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martes, 17 de octubre de 2017

La fragua literaria leonesa: Armando Murias Ibias

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LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

Armando Murias: "Haber tenido varias experiencias laborales da una visión más completa del mundo, y también de la escritura"

Manuel Cuenya | 17/10/2017 - 13:55h.

El narrador, investigador y profesor Armando Murias Ibias, autor de 'Nómadas', entre otros libros, dirige en la actualidad la revista 'Literarias', perteneciente a la Asociación de Escritores de Asturias. Y mantiene en activo blog cuyo título es 'El gamusino (Literatura y Natura)'.

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Armando Murias Ibias
Lacianiego de Caboalles y con alma asturleonesa, Armando Murias Ibias es narrador, doctor en Filología Hispánica, investigador y profesor.
Cuenta que su lugar de nacimiento era un sitio remoto, que quedaba aislado en invierno por las nevadas. Ni siquiera tenía ni biblioteca ni librería, con lo cual la transmisión oral era muy importante. Y fue en ese mundo arcaico, ese universo de leyendas y cuentos al amor del fuego de los 'calechos', donde se forjó su pasión por las palabras, por las palabras escritas. Esa literatura, donde se mezcla la realidad imaginaria y la vivida, esa literatura surgida al calor de las palabras, es, en su opinión, la que más le gusta y la que trata de transmitir.
En este sentido, León –tierra de 'calechos' y 'filandones'- es, a su juicio, la provincia con más densidad de escritores de enorme valía. "Todos tienen un fuerte arraigo con su tierra, a pesar de que casi todos residen en otras tierras (Luis Mateo Díez, JP Aparicio, JM Merino, Pablo Andrés Escapa, Raúl Guerra Garrido, Julio Llamazares, Roberto González Quevedo, Andrés Trapiello, Antonio Colinas, JC Mestre, etc.). Creo que hay un rasgo común a todos ellos, todos escriben sobre una tierra (leonesa o no) que sienten como depositaria de la memoria". La memoria como fuente literaria de primera magnitud.
Respecto a los lazos entre Laciana y su vecina Asturias (mapas afectivos en los que se mueve Armando) siempre han sido familiares. Y, a lo largo del siglo XX, "la minería en Laciana fue incrementando su importancia", recuerda él, de tal modo que esta comarca leonesa necesitaba abundante mano de obra foránea, "porque los lacianiegos se negaron a proletarizarse en las minas", matiza el coautor de 'Mina de palabras', volumen en el que también participa, con dos poemas, el Premio Cervantes Antonio Gamoneda.
"Llegaron gentes, entre ellos mis padres, venidos de los concejos aledaños, sobre todo de los asturianos, por lo que en los años setenta los emigrantes asturianos son la mayoría. Por tanto, la relación es muy estrecha. Más tarde llegaron otras oleadas migratorias, portugueses y caboverdianos, que también dejaron su marca en el valle".
"Luis Mateo Díez, JP Aparicio, JM Merino, Pablo Andrés Escapa, Raúl Guerra Garrido, Julio Llamazares, Roberto González Quevedo, Andrés Trapiello, Antonio Colinas, JC Mestre, etc. tienen un fuerte arraigo con su tierra, a pesar de que casi todos residen en otras tierras. Creo que hay un rasgo común a todos ellos, todos escriben sobre una tierra (leonesa o no) que sienten como depositaria de la memoria".
En lo referente a la minería, cree que ha sido una actividad muy breve, porque en la actualidad, en todas las cuencas mineras, ha venido el vacío, el abandono, la soledad. "De momento todavía están las jubilaciones sujetando el entramado social, pero el mañana no lo veo nada halagüeño", muestra con realismo este autor, que, entre sus variados trabajos a lo largo de la vida, cabe resaltar que llegó a ser minero, 'rampleru', un trabajo que le ha dejado una profunda huella, el que más, de todos los que ha ejercido, según él, tanto es así que hizo su tesis doctoral sobre la minería y escribió 'Nómadas', un volumen de carácter autobiográfico, en gran medida, cuyos personajes principales son un universitario (acaso su álter ego) y un inmigrante caboverdiano. "una historia minera que se aparta del canon marcado por 'Germinal' (huelgas, represión, accidentes, muertes, hambre, etc.)".
Una vida aventurera como preámbulo para la creación literaria
Aparte de minero fue comercial, mecánico, camarero, marino, lector de español en Viena, incluso monaguillo. Una vida apasionante, aventurera, lo que sin duda ha estimulado su labor de creación porque "haber tenido varias experiencias laborales da una visión más completa del mundo –apostilla-, y también de la escritura porque no cabe duda de que se puede hablar con más exactitud de lo que se conoce que de lo ignorado".
Tal vez por eso, Armando es devoto de "tres tullidos geniales de la literatura española: Cervantes, Quevedo y Valle-Inclán", grandes escritores que "salieron de la torre de marfil de los artistas y se embarraron de realidad, conocieron de primera mano cómo es el mundo".
Una vida interesante no lo convierte a uno en creador per se pero sí sirve como nutriente para poder elaborar una obra, acaso más consistente, porque la realidad suele superar cualquier ficción.
Después de desempeñar estos diversos trabajos por el mundo adelante, en la actualidad ejerce como profesor de Literatura en el Instituto Alfonso II de Oviedo. Y está convencido de que la creación literaria en las aulas es muy importante "porque estimula las habilidades artísticas para sacar a la luz el genio que todos llevamos dentro. Además, fomenta claramente la lectura... Y la escritura creativa se fundamenta en la lectura".
No obstante, también es consciente de que a menudo la tarea de los profesores de Literatura consiste en transmitir la historia de la Literatura, sin adentrarse en la creación. "Prueba de esto es que en la Asociación de Escritores de Asturias sólo estamos dos profesores de Literatura, hay más médicos y abogados. La causa de esta deserción puede estar en el respeto reverencial con que nos hicieron ver los textos literarios, lo que los convierte en sagrados, intocables. De ahí que pocos profesores se atrevan con la creación", señala Armando, que estuvo de presidente de esta Asociación de Escritores de Asturias durante dos años.


lunes, 16 de octubre de 2017

Entre nacionalismos y fuegos

Entre nacionalismos y fuegos, estamos literalmente achicharrados. Tal pareciera que fuera a llegar el fin del mundo, al menos de esta Tierra, que, a este paso, acabará reventando, sin duda. Y nosotros con ella. Nosotros, o quienes aún permanezcan en pie, que hacen falta arrestos para permanecer en pie.
Una tragedia, la cantidad de fuegos que nos han metido en el cuerpo en un abrir y cerrar de ojos. Qué barbaridad. 
Hoy creía que Ponferrada nunca amanecería, cubierta como estaba por el humo, espesa como nunca la había visto en mi vida, ni cuando aquellas nieblas y neblinas que hacían temblar al misterio. Pues hoy ha sido aún peor. Un rostro apocalíptico, que nos hace estremecernos, de pena, tristeza. Un panorama que me ha hecho recordar el monstruoso atentado de las Torres Gemelas neoyorkinas, cuando se vinieron abajo después de los impactos sufridos. 
Realmente, se le caen a uno los ánimos al suelo. Y se desmorona el latir vital. 
¿Cuándo acabarán, de una vez, con la quema de la naturaleza, de nuestros bosques, de nuestro hábitat natural? ¿Cuándo? No saben que, cuando arde la naturaleza, nosotros ardemos con ella, se nos va la vida, nos quitan oxígeno, nos calcinan las ilusiones. 
Nuestro noroeste verde y hermoso, nuestro espacio afectivo, se torra por doquier. Dan ganas de llorar. Ojalá pudiéramos llorar como lluvia que apagara todos los fuegos. Llorar como un gran río que, con sus aguas, aplacara tan desatino incendiario. Ojalá pudiéramos llorar como una amplia y nutriente lluvia para poder sentir el mundo con ilusión. 
Y qué me decís de los nacionalismos, que nos vuelven ensimismados, egocéntricos, como si nos creyéramos diferentes al resto de nuestros semejantes, humanos, demasiado bestiales, en muchas ocasiones, a lo largo de una historia, que tiende a repetirse bajo las mismas barrabasadas. 
Hoy me siento cabizbajo, con ánimo abatido, con la sonrisa congelada. Y mañana, quién sabe. Seguiremos entre nacionalismos absurdos y fuegos matarifes, que nada bueno nos depararán. 
El mundo se ha vuelto loco. 

martes, 10 de octubre de 2017

La fragua literaria leonesa: José García Alonso

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LA FRAGUA LITERARIA LEONESA

José García Alonso: "Me gusta el trato con las palabras, es una relación tensa, que va de la angustia a la satisfacción y viceversa"

Manuel Cuenya | 10/10/2017 - 13:22h.

El poeta y prosista José García Alonso, autor de 'Formas de seguir abrazando', continúa trabajando en sus poemas e intentando rematar un libro de cuentos.

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"El ataúd de mi abuelo estaba en mitad de un pequeño saloncito. Aunque eran las doce, y el sol gritaba en la calle, la luz allí era escasa, mortecina, como si alguien hubiese querido adelantar el reloj en busca del crepúsculo para darle a la mañana la apariencia de la tarde que expira. Las ventanas estaban cerradas, semiocultas tras la transparencia de unos visillos festoneados y blancos, y olía a una mezcla de sudor y llanto y también a almendras y café. Una foto del abuelo miraba a la concurrencia desde los pies del ataúd y sonreía. Cuando entramos en la habitación sólo había mujeres y silencio. Mi abuela ocupaba un sillón tapizado de escay. Era de cuerpo rollizo y mofletuda y tenía unos ojos que parecían estar siempre escupiendo. Al mirarme sentí que me manchaba y me eché a temblar. Ya era hora, le dijo mi madre, y se agitó en el sillón. Las carnes de la cara se le movieron durante unos segundos como si hubiera relinchado. Mi madre puso su mano en mi cabeza y, con ademán cariñoso, me alborotó el pelo. Ve fuera, me ordenó.
Yo salí hasta la puerta de la casa, con la cabeza gacha, para encontrarme de bruces con el sol.
Lo miré fijamente un instante, porque me gustaba sentir la sensación de ceguera que provoca su visión directa, y la esperé allí, sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la pared de piedra, apuntando en mi libreta la palabra bayo, porque entonces tenía afición a buscar palabras en el diccionario Everest, y ya me duraba el gusanillo desde las últimas navidades"
(José García Alonso, 'Libro de familia (4)', incluido en su libro 'Formas de seguir abrazando')
Poeta y prosista, nacido en La Cabrera, José García Alonso se crió, como tantos hijos de la emigración de los años sesenta y setenta, según él, en Valladolid. Luego vivió durante algunos años en Extremadura y otros tantos en la cuenca minera de Laciana, en concreto en Villablino. Y ahora, desde hace apenas tres años, vive en Ponferrada, aunque reconoce que siempre ha estado, de una u otra manera, cerca del Bierzo, sobre todo por vínculos familiares y afectivos.
"Me gustan las ciudades pequeñas para vivir. Ponferrada es una pequeña ciudad, pero también lo es, por más que pueda ser varias veces más grande que Ponferrada, Valladolid; no encuentro demasiada diferencia entre una y otra, las hay, pero en el día a día no se notan demasiado. Hay un excelente poema, 'Ciudad de ceniza', del poeta Álvaro Valverde, que arranca con un precioso verso que dice 'Una ciudad es todas las ciudades'. Comulgo plenamente con ese verso, con ese poema, que creo recordar que está incluido en su libro, que recomiendo, 'Mecánica terrestre'", aclara José García Alonso, que ha recibido algunos premios literarios, aunque cree que  no han tenido ninguna trascendencia sobre lo que escribe. Y tampoco les da más importancia de la que tienen, "los míos muy poca... Pero en este oficio solitario, además de las opiniones y críticas de amigos y amigas que también se dedican a esto, a veces sientes la necesidad de que te midan la fiebre personas desconocidas. Los premios, en mi caso, han funcionado como pequeños termómetros".
De este modo se ha ido configurando su modo de ser y estar en el mundo, a través de su mirada poética. "A todos esos sitios les debo parte de lo que soy, me palpo en ellos, de todos tengo algo, todos son un poco parte de mí", afirma José, que siente un especial cariño por su tierra natal, Pombriego, porque para él es memoria, "que no de otra cosa estamos construidos", apostilla, esa memoria que siempre estuvo presente en la cocina de su casa, en las comidas familiares, "en las que tantas historias y vidas se han repasado y repetido. La memoria que uno rastrea para encontrarse con sus orígenes, con una geografía que se impone y marca lo que fuimos y lo que somos, una memoria llena de dignidad ante la injusticia, una memoria, en cierto sentido, de la pobreza", rememora el autor de 'Formas de seguir abrazando', su ópera prima, libro conformado por textos en prosa y en verso, aunque los textos en prosa, a su juicio, tengan también una carga poética importante, "de ahí que el libro se haya publicado en la colección de poesía de Alcancía", matiza, consciente de que, para este volumen, hizo una selección de lo que él consideraba firme, poemas y textos que surgieron en momentos y circunstancias diversas, "algunos muy alejados ya en el tiempo".
En todo caso, en este libro aparecen todos aquellos temas que siempre le han interesado, sobre los que siempre ha escrito, a saber, la memoria, el dolor y la pérdida, la dificultad que entraña crear. Todos ellos aunados por un nexo o decir común.