasciende cuando se realiza en la muerte", escribe Octavio Paz en ese libro-biblia de cabecera que es El laberinto de la soledad. 


En México lindo y querido, también chingado, vida y muerte se rozan constantemente, acaso porque la vida no vale nada, según reza una canción popular. "Lo más que me puede ocurre es que me peguen un tiro", me dijo un güey nada más aterrizar en la ciudad tal vez más grande del mundo, construida sobre una cuenca lacustre que tanto impresionó en su día a los españoles-conquistadores, según relata el cronista de indias de la época, a saber, Bernal Díaz del Castillo en su Historia Verdadera de la conquista de la Nueva España, con una avenida, Insurgentes, que supera los 40 kilómetros. Desde el avión, la ciudad se aparece cuasi interminable. Y el aeropuerto, Benito Juárez, está engullido por el monstruo urbano. Ciudad de México supera ya los 25 millones, que se dice pronto, con una extensión inferior a la del Bierzo. Cada día se está poniendo más cabrona la capital azteca. Cómo para quejarnos los bercianitos, que vivimos como maharajás en el paraíso olvidado y perdido de las decepciones, sin AVE y sin mayores perspectivas laborales, luego de que las minas y todo lo que esto conlleva se esté yendo al garete, bueno, ya se está finiquitando. Pero en el Bierzo, al menos, contamos con aguas puras y cristalinas, cada día menos, es cierto, mas nadamos en fuentes curativas -véase el útero de Noceda- y en agua, ese bien preciado, que tan escaso y contaminado está en megalópolis como México, DF, donde no conviene tomar agua de la "llave", esto es, el grifo. 


Lo que más le puede impresionar a un europeo relamido y fresa o pijolondio, para quien la muerte está lejos, es ver cómo los mexicanos coquetean con la pelona, le hacen carantoñas, la miman, la soban, y hasta se ríen de ella a mandíbula batiente, aunque tras su visaje chingón se oculte un profundo dramatismo. En esencia, México es un país que rezuma tristeza por los poros de su intra-ánima. Y cualquier pretexto (invento de algún pendejo) es bueno para montar farra que, bajo el disfraz de viva la chingada, suele acabar como el rosario de la Aurora: guamazos, balaceras, hostiazos. Alguna me tocó de cerca. Y a algún que otro amigo/conocido le dieron matarile, como al doc Zarate (quien me hablara del mal de altura y la contaminación de esta ciudad de ciudades), tal vez por ponerle cuernitos a su santa, que se reveló despechada. "Una mujer despechada, maestro -me dijo la directora del colegio Acozac- puede hacer cualquier cosa". Como para ponérsele a uno los pelos parados y los huevines de corbatín. Ponerse la corbata, en México, equivale a suicidarse. Pero este es otro cantar. "No me cotorrees, cabrón, que te rompo tu madre". El doctor Zarate, al que recuerdo con cariño y cuya muerte me sobrecogió, me llegó a contar que alguien que vive en el DF durante unos sesenta años, sin salir del mismo durante ese tiempo, acaba teniendo los pulmones como un minero silicótico. Y la altura de la ciudad, más de 2000 metros sobre el nivel del mar, requiere de algunos días para aclimatarse a ella, tras los cuales uno comienza a desarrollar una gran capacidad pulmonar, con el consiguiente aumento de los glóbulos rojos. Lo malo es la contaminación, que sobre todo en determinados meses de sequía se queda como una gran sábana grisácea sobre el cielo de la capital. Desde la basílica de Guadalupe se puede ver, por ejemplo, el esmog cual numen amenazador. 


Qué curioso que un país como éste, tan triste -se plantea Octavio Paz-, tenga tantas y tan alegres fiestas. Algo parecido ocurre con la llamada madre patria, España, país tragicómico, tamborreante y samanasantino, donde cualquier pretexto es bueno para darle al dance y al friegue. 


Aún conservo una calaverita de azúcar con mi nombre, y cada vez que la veo, me hace recordar mi estancia en este país a prueba de todo, incluso a prueba y reprueba de la bola de pendejos y rateros de guante blanco que han saqueado el país, desde tiempos inmemoriales. Tan lejos de dios y tan cerca de Gringolandia. Qué pena, cabrón. Ahí queda como gran estafador, por ejemplo, Salinas de Gortari, quien estuviera al mando de los Estados Unidos Mexicanos en la época en que yo viera allá, cerca de la Santa, como le dicen en el popular barrio de Tepito del DF, próximo a la jaranera y acalorada plaza Garibaldi (Distrito defequense, ay, federal, en que estaría pensando uno). 


El visionado reciente de un documental sobre el culto a la muerte en Tepito, bien conocido por su espectacular mercado o tianguis y donde viviera por ejemplo Cantinflas, me ha hecho rememorar tantas cosas, que necesito darles vuelo y rueca. Sí, la muerte siempre está acechando y rondando, aquí y allá, mas en México se siente cerca, y tarda uno tiempo en habituarse a convivir con la misma. En realidad, se necesita haber nacido allá para integrarla como hacen ellos y ellas, que no parecen tenerle miedo, y montan unos cirios del copón bendito en llegando estas fechas novembrinas. Resulta frecuente, por lo demás, ver los ataúdes expuestos en las aceras de las tiendas que los venden. Algo que sobrecoge al españolito poco o nada habituado a este show. Aunque cabe recordar -no nos hagamos los guajes ni los mensos- que hasta hace bien poco se velaban a los muertos en casa, y aun en la cocina, caldeada a toda madre, si el tiempo helado lo permitía. Acaso para que el muerto o la muerta que seremos no se resfriara. No fuera a ser que nos acabara soltando sus mocos. Y nos estropeara la velada, perdón, el velorio. Qué tiempos aquellos hechos de estrechez y miras medievales. 


Desde hace algunos años, no muchos, la Unesco decidió declarar esta festividad de Todos los Santos y los difuntos en México como Patrimonio oral Inmaterial de la Humanidad, algo así como la Jemaâ-el-Fna de Marrakech (que no me abandona ni a sol ni a sombra).


Impresiona el sarao/velorio que se monta en la población de Mixquic, en Tlahuac, al sureste del Distrito Federal, que atrae tanto a propios como extraños en busca de exotismo. No os lo perdáis si viajáis a este país en estas fechas. Y, como documentos, merece la pena leerse Bajo el volcán, de Lowry, y ver la película de John Huston, basada en esta obra.